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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Aumento salarial: No me defiendas, compadre (05-01-2018)

El título de este Análisis evoca el de una célebre película del actor cómico mexicano Tin Tan (Germán Valdés) y tiene que ver con cierta actitud que se ha enraizado en el pueblo venezolano cada vez que se anuncia un aumento de salario y del bono de alimentación.

Lo que antes generaba alegría, ahora suele ser motivo de preocupación, dado el rápido efecto inflacionario que estos aumentos producen. Más sube el salario, menos capacidad adquisitiva tienen los ciudadanos de a pie.

Nadie que actúe con ecuanimidad puede poner en duda el inmenso esfuerzo que hacen el presidente Maduro y el Gobierno Bolivariano para tratar de compensar a los trabajadores por los estragos que en su calidad de vida hacen la agresión económica del imperialismo  y la burguesía, así como las profundas distorsiones de nuestro sistema económico. No se trata solo de los aumentos salariales. Apenas antier se ha anunciado un nuevo bono solidario, llamado “de Reyes”, por 500.000 bolívares, que beneficiará a millones de venezolanos. La Asamblea Nacional Constituyente ha aprobado el presupuesto nacional para el año 2018, que contempla más del 70% para la inversión social.

La obra social de la Revolución no se detiene, se sigue entregando viviendas, a pesar de las dificultades económicas del país y desarrollando programas solidarios en salud y educación, entonces ¿por qué el pueblo sigue reaccionando como el título de la película cuando suben los salarios? Simple: porque apenas se hace el anuncio, los precios suben en proporción mayor al aumento salarial anunciado, y se produce un efecto de serpiente que se muerde la cola, de círculo vicioso que hace que, en vez de mejorar, la situación del presupuesto familiar empeore, esa es la verdad verdadera.

La Asamblea Nacional Constituyente aprobó hace poco la Ley de los precios acordados, cuyo efecto hasta ahora es casi nulo. Están por aprobarse las leyes de los CLAP y de los Consejos Productivos de los Trabajadores (CPT). Ojalá que esto se traduzca pronto en resultados tangibles.

En fin, nosotros acabamos de constatar un aumento específico de precios que se nos antoja emblemático. Al día siguiente de haber anunciado el Presidente el aumento del 40% del salario, además de los bonos de alimentación, la Arepera Venezuela ubicada en el Ministerio de Comunicación e Información subió el precio de su almuerzo en una proporción del 350%. Los trabajadores estaban muy inconformes con esto, pero como no están organizados, no les queda otra que aceptarlo, no pueden enfrentar este abuso.

Por supuesto, no es nada fácil desenredar la madeja de la situación económica de Venezuela, un país sometido al bloqueo financiero imperialista y que además padece de una economía altamente dependiente de las importaciones y sometido a los efectos de la crisis mundial del capitalismo. Pero el problema es que se ha impuesto la peligrosa matriz de que la situación no tiene salida inmediata y tiende a empeorar. Nosotros andamos a pie por las calles, hablamos con mucha gente, nadie nos puede venir con cuentos: el descontento popular es otra cosa que aumenta, además de los salarios y los precios.

Muchos están confiados y se pavonean victoriosos porque hemos ganado todas las elecciones de 2017. Eso estuvo bien, pero tales resultados no pueden tomarse al pie de la letra como muestra de apoyo popular incondicional a la Revolución. En todos estos eventos comiciales solo votó por los candidatos revolucionarios no más del 30% del padrón electoral, es decir 3 de cada 7 venezolanos en edad de votar (40% en la elección de la Constituyente, pero recordemos que estas no fueron elecciones competitivas). Vencemos, pero no convencemos, somos aun muy vulnerables ante el ataque inclemente del imperialismo y la oligarquía.

La matriz altamente negativa sobre nuestra situación económica tiene varias razones. La más importante es que las dificultades existen y recientemente han empeorado. No solo se trata de los alimentos, pues no solo de pan vive el hombre. La inflación brutal alcanza todos los rubros que los venezolanos suelen consumir: las medicinas, la ropa, el calzado, el entretenimiento, los insumos para la educación, los artículos necesarios al mantenimiento de la estructura física del hogar, el transporte, el mantenimiento de vehículos, etcétera, etcétera.

Por otro lado, los ciudadanos no disciernen que haya un camino claro, creíble, realmente esperanzador para la superación de las dificultades. Muchos piensan que el Gobierno carece de la autoridad y la capacidad para transitar la tormenta. El asunto no es que  esto sea cierto o no, sino que es lo que la población percibe. Es decir, también hay un serio problema comunicacional, como si la comunicación de la Revolución (y no solo del Gobierno) anduviera por un  lado y el pueblo por otro.

Hay, en nuestra opinión, un exceso de triunfalismo, de actitud festiva y hasta de “echonería”  por parte de la dirección y militancia revolucionaria, que no solo desconecta  con la sensación de angustia generalizada que cunde en el país, sino que además puede resultar hasta chocante y desconsiderada para buena parte de los ciudadanos.

Nosotros seguimos pensando que nuestra economía necesita caracterizaciones y definiciones que nos conduzcan a la presentación de un verdadero plan nacional capaz de concitar credibilidad y esperanza, y hasta entusiasmo, en las mayorías. Hablamos mucho de socialismo, pero en realidad en nuestra economía se sigue imponiendo la dictadura del capitalismo, que controla la mayor parte de la producción de las mercancías de uso diario, las cadenas de distribución y los precios. Además del gran capital, también del pequeño capital que posee la inmensa mayoría de los locales comerciales detallistas.

El chavismo sigue siendo poderoso, y posee un capital político y de masas innegable. Pero no podremos confiarnos mientras el apoyo popular consciente e invulnerable no pase del 30%. Deberíamos aspirar al menos al 60% de ese apoyo, lo cual no caerá del cielo.

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