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Gloria Cuenca: El plato de lentejas

Para Maya Déjenme decirles, mis contradictorios lectores: ¡Feliz año 2018! Esto a pesar de los muchos dilemas que tenemos que enfrentar. Sin embargo, día que pasa es de aprendizaje, y eso no es despreciable, jamás. Después de felicitarlos y desearles un buen año, aún bajo los efectos de las fiestas decembrinas -para lo bueno y lo malo- les cuento lo relativo al plato de lentejas. En primer lugar, desde siempre he comido las ricas lentejas en Año Nuevo, ya que convocan la prosperidad. Ilusa de mí, creí que era una tradición venezolana.

Bastante desconocedora de las cuestiones gastronómicas, a pesar de haber leído los encantadores libros del ex alumno y colega Miro Popic y otros libros más al respecto, no encontré la historia, que accidentalmente conocí, sino fuera de Venezuela.

Las he cocinado, las he comido en la casa de mi hija, quien además de todos sus saberes cocina riquísimo y con extraordinaria sazón. También en casa de familiares y amigos. Vengo a Miami a pasar las fiestas con mi hijo músico y, ¿qué me encuentro? El primer día de Año Nuevo, la mayoría de los latinos cocinan lentejas para la prosperidad. En la casa de unos músicos amigos, español él, cubana ella, pruebo tres tipos de lentejas: las que se parecen a las nuestras, con cochino, papas y zanahorias, las vegetarianas y otras hechas con chorizo, morcilla, huesos de res y cochino. Cada una mejor que la otra.

En la mesa para incorporar a las lentejas: cebollas fritas, tomate picado, morcilla desmenuzada, aceitunas rellenas con almendras, arroz blanco. Vinagre, para quien quiera. Me entero de otro detalle: cuando se sirven lentejas solas, sin ninguno de estos acompañantes, las llaman “viudas”, por solitarias. Hay quien les pone vinagre, además de todo lo descrito. Nueva información: en realidad lo de las lentejas es una tradición judía, que pasa a España y de allá viene para acá.

Los judíos acostumbran comerlas en una especie de ensalada fría y con bastante vinagre. Significan prosperidad también. Estoy sorprendida, pues el plato de la prosperidad, además de lo sabroso que es, me recuerda la forma despectiva en la que muchas veces oí decir: “se vendió por un plato de lentejas”. No se puede decir eso, más nunca, creo yo: es suculento.

Las lentejas, como las caraotas, subieron de categoría. ¡Qué sabrosas son! ¡Qué tristeza que ahora no sean accesibles! Esta revolución socialista, ¡qué desastre!

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