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Entrevista a Alfredo Salgado: “Óscar Pérez dejó ver la cara más espantosa del chavismo”

La experiencia y sabiduría del economista Alfredo Salgado no lo hacen perder la fe en el pueblo venezolano. Asegura que será la propia ciudadanía la que impulse los cambios necesarios para sacar al país de la crisis, pero advierte que las acciones del gobierno de Nicolás Maduro, sumadas a la “deprimida” dirección de la oposición, podrían destruir Venezuela

Por: Génesis Carrero Soto

Para el economista Alfredo Salgado, egresado en postgrado en Rumanía durante el reinado de Nicolás Ceausescu, no es solo el “proceso de destrucción hacía el que el oficialismo direcciona a Venezuela” lo que amenaza la existencia del país como se le conoce. A su juicio, la “frivolidad” en la que se encuentran atrapados la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y sus dirigentes es otra trampa que podría destruir a la nación.

En entrevista concedida a El Pitazo, el consultor del Banco Mundial y ex funcionario de Naciones Unidas aseguró que “en la oposición no entienden la complejidad de la crisis del país y no tienen una propuesta alterna radicalmente distinta a lo que ha significado el chavismo para Venezuela”.

No obstante, Salgado cree que será la ciudadanía la que impulse las acciones que se deben ejercer para salir de la crisis en la que se encuentra Venezuela y afirma que el gobierno de Nicolás Maduro le hizo un favor al país al adelantar el proceso electoral antes del 30 de abril, pues obliga a tomar acciones inmediatas.

El también profesor universitario está convencido que de la salida del actual gobierno “no será pacífica”, pero insiste en la necesidad de apoyarse en alianzas internacionales para encaminar acciones que saquen a Venezuela del atolladero y la lleven a puerto seguro con un set de medidas que apunten a lo social, lo político y lo económico.

—¿Le hizo el chavismo algún favor a Venezuela?

—La referencia que tengo yo en mi vida es una referencia estrictamente de democracia. Ahora que convocaron a estas elecciones presidenciales me di cuenta del daño tan terrible que le hizo el chavismo a Venezuela, porque veníamos con una larga onda de crecimiento económico que arranca incluso desde Juan Vicente Gómez, y que este gobierno destruyó.

Cuando yo vi llegar al chavismo, sabía por dónde venía la cosa y además es importante destacar que no hay diferencia ente chavismo y madurismo: eso es comunismo, y su daño más grande es que acabó con toda la onda larga de crecimiento social, económico y político que arrancó años atrás.

—¿Cuánto le queda a este Gobierno, tomando en cuenta que acaba de convocar a elecciones presidenciales antes del 30 de abril y que la oposición pareciera no tener ningún consenso al respecto?

—No es solo que no tienen candidato, es que no tienen propuesta y eso es lo más grave de la oposición que esta nucleada en la Mesa de la Unidad Democrática, (MUD). En cambio, el chavismo tiene una visión de país, una destructiva, pero la tiene. Ellos (la oposición) no tienen un objetivo que los conduzca, que los nivele. Se trata de una oposición con un liderazgo político muy ciego.

Pero aunque tenemos un liderazgo opositor muy mediocre, la sociedad venezolana tiene una ventaja muy bella, y es que somos una sociedad de plebeyos ilustrados. A diferencia de otros países de América latina, los plebeyos, gente nacida del pueblo llano, hemos sido los que llevamos la conducción del país, porque somos una casta ilustrada, y ese es un logro de la democracia venezolana que garantiza la muerte del chavismo en el corto plazo.

Los líderes de oposición no han aprovechado el capital humano que tiene el país. En cambio, el chavismo, de manera muy deliberada, hizo una guerra contra esa clase media ilustrada para sacarla del país porque sabía que ese grupo jamás iba a ser chavista.

—¿Ni siquiera al ganar la Asamblea Nacional la oposición tenía una propuesta clara para el país?

—Nunca la han tenido, y nosotros los venezolanos estamos atrapados y necesitamos que nos den un mapa, un liderazgo, alguien que se levente y nos diga lo que se debe hacer y esta gente no se atreve a empezar, porque hay cosas que se pueden hacer ahora mismo para frenar este proceso de destrucción, que nos podría llevar fácilmente a convertirnos en la Siria de América Latina.

La gente le está pidiendo a esta dirigencia que se ponga al frente, porque aquí si hay alguna noción, pero no está clara. Aquí hay gente inteligente, capaz y con propuestas y la oposición aún no les hace caso porque cada uno tiene su prioridad. Entonces, por un lado está la dirigencia mediocre y deprimida y por el otro la esperanza de la gente, del venezolano.

—¿Cuáles son esas cosas que se pueden hacer para encaminar al país?

—A principios de año propuse el establecimiento de un gobierno en el exilio, con un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y un Consejo Nacional Electoral en el exilio, que posteriormente pasara a establecer relaciones diplomáticas y nombrar embajadores ante EEUU, los países de América Latina, la Unión Europea y en todo el mundo para denunciar a este Estado tomado por la corrupción.

Además, el ambiente internacional era favorable y ahora lo es mucho más, porque los países ya no soportan el escándalo que representa Venezuela. Para proceder, el dinero está intacto: es la plata de la corrupción que está depositada en la banca internacional.

En este punto, el TSJ en el exilio debería proceder a denunciar la corrupción y solicitar el reintegro de esos fondos para que vayan a manos de ese gobierno en el exilio. Es necesaria una acción de alta diplomacia, una comisión que exija la devolución de ese dinero en el exilio y garantice que esa plata quedará en los bancos para que haya confianza y se pueda actuar.

Las medidas son internacionales y hace falta una alianza militar internacional que se enfrente a la fuerza de este Gobierno, porque se debe tener claro que los venezolanos no tenemos cómo enfrentarnos a un bombazo como el que mató a Óscar Pérez. En este punto Venezuela se convierte en un peligro para toda la región; es un problema regional y regionalmente debe ser resuelto. Luego vendría la gran reconstrucción del país.

¿Habla de una intervención militar?

—Creo que una intervención militar es inevitable. En Venezuela el chavismo acabó con la moneda, acabó con la industria petrolera; eso como fue ya no existe. Las industrias básicas fueron destruidas y no tenemos manera de enfrentarlos de otra forma.

—Y, aun con intervención, ¿cómo sería posible un proceso de transición, si casos como el de Óscar Pérez dejan en evidencia las divisiones internas en el oficialismo, el poder de los grupos paramilitares y la falta de pudor para violar los Derechos Humanos?

—Lo de Óscar Pérez fue pornográfico y ante ese nivel de salvajismo los venezolanos que somos gente de paz no tenemos capacidad de reacción. Están lanzando para afuera a los grupos malandros. Se busca atemorizar a la clase media y baja que aún está dispuesta a salir a protestar; por eso hay que salir en el área internacional con un plan estratégico.

La gente debe entender que aquí no hay posibilidades de una guerra civil, sino de una masacre que será perpetrada por el Gobierno. Y, pese a esto, en muchas ocasiones la gente se le puso por delante a la dirigencia de la MUD demostrando que hay posibilidad de imponerse. Por eso debemos plantearle una propuesta hacia la grandeza del país, ya que Chávez convocó a Venezuela a la pequeñez.

Para cualquier transición es necesario recuperar la educación, convertir a Venezuela en el faro que tiene que ser y entender que somos un país con una influencia geopolítica importante. En este momento hay una ventana de acción abierta, que es el mandato de Donald Trump y su postura ante la situación de Venezuela.

La oposición debe presentarse en EEUU y cerrar los acuerdos y alianzas que se tenga que cerrar. El chavismo ha traído alianzas abiertas con Rusia y China; ¿por qué tenemos nosotros que tener pudor de aliarnos con EEUU?

—Muchos están en contra de procesos como una intervención, que podría afectar a la población ¿Qué piensa de eso?

—Esto no va a ser resuelto democráticamente. Una posible intervención es una decisión que se tomaría desde los Estados que reconozcan que Venezuela se ha convertido en una amenaza, que es un país que atenta contra la estabilidad de la región por sus nexos con la corrupción, por el tráfico de drogas. El caso venezolano debe ser tratado como una amenaza global.

—¿Cuáles son los escenarios que vislumbra en el presente inmediato?

—De ninguna manera podemos aceptar participar en esas elecciones, porque esas elecciones son una propuesta fraudulenta. Óscar Pérez dejó ver la cara más espantosa del chavismo, de un estado tomado por la delincuencia, por los pranes y los colectivos, y esas actuaciones solo revelan el estado de pánico del Gobierno que se ve cercado dentro del propio país.

En ese estado de pánico en que anda, el Gobierno convoca a elecciones y no podemos caer en esa trampa, aunque la frivolidad de muchos en la MUD los lleve a participar. Estas elecciones ratificaran a Maduro y nosotros no podemos ser comparsa. Es necesario declararnos en emergencia y declarar la ilegalidad del gobierno e iniciar contactos con los gobiernos democráticos como el de EEUU, los del Grupo de Lima y la Unión Europea a fin de generar la masa crítica que logre impedir esas elecciones.

Si se llegan a dar los comicios presidenciales, hay que pasar a la fase de la conformación de esa fuerza, ese conglomerado internacional que nos ayude a salir del madurismo.

Es necesario entender que participando o no participando la oposición, igual ellos, el Gobierno, van a validarse. Ellos siempre van a ganar porque el Consejo Nacional Electoral es suyo.

—¿Y qué pasa con el diálogo como forma de resolver los conflictos?

—El diálogo implosionó. ¿Qué tipo de negociación esperamos? El problema de Venezuela es regional y los países lo han entendido; la MUD es la que no lo ha entendido y de allí la importancia de que salga alguien, un liderazgo que le pase por encima a la MUD.

Hay que establecer un equipo, unas caras, y las hay. Aquí hay que rehacer toda la arquitectura chavista, hay que desmantelar el Estado chavista por completo. Hay que hacer una propuesta que no puede pasar de cuartilla y media, un pedido de auxilio que permita hacer entender la crisis del país y los apoyos que se necesitan.

—Y, ¿qué hace el ciudadano común mientras ese grupo se levanta?

—La gente que sale a trabajar le está haciendo oposición al Gobierno. La gente sale como sea. Los chamitos, así sea con la barriga vacía, van al colegio y esos son triunfos diarios, derrotas al régimen que vivimos.

En estos regímenes totalitarios, el principal objetivo es aplastar la capacidad de creación de la gente; pero cuando uno manda a un niño al colegio, cuando sales a trabajar, cuando abres tu negocio para medio vender, entonces venciste a Maduro. El país debe seguir en movimiento.

¿Qué tiene que hacer el gobierno siguiente para recuperar al país?

—Debe plantear una propuesta con un alto contenido ético; la mejor manera de vencer al malo es creando. Todos los días vemos un resultado. La gente se siente desesperanzada y hay muchas razones, pero hay razones para la esperanza, porque la vida es muy difícil contenerla; por eso es un trabajo diario hacer vivir la esperanza de todos de que las cosas pueden cambiar.

—¿Qué responsabilidad tiene la ciudadanía en un plan de recuperación del país?

—Hay que salir a la calle, tomar las calles nuevamente, siempre teniendo en cuenta que esa gente no tiene miramientos. Los ciudadanos tenemos que caminar las calles, que nos vean para que estas exigencias sean una realidad palpable.

Hay con que asumir las riendas de este país para reimpulsarlo. Pienso en los liderazgos emergentes de muchachos jóvenes en la política, como Freddy Guevara, Juan Requesens o Miguel Pizarro, que tienen conexión con la gente. Pero se debe crear una propuesta que nos lleve a todos, que nos haga responsables a todos: un llamado a la cordura, al orden. Si otros países lo lograron, si países como Perú, Colombia o Singapur salieron de sus respectivas crisis, ¿cómo nosotros no vamos a poder ver luz?

—Ya usted vivió el socialismo en Rumania;¿qué similitudes ve con el caso Venezuela?

—Dios quiso que me enterara de cómo era la cosa allá, la carencia y todo, por eso creo que no por sabio sé, sino porque ya lo viví. Aquí, al igual que en Rumania, se puede ver la tendencia al autoritarismo, el culto a la personalidad, el paramilitarismo. Pero en Venezuela tienen una gran capacidad para torcer la verdad que lo deja a uno perplejo. El caso Venezuela es un experimento social que llevó a cabo el régimen cubano con los rusos para ensayar un esquema de dominación en uno de los países más ricos y con la mejor dotación de capital humano.

Esa luz hay que recuperarla; a la gente le molesta la luz de este país y eso hay que recuperarlo. Pero antes se debe entender que la crisis venezolana no es una crisis económica: es una crisis existencial. La existencia de Venezuela está en riesgo; podemos atomizarnos y convertirnos en Siria o Yugoslavia.

Por eso hay que tomar un set de medidas, no solo económicas, porque el dinero está allí y sabemos dónde está; la primera parte pasa por encontrar ese dinero y tomar esos fondos para hacernos de al menos 300 mil millones de dólares.

—¿Y qué hacemos con la inflación?

—Debemos frenar la inflación en Venezuela; ese es un problema de ingresos y eso pasa por la recuperación de los fondos robados.

Se pueden hacer muchas cosas para levantarnos. No tenemos capacidad para enviar estudiantes fuera del país, pero sí para traernos profesores en carreras que nos conduzcan al desarrollo. Que nos metan en el siglo XXI nos ayudaría a mejorar mucho. La posibilidad de surgir está allí.

La era del petróleo se va a acabar antes de que se acabe el petróleo; debemos pasar de una economía petrolera a una de desarrollo sustentado que tenga socios internacionales y alianzas.

—¿Cuál es su consejo para la dirigencia opositora en estos momentos?

—Este no es el tiempo de la frivolidad y el egoísmo: es tiempo de responsabilidad y sacrificio. Esos muchachos que murieron masacrados en El Junquito no merecen frivolidades, merecen el sacrificio de la gente y no una banalidad, porque unos individuos quieran tener en los currículos que fueron candidatos presidenciales.

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