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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El yanqui teme a la Revolución (25-01-2017)

En nuestro Análisis del 8 de enero pasado, que inició una serie en la que abordábamos la perspectiva política para 2018, escribimos: “2108 será un año de profundización y radicalización de la lucha de clases en Venezuela y en torno a su presencia en el escenario internacional, donde dos hechos políticos de especial importancia podrían marcar su desarrollo: el diálogo que ha de continuar el próximo jueves en República Dominicana y las elecciones presidenciales en principio previstas para este año. Ambos acontecimientos se vinculan al verdadero núcleo del ‘caso Venezuela’: la amenaza y la seria posibilidad de una intervención foránea en nuestro país, en algún momento futuro”. Los acontecimientos que confirman esta percepción se acumulan hoy aceleradamente, como estamos viendo.

La convocatoria de elecciones presidenciales en el primer cuatrimestre del año por parte de la ANC es un hito que condicionará todo lo que pase de aquí en adelante en 2018 y más allá. Es difícil pronosticar con precisión lo que pueda ocurrir, ya hemos dicho que la situación es compleja y concurren a ella diversidad de factores que habrán de combinarse de manera imprevisible.

Lo cierto es que la decisión de la ANC contribuye altamente a distintas definiciones. En el campo internacional, el imperialismo y sus lacayos parecen radicalizarse cada vez más, queriendo acaso curarse en salud ante la posibilidad de que en Venezuela se reedite el caso de Cuba, que después de resistir agresiones, bloqueo económico, espionaje, atentados, provocaciones, intentos de aislamiento internacional, logró un alto grado de estabilidad de una sociedad libre de tutelas extranjeras y empeñada en el desarrollo de una relación socioeconómica entre los seres humanos por caminos distintos a los que quiere imponer la sociedad capitalista decadente que tiene su principal expresión en Estados Unidos. Como dice la conocida canción de Alí Primera “América Latina obrera”: “el yanqui teme a la Revolución, el yanqui teme al grito ¡Yanqui go home!”

Todo apunta a que en abril, la Revolución Bolivariana alcanzará un triunfo electoral trascendente y se establecerá un nuevo período de Gobierno de Nicolás Maduro. Esto remueve todos los fantasmas de la reacción mundial y caotiza aun más la enrevesada situación de la oposición del patio. De allí que la derecha externa juegue adelantado, inclusive sin esperar las reacciones de todos los factores de esa oposición ante el anuncio de la ANC.

El canallesco secretario general de la OEA, Luis Almagro, calificó el martes de “farsa” la convocatoria de elecciones presidenciales en Venezuela, al afirmar que “Saludamos la declaración del Grupo de Lima ante nueva farsa electoral anunciada por el régimen de Venezuela… Para salir de la crisis hay que hacer elecciones libres, sin proscritos, con sistema electoral creíble, garantías para todos, observación internacional y sin presos políticos. Otra cosa es más dictadura”.

Esta declaración de Almagro fue coronada poco después con otra que aclara el camino que habrá de tomar la reacción mundial después de desconocer el proceso electoral de abril y por consiguiente la legitimidad del nuevo gobierno de Maduro. El secretario general de la OEA defendió ayer la aplicación de más sanciones, “más fuertes, más abarcativas”: “Faltan dos o tres turnos más de sanciones, más fuertes, más  abarcativas que afecten a los familiares de los dictadores, al sistema político y, obviamente, a aquello de lo que vive el sistema político hasta ahora”. Y agregó: “No hay sanción contra el pueblo venezolano. La peor sanción que puede haber contra los venezolanos son seis años más de Maduro, que es lo que viene después de esta elección.

Y eso no lo podemos permitir”. Más claro no canta un gallo. Pero las amenazas de Almagro van más allá: “Las sanciones son el mecanismo diplomático más duro. Después de las sanciones, abandonas la diplomacia”. Es decir, si no funcionaran las sanciones, habría que intervenir abiertamente, es lo que quiere decir. Y una vez más se pronunció la portavoz del Departamento de Estado imperialista, Heather Nauert, por medio de un comunicado en el que se apoya al Grupo de Lima y se asienta que las elecciones de abril “no reflejarán la voluntad del pueblo de Venezuela y serán vistos como antidemocráticos e ilegítimos a los ojos de la comunidad internacional”. La orden a los lacayos es transparente, sin disimulo de ningún tipo: desconocer el resultado, desconocer a Maduro.

¿Qué pasará después de abril? A lo interno, la oposición debería salir aun más debilitada y su base social desmoralizada, desmotivada, desmoralizada y hasta resignada. Eso va a acentuar la idea de la intervención internacional. Pero será muy difícil que esta pueda manifestarse como una intervención armada convencional y tampoco se ve fácil la creación artificial de algún conflicto fronterizo que pueda traducirse en ocupación de parte de nuestro territorio. Esos planes existen en el papel, pero no parecen factibles en el corto plazo. Tanto el imperialismo como nuestros vecinos tienen demasiados problemas como para embarcarse en una aventura tan riesgosa como cualquiera de esas.

De manera que en medio de la agudización de la lucha de clases nacional e internacional, la dirección revolucionaria no puede comportarse para nada distinto a como lo ha hecho hasta ahora: a la ofensiva, respondiendo golpe a golpe, acosando al enemigo interno, con el pueblo movilizado en la calle, moralizando a la gran vanguardia social, con la Fuerza Armada pronunciándose y mostrándose. Que el imperialismo y sus aliados sepan que no serán recibidos con flores, si osan hollar el suelo de la Patria del modo que sea.

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