Inicio > Opinión > Por Pelusa: A nadie le gustan los pobres

Por Pelusa: A nadie le gustan los pobres

Ya hemos oído hablar del milagro chino, de su ruta de seda; pero detrás de la parodia, los chinos no son mejores que los macris, los tabarés, las mayers, los trumps. Al igual que la Unión Europea, Trump, el país de las fosas, México; la Chinita que luce bandera roja con hoz y martillo, no quiere pobres. Gracias a la migración rural China en las últimas cuatro décadas se ha puesto a la vanguardia.

por Pelusa

Se revierten las cosas

En Shanghái, Pekín, Shenzhen se quedan vacías. Las estaciones de trenes, los aeropuertos no dan a basto, las fábricas cierran, la construcción se detiene y comienza el éxodo más grande del planeta.

Los emigrantes rurales son la mano de obra barata que mantiene en marcha ‘ de el milagro’, mostrando sus elegantes rascacielos, sus puentes, y preocupada de su medio ambiente.

Los que sobrevivieron en atroces condiciones, durante la revolución maoísta, los trabajadores rurales, dejaron el campo, llegaron a las grandes ciudades, aunque no pagaran bien, pero suficiente para llevar una humilde vida e incluso ahorrar, ‘vivían mejor que sus padres’es decir, sus antepasados que creyeron en la Revolución de Mao y tenían por biblia, el libro rojo del líder revolucionario.

Fueron esos campesinos de pocos estudios, donde no llegó la revolución cultural, los que levantaron las ciudades tan espectaculares, ahora las autoridades no los necesitan y les dificulta su permanencia.

Las autoridades consideran que la superpoblación está ejerciendo una presión excesiva sobre los recursos disponibles. Las grandes ciudades sufren lo que se conoce como ‘la enfermedad de las ciudades grandes’, congestión del tráfico, aumento de los niveles de contaminación y la saturación de los servicios públicos, como la salud o la educación.

La estrategia de los dirigentes para vacunar a la mega polis antes de que sea demasiado tarde incluye limitar a 3.200 kilómetros cuadrados de suelo urbanizable en los próximos 17 años. Y, aunque los dirigentes comunistas no lo mencionen, en su mente está el derribo de pequeños edificios antiguos para construir en su lugar urbanizaciones de lujo.

Las familias resisten a las excavadoras

“El gobierno no quiere pobres”. Las familias se resisten a abandonar los edificios en los que han vivido toda su vida. En las puertas de las casas ya ha aparecido el temido símbolo chai, que significa ‘derribo’ y que señala el lugar en el que tienen que actuar las excavadoras.

Con una compensación económica  ridícula les intiman a marcharse. Muchos no saben adónde ir, son adultos mayores.

Los gobernadores convencidos de que las propias leyes del mercado se encargarán de expulsar a los emigrantes rurales; como lo han hecho en Pekín. Con la excusa de la seguridad, tras un trágico incendio el pasado noviembre, puso en marcha una campaña de expropiaciones forzosas, que diferentes organizaciones pro derechos humanos han tildado de ‘purga de pobres’. Miles han tenido que abandonar sus hogares y muchos han decidido regresar a sus hogares de origen.

Segregación rural nada nuevo en China.

El sistema de hukou, una especie de permiso de residencia interno, se introdujo en la década de 1950 precisamente para evitar la migración hacia las ciudades. El documento identifica a los ciudadanos como residente rurales o urbanos y les garantiza diferentes derechos de acuerdo a su estatus. El problema es que los habitantes de zonas agrícolas no pueden acceder a los servicios básicos de las ciudades a las que van a trabajar, sobre todo, educación y sanidad.

El gobierno central planteó abolir el hukou, no obstante las medidas tomadas demuestran que las principales ciudades chinas solo están interesadas en mostrar su cara más vanguardista. La China del siglo XXI y no mostrar a los más empobrecidos.

El hukou se trata de una institución típicamente China, que se puso en marcha antes de la toma de poder por parte del Partido Comunista, pero que el régimen maoísta lo introdujo en 1958.

Los ricos se vuelven ricos gracias a los pobres, ya te tiren con las estrellas de la bandera yanqui o con hoz y martillo de los chinos.

Y vienen con sus inversiones a América Latina y el Caribe, traen obreros propios y hasta presos que los mantienen en trabajo esclavo, duermen en carpas y les dan ‘comida’, emplean a lugareños por bajos salarios. Pero vienen inversiones!!!.

Hace unos años decían que se acabó el tiempo de las revoluciones, no se acabó, nos mintieron. Los pueblos pusieron sus millones de muertos, miles de desaparecidos, y los líderes, sus amigos se llenan los bolsillos, al mejor estilo capitalista.

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »