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José Ignacio Moreno León: Guerra autoinfringida

Terminó 2017 y el mundo sigue avanzando al impulso del progreso generado por la revolución científica y tecnológica, como la impronta más emblemática de este siglo XXI. Se están creando nuevas realidades que le plantean a los países  nuevas ventajas competitivas para asegurar la prosperidad y  que ahora se afincan en la innovación, el conocimiento, los avances en la educación y la ciencia y tecnología. Todo ello al amparo de gobiernos que entienden la  naturaleza y razones de estos profundos cambios que se están generando en la sociedad global.

El Foro Económico Mundial que se reúne anualmente en Davos (Suiza) y el Instituto Tecnológico de Massachusset han hecho público un listado de las  más relevantes innovaciones logradas en el año que acaba de culminar y que son importantes para mejorar la calidad de vida, impulsar cambios fundamentales en procesos industriales y en las comunicaciones y el transporte y contribuir a la lucha contra las enfermedades y a la protección del planeta. Entre estos logros se destaca el desarrollo de técnicas para transmisión inalámbrica de electricidad, mediante ondas electromagnéticas para eliminar la infraestructura de cableados. Igualmente ya existen proyectos para construir comunidades verdes o auto sustentables; y en América Latina, ciudades como Bogotá, Chile y São Paulo ya están incorporando algunos de estos avance, tales como sistemas inteligentes de transporte masivo y empleo progresiva de taxis eléctricos y flotas de buses híbridos.

Mientras las sociedades y gobiernos progresistas -incluyendo algunos de la región- responden positivamente frente a estas nuevas realidades,  Venezuela se está quedando significativamente a la zaga del progreso por el empeño de un gobierno anclado en el pasado. No podemos negar que el país ha estado azotado durante más de tres largos lustros por una guerra económica, la cual la está propiciando el régimen provocando el colapso del sector productivo, la quiebra de las mayores empresas públicas y de las privadas que han sido confiscadas, generando con su absurda política económica una galopante hiperinflación y el marcado deterioro de nuestro signo monetario.

Se trata de una guerra autoinfringida por el imperio de ideas, la marcada ineficiencia de la burocracia pública y por los niveles de corrupción que han engullido los inmensos recursos petróleos.

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