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Carlos Guillermo Cárdenas: Tiempos enconosos

La calidad de vida del venezolano está deteriorada de manera inocultable. Deterioro observable en todos los órdenes. Desde disponer de los insumos básicos de la dieta alimentaria hasta los de aseo personal. No hay renglón de la vida nacional que no muestre el desgaste progresivo y cada día más grave.

Pareciera que no se tiene plena conciencia de la gravedad. La escasez de medicamentos rayó en lo imponderable e inimaginable. Estamos hablando de lo más básico para el tratamiento de las afecciones propias de la tercera edad y el adulto mayor: Diabetes Mellitus, Hipertensión Arterial, Aterosclerosis Coronaria, Artrosis, Artritis, Enfermedades Demenciales, Enfermedades del Colágeno,  es decir, aquellas enfermedades que afectan dramáticamente la calidad de vida.

En la alimentación, la situación no menos grave. Alimentos como el queso, pan, mantequilla, pastas, huevos, escasean en extremo o los precios se han vuelto inalcanzables para el venezolano asalariado.

Los servicios públicos funcionan a un cuarto de paso, la basura pulula en las calles citadinas, los inmuebles muestran la falta de mantenimiento, los semáforos por el corte eléctrico inoperativos. Centenas de fincas y haciendas expropiadas están improductivas. Las empresas del Estado Venezolano, según información de reciente data del sector trabajador, están casi paralizadas. La moneda venezolana, el bolívar, prácticamente se convirtió en una moneda inexistente; los bancos no están suministrando efectivo, o lo hacen en cantidades irrisorias como lo explicó un funcionario bancario: “no alcanza ni para el pasaje diario”.

Qué hacer ante esta situación que pareciera desmayar la esperanza e ilusión de cientos de miles de venezolanos que aspiran a un cambio de timón. Sólo la alternativa del voto es la esperanza. No hay otra, pues las demás son violentas y traumáticas con un costo muy elevado. El reclamo universal de todas las corporaciones e instituciones de los Derechos Humanos han tenido un impacto que no debe el gobierno pasar por alto. El reclamo es contundente, o los derechos humanos regresan al ciudadano sencillo y modesto o el caos, cuidado si total, sería el camino a verter. “Quien a Dios tiene, nada le falta, la paciencia todo lo alcanza”.

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