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Carlos Guillermo Cárdenas: David Fermín

Por cosas fortuitas de la vida, nos correspondió al profesor Virgilio Castillo, presidente de APULA (Asociación de Profesores de la Universidad de Los Andes) y cirujano y al suscrito, a temprana hora matutina del pasado sábado 20 de enero, en el silencio de la habitación donde exhaló el último aliento, rendir homenaje póstumo, minutos después, al profesor Angel David Fermín. Había sido internado la noche anterior con cuadro clínico de insuficiencia cardio-respiratoria. Inmediatamente me comuniqué con el periodista José Miguel Monagas para informarle del deceso. Sus precarias condiciones de salud presagiaban un pronóstico sombrío. No había asidero para la recuperación inmediata, más bien, todo apuntalaba hacia la disfunción múlti-orgánica, situación de elevada morbilidad que hacía remota la posibilidad de recuperación.

David atravesaba un continuo deterioro de la salud desde tiempo atrás. Me correspondió atenderlo en una de sus hospitalizaciones. Aquel hombre vigoroso, lleno de vida y entusiasmo para la lucha, aquel dirigente gremial que impulsó como pocos las acciones más contundentes para que el profesor universitario tuviese una digna cobertura de salud, aquel representante al Consejo Universitario de la Universidad de Los Andes que con voz a cuatro vientos reclamó para el gremio profesoral la mayor consideración y trato en cuanto a condiciones laborales, aquel que luchó para adquirir el terreno para la construcción de un espacio de esparcimiento profesoral El Crucetal, ese hombre empezó a mostrar el deterioro, que sin clemencia las enfermedades metabólicas, aminoran la fortaleza vital.

David fue un hombre bregador y tesonero en la acción. No doblegó su espíritu cuando las circunstancias exigían su presencia. Para él, vaya el reconocimiento y nuestra palabra de solidaridad y afecto hacia sus familiares más cercanos, hijos y nietos.

Quiero sumar mi apoyo a la propuesta del médico urólogo y profesor universitario José Enrique Machado, para que el Crucetal, se honre con su nombre como epónimo. Paz a sus restos.

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