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Néstor Francia / Análisis de Entorno: 2018: el año que viviremos en peligro (I)  (08-01-2018)

El escenario político venezolano en este año 2018 del Señor, se nos antoja tan complejo como interesante. Cualquier pronóstico sobre su desarrollo se complica, más allá de las consignas triunfalistas cuya frecuencia se entiende porque se trata de política y porque en una situación de guerra es una forma de mantener en alto la moral de las tropas. Pero el analista debe ser ayudado por cierto distanciamiento, por una buena dosis de crudo raciocinio.

Ser precisos en los pronósticos, prever los escenarios con detalles es prácticamente imposible en la situación venezolana de hoy, pero sí nos es permitido ensayar el diseño de líneas gruesas con base en las señales que nos envían las noticias, posiciones y declaraciones de voceros políticos y formadores de opinión en el final del pasado año y en el inicio del actual.

Todo parece indicar que 2108 será un año de profundización y radicalización de la lucha de clases en Venezuela y en torno a su presencia en el escenario internacional, donde dos hechos políticos de especial importancia podrían marcar su desarrollo: el diálogo que ha de continuar el próximo jueves en República Dominicana y las elecciones presidenciales en principio previstas para este año. Ambos acontecimientos se vinculan al verdadero núcleo del “caso Venezuela”: la amenaza y la seria posibilidad de una intervención foránea en nuestro país, en algún momento futuro.

Vinculado a lo dicho, no hay que olvidar la situación socioeconómica del país, en cuyas complicaciones pone su esperanza la derecha nacional e internacional, fundamentada en la promoción de la conflictividad social que pueda conducir al establecimiento de condiciones para la intervención. Veamos algunas de las señales a las cuales hacemos referencia.

Es notorio el camino de agresión que asumen los factores más extremistas del concierto reaccionario internacional. Es la posición del gobierno de Donald Trump y de voceros como Luis Almagro, quien ha declarado que “El camino diplomático que queda por delante es el camino de las sanciones y creo que tiene que haber sanciones cada vez más duras que permitan que el régimen venezolano estructure y permita un proceso electoral claro, la construcción de un sistema electoral garantista… Aún hay espacio para la vía diplomática, que en este momento implicaría negociaciones serias para la democratización, y el aumento de sanciones contra los personeros del régimen y/o el aparato económico y financiero”. Es esto exactamente lo que hace el gobierno imperial y su principal socio Canadá, además de la intervención abierta y descarada de las embajadas de estos países en los asuntos de Venezuela.

Estos voceros cuentan con la acción en el país de sectores que por ahora tienen poca representatividad institucional y de masas, pero que podrían ser factores relevantes en la generación futura del escenario requerido para la intervención,  todo ello en el marco, inconveniente para el imperialismo, de la división opositora. La ultraderechista María Corina Machado ha dicho que “Hoy, en las calles y en la AN, están planteadas dos posiciones muy distintas, con estrategias divergentes: la docilidad frente al régimen, el falso diálogo y el reconocimiento de la ANC; o la lucha firme, la desobediencia cívica y el desconocimiento total del régimen, hasta su salida”. En concordancia con el plan de invasión presentado por Ricardo Haussman, Machado propone tres tipos de acción: desconocer  la ANC, designar nuevos TSJ y CNE, y conformar un “Gobierno de Unión Nacional”. Estas ideas cuentan con el apoyo del grupo de diputados extremistas de la llamada fracción 16 de Julio en la Asamblea Nacional.

Pero otros factores internos, que se presentan como supuestamente más moderados, hacen lo suyo para apuntalar el plan de intervención. En un comunicado, la Comisión de Política Exterior “alerta” a la OEA y a la ONU, y a los países del continente,  especialmente a Brasil y Colombia, fronterizos con Venezuela, para “que estén atentos a brindar ayuda humanitaria” y asimismo les pide el apoyo para “eventuales oleadas de desplazados y refugiados”.

Paralelamente a la promoción interna de la intervención foránea, se da a partir de hoy el mayor ejercicio militar operado por las fuerzas brasileñas, AmazonLog 17,  que se lleva a cabo con la participación de efectivos de Colombia, Perú, el Comando Sur y la Guardia Nacional estadounidense. Cerca de dos mil soldados se instalaron en la triple frontera de Colombia, Brasil y Perú, con la excusa de ensayar situaciones de emergencia humanitaria hasta el próximo 13 de noviembre en la región de Tabatinga, territorio donde solo hay acceso en barco o avión.

La analista internacional mexicana Ana Esther Ceceña ha dicho que  “el objeto del Ejército de EE.UU. que se encuentra entre Brasil, Perú y Colombia es tener una posición preparada, y dejar una base montada para cualquier momento que se requiera una intervención o una respuesta que pueda ser una contingencia generada por las presiones que ejerce el propio ejército de Estados Unidos en la región”. Según Ceceña, la idea es que a partir de las instalaciones que se monten en las fronteras, una posible intervención en el territorio venezolano pudiera ser más fácil y más rápida, y presentada, no como invasión de Estados Unidos a Venezuela, sino como una acción de fuerzas combinadas de ejércitos de la región argumentando una amenaza a la seguridad hemisférica. Agregó que “los ejércitos de Colombia, Brasil y Perú tendrían la posibilidad a partir de allí de movilizar, tanto en Venezuela como en Bolivia, una amenaza directa a aquellos Gobiernos que están de algún modo confrontando las políticas hegemónicas pero también de aquellos países en que hay enormes riquezas naturales”.

Por su parte, el senador por el Polo Democrático Alternativo de Colombia, Iván Cepeda, se declaró en una entrevista para Telesur, preocupado por “el ascenso del militarismo e intervencionismo en el continente en la última década, y particularmente en la región andina… Todo eso nos preocupa más bajo una administración de Donald Trump, que no ha ahorrado ninguna clase de declaraciones y de acciones pendientes de agudizar por la vía militar, por la vía de agresiones, por la vía de intervención de situaciones en todo el mundo”.

Es verdad que en la realidad actual no se ve fácil para el imperialismo una intervención directa en Venezuela. El articulista y agente imperial Andrés Oppenheimer ha escrito en El Nuevo Herald, con referencia a la propuesta de Haussman, que “a juzgar por lo que escucho de diplomáticos estadounidenses y latinoamericanos, es muy poco probable que la propuesta de una intervención militar pueda prosperar. Incluso México, Brasil, Argentina y Perú, los países que han criticado más duramente a Maduro, se opondrían a una acción armada”. Sin embargo, la política es dinámica, para nada estática y en ella nada está escrito. Si existen los planes de intervención, existe también la probabilidad. Acaso no será hoy, no será mañana, pero…

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