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Pedro Conde: Anatomía del espectro comunista (y III)

¿Existe acaso un marxismo venezolano como existió el marxismo soviético, esto es, una versión rusa, leninista y estalinista del marxismo? De ninguna manera, menos aún con un líder como Chávez que reiteradamente confesaba jamás haber leído El capital. ¿Quiénes son entonces los venezolanos que hayan teorizado e inspirado al líder acerca de la transición del capitalismo al socialismo? Ninguno. Más bien cubanos pagados que pragmáticamente han asesorado y guiado en la instrumentación de una dictadura al estilo de la ideada por Fidel Castro.

La concepción marxista de la transición al socialismo, la estructura dialéctico-histórica de la teoría marxista implica que sus conceptos cambian a medida que las relaciones básicas entre las clases hacia las que aquellos apuntan también lo hacen; pero ello se produce de manera que el nuevo contenido procede del desenvolvimiento de los elementos inherentes al concepto originario, con lo que la coherencia teórica e incluso la identidad del concepto se conservan. Esto atañe también a la noción en la que culmina la teoría marxista de la transición hacia el socialismo: la noción de la coincidencia histórica objetiva entre progreso de la civilización y acción revolucionaria del proletariado industrial, que para la teoría marxista, es la única fuerza social que puede lograr la transición a una etapa superior de civilización.

Marx hace derivar tal coincidencia de las leyes intrínsecas del desarrollo capitalista, otorgándole así un lugar definido en el proceso histórico, esto es, haciendo que la propia coincidencia sea transitoria. Según Marx, solo hay una forma posible de transitoriedad: la revolución proletaria suprime, con la liquidación de todas las clases, al proletariado en cuanto clase, creando con ello un nuevo agente de progreso: la comunidad de hombres libres que organizan su sociedad de forma que la posibilidad de una existencia humana queda abierta para todos sus miembros.

Pero el desarrollo real del capitalismo hace surgir otro modo de superar la coincidencia histórica: a través de un cambio fundamental en las relaciones entre las dos clases en conflicto, mediante el cual el proletariado deja de actuar como clase revolucionaria. La aparición de esta alternativa constituye, quizá, el factor más decisivo en el desarrollo del marxismo soviético. El fracaso del proletariado para actuar como clase revolucionaria y la derrota de una revolución proletaria son posibilidades previstas en la teoría marxista; no constituyen, per se, acontecimientos que la refuten. Para la teoría marxista, uno y otro fenómeno se explican generalmente por un estado de “inmadurez” objetiva y subjetiva, y son considerados solo como una regresión temporal después de la cual la tendencia revolucionaria proseguirá su curso, con el subsiguiente aumento de la conciencia de clase del proletariado organizado.

Pero la situación se presenta muy diferente en el caso de que, con o sin revolución derrotada, el desarrollo del capitalismo maduro muestre en los países industriales avanzados una tendencia a largo plazo hacia la colaboración entre las clases, más que hacia la lucha de clases ; hacia las divisiones nacionales e internacionales, más que hacia la solidaridad del proletariado. En la teoría marxista el capital y el trabajo (asalariado) se definen mutuamente; o, para ser más precisos, el crecimiento del proletariado revolucionario define, a la larga, la dirección irreversible del desarrollo capitalista. En consecuencia, si la tendencia se invierte del lado del proletariado, el desarrollo capitalista alcanza una nueva etapa a la que no son ya aplicables las categorías marxistas tradicionales.

Como puede observarse el caso venezolano no se refiere a la instrumentación de la transición al socialismo con una adaptación políticamente viable de la respectiva teoría marxista brevemente ya esbozada, mucho menos se trata de una versión vernácula del marxismo por tratarse de un país subdesarrollado; evidente que no se aprovechó el grado de industrialización del país y la clase obrera ligada a la producción social, más bien lo que hicieron fue comenzar a destruir el aparato productivo, generar desempleo, lumpen, hambre y carencias de todo tipo que cuestionan la ausencia de políticas tendientes a lograr el desarrollo de las fuerzas productivas y la elevación de la conciencia de clase de los trabajadores, única fuerza social, según Marx, capaz de motorizar la transición al socialismo.

En Venezuela no ha tenido rol determinante el proletariado organizado en sindicatos y otras formas, ha predominado un conjunto de aventureros e ignorantes civiles y militares, expertos en asonadas de madrugonazos, sin nociones estudiadas y analizadas de marxismo; y si lo hubieran hecho deberían haber tratado de aplicarlas al estadio particular de un país en desarrollo sui géneris; como no se hizo, y junto a otras causantes, sobre todo, la corrupción, el fracaso ha sido rotundo.

Lo que ahora se observa es el funcionamiento de un sistema de “mafiacracia”, hay mafias en todos los ámbitos de la esfera pública, donde la cúpula trata de conservar el poder utilizando parasitariamente los ingresos petroleros, manipulando el tipo de cambio, en ausencia de generación de ingresos suficientes de las actividades no petroleras a causa del colapso acarreado por la desinversión, desconfianza, inoperatividad y corrupción del sistema cambiario, generalización de controles que ahogan las fuerzas del mercado y desestimulan las motivaciones empresariales, indispensables para lograr etapas superiores de industrialización y civilización, desarrollo de las fuerzas productivas, productividad tecnológica, ventajas comparativas tecnológicas, todo lo cual proporcionaría una vida más humana para todos. Se entenderá, pues, que lo de socialismo es pura propaganda, retórica ideológica muy pobre embadurnada de patrioterismo, chovinismo; es en parte pretexto para saquear el erario público.

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