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Gloria Cuenca: Derechos Humanos

La Declaración de los Derechos Humanos para el planeta cumplirá 60 años el 10 de diciembre del año en curso. Concluida la II Guerra Mundial, habiendo fracasado lo establecido, en la organización que existió después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de las Naciones. El mundo civilizado, culto, educado, y democrático, asombrado por lo que había ocurrido en las dos guerras mundiales, construyó las Naciones Unidas.

La primera preocupación, ¿cómo garantizar los derechos fundamentales del ser humano? ¿El derecho a la vida y a la libertad? Estados Unidos lo hizo en la Declaración de Independencia de 1783 -Declaración de Derechos Humanos- sin carácter planetario. La Revolución Francesa por su parte, en 1789, hizo la publicación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el más importante antecedente, al señalar los derechos humanos como universales. Se consagra, entonces, en la Declaración de 1948, el derecho a la vida, con toda la plenitud posible.

El respeto a la vida se constituyó en un derecho humano fundamental. Todos y cada uno de los ciudadanos del mundo -de países participantes de esa organización-, debemos apoyar, respetar y reconocer que cada ser humano puede y debe vivir en el planeta sin que nadie, sea gobierno o no, tenga derecho sobre la existencia vital del humano. Algunos países todavía tienen pena de muerte. Nuestro país no. Hasta el lunes 15 de enero pasado.

Los convenios internacionales de Ginebra y Roma garantizan la vida cuando alguien se rinde, es derrotado y depone las armas. Igual ocurre cuando la gente saca bandera blanca: rendición, sometimiento a prisión, juicio y aplicación de la ley. Es garantía de nuestra Constitución y de los Derechos Humanos Universales. Respeto y derecho a la vida del prisionero rendido. Mis condolencias más sentidas a la madre del joven asesinado.

Mi recordatorio a los que actuaron de esa forma: “con la vara que midas serás medido”. No creen en Dios ni en la justicia divina, piensan que son inmortales. Que el poder que les da el dinero es inconmensurable e infinito. Están equivocados: la vida en la Tierra es un tránsito, una prueba, una escuela: efímera, ilusa, limitada. Ese héroe –calumniado y vilipendiado por muchos- hoy sometido a la justicia divina, será absuelto para la eternidad. Otros, creen que lo tienen todo y hacen horrores: tienen la mirada de Dios encima, que no los dejará vivir jamás tranquilos. ¡Que en paz descanse!

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