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Arturo Molina: Hacer política con cabeza fría y pies sobre la tierra

La desilusión es la fuente estratégica que alimenta y mueve el accionar del régimen en cada paso que adelanta para generar desanimo en la sociedad venezolana. La muerte es el mecanismo que ostentan para amedrentar a los desafiantes o contrarios a sus políticas gubernamentales. Cualquier protesta es señalada como terrorista, dada la proyección que hacen de sus propias acciones. Los perdonados de ayer, hoy se ríen de esas oportunidades y en consecuencia las niegan, violentando la normativa legal al imponer la Pena de Muerte para resarcir sus propios miedos.

La dirigencia política de la alternativa democrática nacional, regional y local, tienen el deber de pensar y repensar cada movimiento y palabra a adelantar ante el colectivo social. Factores disociadores de la convivencia ciudadana aúpan salidas violentas del régimen, que en cualquier análisis serio, terminan en conclusiones a favor del oficialismo, quienes sin perder tiempo, promueven tales eventos para reafirmarse en el poder y con ello dilatar cualquier salida pacífica. Lo no convencional los robustece.

Las decisiones de los representantes de la oposición venezolana en el dialogo con el oficialismo y presencia internacional, tienen que sostenerse sobre la base del respeto a la Asamblea Nacional legítimamente electa el 6D- 2015 (conformación plural); nombramiento de un CNE equilibrado –con reglas de juego claras-; presencia de ayuda humanitaria; quiebre del control monetario; respeto a la libertad de opinión y protesta ciudadana, y libertad de los presos políticos. Sin embargo, hay realidades políticas que también tienen que sopesar, para avanzar en el ganar-ganar.

Para nadie es un secreto que el actual presidente de la República violentó la Constitución Nacional, al postularse al cargo de Presidente, siendo vicepresidente en ejercicio, amén de que no se conoce de que parte de Venezuela es, ya que su Partida de Nacimiento es todo un misterio, pero igual, es el Presidente. Acontece con la llamada Asamblea Nacional Constituyente (unicolor e ilegítima), pero existe, es una realidad, aún sin ser reconocida por la mayoría de los venezolanos. 2018 es la puerta que se abre o cierra a los cambios deseados.

La alternativa democrática no puede volver a repetir el error que cometió en el año 2005, al abandonar la participación para la elección de la Asamblea Nacional, o como sucedió con la elección de Alcaldes en 2017. Tampoco reforzar mecanismos perversos como los impuestos por el oficialismo en la elección de la Asamblea Nacional de 2015, al postular candidatos fuera de su ámbito natural, violentando con ello lo establecido en la Constitución. La lucha contra el tirano hay que hacerla desde todos los frentes, bajo el auspicio de la Ley, al final, si la estrategia es la correcta y priva el interés nacional, se impondrá la mayoría, y esa en consecuencia es la democrática, la que apuesta al sistema de libertades. Hacer política con cabeza fría y pies sobre la tierra.

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