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Earle Herrera: Dos Mendoza y un espejo

Lorenzo Mendoza ya fue presidente y nadie lo supo. Quizás ni él mismo. Tal vez. Toda esta historia se imbrica en torno a una fecha, 23 de enero de 1958, de la que esta semana se cumplieron 60 años, con sendos actos conmemorativos en la Asamblea Nacional Constituyente y la Asamblea Nacional en desacato. Ambos en la misma construcción decimonónica, el Palacio Federal Legislativo, como para que los espejos enfrentados sigan alejando las mitades opuestas de un país ad infinitum.

Un amigo y maestro que me regalaron Carlos Urrieta, la política y la vida, Domingo Alberto Rangel, escribió sobre la fecha un magnífico libro titulado La Revolución de las Fantasías. Combatiente de la resistencia contra Marcos Pérez Jiménez, que sufriría cárcel y exilio en la dictadura y en la democracia que ayudó a conquistar, pergeñó aquellas páginas indelebles en prisión. En ellas relata cómo la sangre, sudor y lágrimas de un pueblo se convirtieron en espejismo y en una ilusión algo más que óptica.

Una vez derrocado Pérez Jiménez, los revolucionarios y socialdemócratas fueron a la casa del empresario Eugenio Mendoza, epítome de la oligarquía que se enriqueció antes y durante la dictadura, para pedirle que se incorporara a la Junta de Gobierno. Ingenuidad de la izquierda y gatopardismo de la socialdemocracia, decidieron cambiar un poco (la gorra por la pipa) para que nada cambiara. Al país lo seguiría gobernando la misma clase dominante que venía del otro siglo. Para Domingo Alberto Rangel, el 23 de Enero de 1958 fue una revolución, pero de las fantasías.

La historia vuelve a repetirse, gimen Jaramillo y Pirela. Pero una vez como farsa y otra como tragedia, corrige Marx, quien nunca escuchó un bolero porque nunca estuvo en Cuba. Menos un tango. Hace 60 años la socialdemocracia fue a buscar a un Mendoza (un mesías multimillonario del cemento y la perrarina), cuya clase seguiría gobernando mediante el Pacto de Punto Fijo. Hoy, los mismos partidos voltean la vista hacia otro Mendoza salvador (un mesías multimillonario de la cerveza y la margarina) para que su clase social siga gobernando como lo empezó a hacer desde que el catire Páez aprendió a tocar el piano.

Dos Mendoza, pero el mismo espejo donde se refracta la historia del país.

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