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Néstor Francia /Análisis de Entorno: Diálogo y elecciones (19-01-2018)

Una de las principales razones que obliga a un sector de la oposición a continuar amarrada, por ahora, al proceso de diálogo que se desarrolla en República Dominicana es la gran fortaleza institucional y política de su contraparte, el Gobierno Bolivariano. El hecho de que haya varios voceros de la derecha interna y externa proclamando que la única vía para sacar a Maduro es la presión internacional, es un claro reconocimiento  de que      son muy escasas las posibilidades de que haya en Venezuela  un hecho insurreccional o subversivo que conduzca a una caída abrupta del Gobierno . Igualmente muchos de estos voceros desconfían de la posibilidad electoral, dados los resultados de los tres procesos comiciales realizados en 2017.

Nosotros estamos en parte de acuerdo con lo declarado por la analista opositora Colette Capriles, quien afirmó que es optimista y considera normal que el proceso tenga pausas: “Una negociación no es un proceso lineal y sin obstáculos… y creo que la negociación continuará”. Bien, nosotros, como siempre, no somos optimistas ni pesimistas, tratamos de ser realistas: el proceso de diálogo es muy difícil, sin embargo es claro que se ha visto favorecido por la sarta de derrotas de la oposición, lo que no quiere decir que necesariamente vaya a tener éxito, tampoco puede asegurarse que esté condenado al fracaso, todo eso está por verse.

Nosotros suscribimos en todas sus partes las excelentes declaraciones del jefe de la delegación venezolana para el diálogo, Jorge Rodríguez, que no solo dejan sentada la posición de nuestro Gobierno, sino que además razonan correctamente sobre la actitud de la oposición, defienden una vez más nuestra soberanía, denuncian la injerencia extranjera, con pelos y señales, y -muy importante- exponen las aclaratorias exigidas por la delegación opositora en torno a las palabras del ministro Reverol sobre la participación de factores de la oposición en la investigación que condujo al paradero del terrorista Oscar Pérez y su banda.

Por lo pronto, se vislumbra de la  más reciente intervención del canciller dominicano que pronto habrá una nueva fecha para que se reúnan representantes de Gobierno y oposición, con el acompañamiento de los cancilleres de los países facilitadores. Acaso es un buen momento para que el pueblo revolucionario se exprese nuevamente en las calles de manera masiva y creativa en apoyo de la política de diálogo y de paz que sigue teniendo como líder indiscutible al presidente Maduro.

Manifestaciones, teatro de calle, murales, cuñas, programas especiales, una poderosa campaña de apoyo a nuestro Presidente y su lucha por el diálogo y la paz. Esa es nuestra propuesta.

Entretanto, la vorágine política venezolana sigue adelante. La derecha mantiene algún alboroto con el caso del terrorista Oscar Pérez, con pronunciamientos de voceros políticos y mediáticos, nacionales e internacionales, ONG opositoras, la jerarquía católica fascista, académicos, etc. Es el nuevo argumento para enarbolar la bandera imperialista de los “derechos humanos” tal como ellos los entienden y los promueven a su conveniencia.

También hay el ruido de las elecciones presidenciales que en principio se darán este año. Una vez más la oposición se ve perseguida por el fantasma de la Asamblea Nacional Constituyente, el poderoso instrumento político de la Revolución para poner orden en el país, promover la paz y la estabilidad, y coadyuvar en las estrategias para defender el proceso revolucionario y en la instrumentación de las políticas de protección al pueblo que adelanta el Gobierno Bolivariano. El nerviosismo cunde en la oposición ante la incertidumbre sobre la fecha de las elecciones, entre rumores de que la ANC adelantará esos comicios para el primer semestre de este año.

Ya se están dando las carreras y los sofocones opositores ante la posibilidad de que las elecciones presidenciales estén a la vuelta de la esquina. Unos claman por ponerle fecha a las primarias, que parece ser el método con mayor apoyo en la derecha para escoger su abanderado presidencial, otros juegan posición adelantada y se postulan para las aun hipotéticas primarias, como Henry Ramos Allup y Claudio Fermín, quienes ya están lanzados públicamente como precandidatos, y por ahí andan otros proponiendo a Lorenzo Mendoza sin que este los desdiga.

Los problemas de la oposición son evidentes. No solo por la notoria desmoralización y desmovilización de su base social, ante la desconfianza que le generan sus presuntos líderes, y el desprestigio que los signa, sino también por la persistencia de sus divisiones que podrían expresarse en el llamado a la abstención de una parte del espectro opositor

De todas formas no podemos olvidar que la oposición tiene un objetivo común y máximo, derrocar a la Revolución Bolivariana y desalojarla del poder, y eso puede ser un factor de unidad para ellos, aunque sea a última hora. Y tampoco que el electorado opositor ha sido constante en el ejercicio del voto y no podemos descartar que esa actitud persista, a pesar de los pesares, incentivada por el odio a todo lo que huela a chavismo. Además, sería esa base social de la derecha quien definiría a fin de cuentas al candidato de la derecha, por aquello de la economía del voto. No podemos confiarnos, no podemos dar nada por hecho, cero triunfalismo.  La vaina no es pan comido y tenemos que seguir en lo mismo: unidad, lucha, batalla y victoria.

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