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Pan por votos: la catástrofe venezolana también está en la oferta electoral

 

Desde la candidata Reina Sequera, que en su campaña electoral de 2012 propuso entregar a cada venezolano un millón de dólares, hasta el pastor evangélico Javier Bertucci, hoy lanzado al ruedo electoral y que insta al pueblo a “prepararse para todos los domingos oír en cadena de radio y televisión la palabra de Dios”, las variopinta oferta electoral en el país poco o nada presentan, aunque sea en términos del populismo, atacar la corrupción o la vuelta a la institucionalidad democrática. Caraota Investiga recoge aquí la opinión de los expertos y compara la cesta electoral venezolana con otras en el continente  

Por: Fiorella Perfetto

El tema de la corrupción y la pérdida de la institucionalidad democrática en Venezuela ocupa cada vez más centimetraje en la prensa mundial, mientras que las cortes federales de Estados Unidos y las de otros países están cada vez más ocupadas formalizando expedientes de funcionarios gubernamentales y “empresarios” acusados como partícipes en inmensas redes de corrupción y lavado de dinero extraído de las arcas del Estado.

Es, en todo caso, el origen de los grandes males que hoy aquejan a la sociedad venezolana, a decir de los expertos consultados para este trabajo. Sin embargo, a pesar de la urgencia del país por retornar al redil de la institucionalidad democrática, poco o nada de este tema se ha manejado en las propuestas electorales que en los últimos años se le ha ofrecido al país. En esta ocasión, en la víspera de un proceso plagado de irregularidades y que no cuenta con el llamado a la participación por parte del sector mayoritario de la oposición contenido en la Mesa de la Unidad Democrática, la historia no es diferente.

Con el actual mandatario Nicolás Maduro lanzado a la campaña electoral para permanecer en el cargo, Javier Bertucci, un pastor evangélico cuyo nombre no ha sido merecedor de un lugar al lado del Señor, sino en puestos gerenciales al frente de empresas de comercialización de bienes y servicios incluso relacionadas con la industria petrolera y Henri Falcón, el exgobernador de Lara, recientemente derrotado en su aspiración por la reelección en ese cargo y ahora promoviendo una suerte de tercera vía, la oferta electoral no responde a la urgencia-país, sino como recuerda Félix Seijas, director de la firma encuestadora Delphos C.A, “es más de las premisas milenarias en este país: el populismo vende. Corruptos somos todos, así que no me importa que lo seas, el problema es que lo seas y no te ocupes de mi bienestar”.

Ciertamente el populismo vende y mucho más en estas latitudes. Sin embargo, un vistazo a las ofertas electorales de algunos países de la región apuntan a que a pesar del carácter populista de algunas propuestas, los candidatos exponen con claridad sus agendas para lo que consideran serían las soluciones viables a los problemas más urgentes de naciones como México, Costa Rica, Chile o Colombia.

México: la agenda común para vencer la delincuencia organizada

Entonces, no es de extrañar que los postulantes a la presidencia de México que actualmente están en el ruedo electoral para el proceso que se realizará el próximo primero de julio, ofrezcan a la ciudadanía un gran debate sobre la forma cómo debe combatirse la delincuencia organizada y la aplicación de la justicia que como se espera, es de sumo interés para todos los mexicanos, luego que 2017 se convirtió en el año más violento de las últimas dos décadas, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de la nación azteca.

Así, José Antonio Meade, candidato por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) cree que hay que llevar a cabo un plan para incautar dinero, bienes y las armas a las bandas del crimen organizado. Andrés Manuel López Obrador, dirigente del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), plantea un cambio de estrategia que no se sustente solo en el uso de la violencia, mientras que con el lema “más inteligencia, menos balas”, Ricardo Anaya Cortés, candidato a la presidencia por el Partido Acción Nacional (PAN), confía en la tecnología para no sólo descabezar las organizaciones criminales sino desmantelarlas con todas la inteligencia del Estado.

Chile: empleo, seguridad y mejores condiciones para la vejez

La oferta electoral en Chile durante el último proceso que se llevó a cabo el pasado diciembre, se centró en mejoras de calidad de vida para los nacionales. Carolina Goić fue la candidata por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Ofreció mejorar el sistema de pensiones, priorizar la gratuidad de la educación para los estudiantes de carreras técnicas y alcanzar un 4% de crecimiento. Mientras, el independiente José Antonio Kast propuso a los chilenos crear un comité de seguridad nacional para luchar contra el terrorismo, narcotráfico y la delincuencia, reducir la nómina de empleados públicos y los impuestos.

Sebastián Piñera, el candidato que a la postre resultó ganador ofreció crear empleos, reformar la salud primaria, un nuevo sistema de acceso solidario a la educación superior, la reforma a la ley anti-terrorista y 1.500 kilómetros de carreteras. Propuestas similares ofrecieron Alejandro Guillier candidato la Fuerza de la Mayoría o Beatriz Sánchez la abanderada del Frente Amplio.

Otros como Eduardo Artés, representante de Unión Patriótica o Alejandro Navarro del partido País, agendaron ofertas estructurales como una convocatoria a una nueva Constitución con “protagonismo popular, nacida y desarrollada desde la gente”, o la “democratización de las Fuerzas Armadas, para la integración a la vida social, política, cultural y productiva”, propuestas hermanadas con los principios de la “revolución bolivariana”.

A los ticos, libros

Las elecciones en la nación centroamericana se realizaron el pasado cuatro de febrero y resultó ganador en segunda vuelta el candidato del partido oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC), Carlos Alvarado Quesada. Contra todo pronóstico el en ese entonces ministro de trabajo se impuso al predicador evangélico y favorito en las encuestas, Fabricio Alvarado Muñoz.

Costa Rica asoma hoy graves problemas por una fuerte crisis fiscal y altos índices de criminalidad, pero la campaña electoral desvió su atención hacia los temas de orden religioso. La revista colombiana Semana recoge la opinión de Juan Carlos Hidalgo, analista de políticas públicas, para quien “el conservadurismo latente de la población (costarricense) encontró un detonante que se tradujo en el triunfo en primera ronda de Fabricio Alvarado, el candidato que prometió sacar a Costa Rica del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (Cidh) a raíz de la decisión de aprobar el matrimonio gay de la CIDH”.

Carlos Alvarado, que a la postre venció a este contendor, apostó por una oferta inclusiva y designó a una mujer negra al frente de la vicepresidencia. Es, en todo caso, una controversia muy atada al espíritu conservador de esta sociedad.

Sin embargo, todos los candidatos presidenciales coincidieron en sus agendas en la importancia de la educación e impulsar la oferta de estudios en carreras técnicas. Rodolfo Piza y Otto Guevara, candidatos en primera vuelta por Unidad Social Cristiana y Movimiento Liberatorio respectivamente ofrecieron al electorado combatir la violencia que dejó poco más de 600 víctimas el pasado año, la cifra más alta que haya recogido la nación tica.

La reforma tributaria y el combate a la corrupción fueron temas centrales de la campaña, luego del escándalo conocido como “el cementazo”, por el que se descubrió una inmensa red de corrupción tras el otorgamiento de un préstamo por parte del Banco de Costa Rica a una importadora de cemento china.

Colombia, penas más duras a los violadores y reactivar la economía

El próximo 27 de mayo será la primera vuelta de las elecciones presidenciales en la nación vecina. La campaña electoral fluye entre las propuestas comunes sobre planes para castigar con más peso a los delincuentes, hasta el tema “Venezuela”, que se ha convertido en un “issue” en la región tanto por la catastrófica crisis económica del país como por el éxodo masivo de venezolanos hacia países vecinos, que escapan del hambre, la falta de medicinas y la miseria, situación que ya es considerada un flagelo del cual los países de la región deben ocuparse.

Venezuela y su circunstancia también definen el paquete de ofertas electorales sobre las cuales elegirán los colombianos. Así el candidato por el Centro Democrático, Iván Duque, es el rostro de la oposición al actual gobierno de Juan Manuel Santos y a los procesos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Este candidato del movimiento político del expresidente Álvaro Uribe apuesta por establecer cadena perpetua a violadores y asesinos de niños y modificar todo cuanto ponga en riesgo la institucionalidad y el estado de derecho, en referencia directa al programa “Justicia Especial para la Paz”. Duque ha propuesto además la reactivación del comercio y la construcción de nuevos centros educativos.

Entretanto Gustavo Petro, candidato a la presidencia por la Coalición del Grupo Significativo Colombia Humana y Movimiento Mais, ofrece “un nuevo pacto social y político, con amplia participación de todos los sectores y ciudadanías”, que para los entendidos no es otra cosa que la reforma de los principios constitucionales al estilo del “socialismo del siglo 21”. El exalcalde de Bogotá evita hablar del presidente Maduro pero promete “enviar comida a Venezuela”, como método para evitar el éxodo de venezolanos hacia Colombia.

La canasta electoral colombiana también cuenta con la promesa de acabar con la corrupción, “con autoridad moral y decisión política” a decir de la candidata Viviane Morales del partido Somos y apoyada por corrientes evangélicas y religiosas o la apuesta por la reconciliación de Sergio Fajardo, el candidato de la alianza partidaria Coalición, “que significa pasar la página de la violencia y entender que los colombianos podamos pensar diferente sin ser enemigos”.  En todo caso, los aspirantes han centrado sus agendas electorales en los principales problemas de la nación suramericana.

Pero, ¿qué hay de Venezuela?

Para la convocatoria a elecciones realizadas por el Consejo Nacional Electoral confluyen tres aristas que dan forma al entorno en el cual un grupo de candidatos que no es completamente representativo de la sociedad venezolana opta por la presidencia: las condiciones electorales, la crisis hiperinflacionaria en la cual se encuentra sumergido el país y una sociedad ocupada en sobrevivir.

Sobre el ejercicio del sufragio en Venezuela pesa hoy una estructura que aplasta las condiciones básicas para que este acto pueda considerarse auténticamente democrático: la imparcialidad del órgano rector, la transparencia del proceso electoral y la confianza en el secreto del voto. Cada uno de estos pilares en los que descansa el sistema electoral venezolano, sucumbió por el peso de un complejo andamiaje que cobró vida tras la sumisión de los poderes al control del Estado, que perpetra delitos electorales, incurre en la violación sistemática de los derechos humanos con lo cual favorece la permanencia del actual régimen en el poder.

Por otro lado, la economía venezolana recorre el duro camino de la hiperinflación. En la industria petrolera – la principal del país – sólo hay derrames de corrupción y severos problemas de producción. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el producto interno venezolano (PIB) cayó 8% en 2017, aunque existen estimaciones más elevadas.

El Banco Central de Venezuela dejó de publicar los indicadores económicos pero eso no ha impedido que los mismos sigan “a paso de vencedores” su tendencia hacia peores escenarios. La inflación mensual promedia más del 80% en lo que va del año y el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que “como producto de las distorsiones micro y macroeconómicas por el colapso de la exportación petrolera”, la inflación llegará a 13.000% mientras que el Producto Interno Bruto caerá un 15%.

En un país no sólo dependiente del petróleo sino también de las divisas que el gobierno disponga para importar bienes como consecuencia de la paralización del aparato productivo nacional, los precios de alimentos, medicinas e insumos de primera necesidad ofrecidos en mercados formales e informales incrementan su valor incluso en horas, obligando a los venezolanos a reducir dramáticamente su dieta diaria y actividades productivas, síntomas propios de países que experimentan un escenario de hiperinflación.

Para Carmen Beatriz Fernández, catedrática y experta en comunicación política, “no hay campaña electoral posible cuando se tiene hiperinflación. La gente no es capaz de hacer la abstracción de pasar de la hiperinflación al modelo económico que la relación es directa, porque en el medio está un tema que es absolutamente básico y fundamental en las necesidades humanas que es el hambre: una sociedad sometida a una situación tan extrema como la venezolana la necesidad fundamental es muy primitiva”

Para Fernández, no se trata de una situación coyuntural el hecho de que cada vez más venezolanos dependan de una caja de comida subsidiada por el gobierno para sobrevivir. “No es casualidad que la oferta principal desde el gobierno se haya establecido en el hambre como sistema de dominación electoral, las bolsas de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) asociadas al sistema electoral es una perversión tremenda sustentada en la necesidad más perentoria de la sociedad que es el hambre”.

Así, el hoy candidato Nicolás Maduro, responsable de la conducción política del país durante el último quinquenio, ofreció “más sorpresas” para los venezolanos que cuenten con el carnet de la patria, documento indispensable para poder optar a una caja de comida subsidiada por el gobierno o alguno de los bonos que durante el mes pasado ofreció como parte de su campaña electoral, pero pagados con dinero del Estado.

Pero para el candidato-presidente, la debacle económica del país es producto de una “guerra económica”. Su campaña inició con una marcha, bailes y el lema “juntos todo es posible”.  “En la hipótesis de que al final los partidos de la derecha se arrodillen a los mandatos de Washington, vamos a prepararnos para derrotarlos en cualquier terreno”, dijo en el acto en el que inscribió su candidatura. “A ustedes jefes de hogar que sufren en carne propia la guerra económica, la oligarquía los ha subestimado y creen que ustedes se iban a rendir”.

“El gobierno desmiente que hay escasez y que la gente se está muriendo por falta de medicinas. No son elecciones para tocar los temas de fondo sino un arma política para tratar de legitimar una dictadura”, comentó a Caraota Investiga, Margarita López Maya, historiadora y socióloga venezolana.

Al candidato Maduro le acompaña en la contienda el ex gobernador del estado Lara, Henri Falcón, quien salió derrotado en sus últimas aspiraciones para la reelección en dicho cargo. A pesar de que el otrora chavista forma parte de los sectores que adversan al régimen, decidió participar en la contienda electoral. Su campaña arrancó con una oferta: “entregar tarjetas en dólares a los adultos y niños”, de ganar las elecciones.

“La oferta de Falcón está muy centrada en el problema económico. Esto de repartir dinero es un viejo tema, desde el mismo Teodoro Petckoff hasta Manuel Rosales, siempre ha habido esto de querer distribuir el ingreso fiscal petrolero. No hay una discusión seria sobre la crisis económica que es estructural y que pasa por encontrar otros mecanismos para levantar la economía pero solo hay políticas focales para resolver un problema inmediato”, comentó López Maya.

Henri Falcón. Cortesía: nbcnews
Henri Falcón. Cortesía: nbcnews

La propuesta de este candidato también toma elementos de campañas anteriores. Así, prometió liberar a los presos políticos y “tener las mejores relaciones con los Estados Unidos porque es el principal socio comercial de Venezuela. Tenemos esta gran oportunidad, vamos a derrotar la anarquía, la corrupción y la improvisación, si votamos ganamos”, difundió en sus redes sociales.

Sin embargo, el sistema electoral venezolano no garantiza un resultado apegado a la realidad ni aún con una masiva participación. “Estas son elecciones bufas donde los principales dirigentes de los partidos de la oposición no están en la contienda, pero está un candidato evangélico (Javier Bertucci), Falcón tratando de aglutinar una parte de los venezolanos que quiere votar, pero él ciertamente no tiene suficiente partido, logística ni cómo garantizar una custodia sobre sus votos en unas elecciones muy fraudulentas. Yo tendería a pensar que mantenerse allí sólo pretende legitimar a Maduro y eso se refleja en la mediocridad del debate del mensaje”, aseveró la investigadora.

A esta canasta electoral hay que añadir al pastor evangélico Javier Bertucci, cuyo nombre saltó a la opinión pública tras una investigación que develó un altar de negocios relacionados con la comercialización de alimentos y bienes incluso vinculados a la industria petrolera nacional. Pero en una campaña electoral para optar a dirigir el país, el pastor optó por poner primero a Dios sobre todas las cosas.

Javier Bertucci. Cortesía: El Carabobeño
Javier Bertucci. Cortesía: El Carabobeño

“Quiero poner en esta nación a Jesús y esto nunca lo voy a negar porque sé que Jesús dignifica (…) 93% de los venezolanos son de tendencia cristiana pero no todos son devocionales, (quiero) hacerlos devocionales, para poder entonces implantar los valores cristianos”, afirmó.

Un gobierno bajo su mandato no contaría con un programa dominical al estilo de Aló Presidente, sino una opción un tanto distinta. Los venezolanos deberán “prepararse para todos los domingos oír en cadena de radio y televisión esta palabra (la Biblia)”. Y como propuesta para reflotar al país del hundimiento económico, hay soluciones simples.

“No es extraño tampoco que Bertucci, que ya supera el 10% de intención de voto, base la campaña en algo tan básico como el sancocho para mitigar el hambre. Son campañas basadas en la pirámide de Maslow, es decir, si tú tienes hambre no puedes pensar en otra cosa, entonces la oferta básica desde los candidatos en este singular campaña gira en torno al hambre”, expresó Carmen Beatriz Fernández.

Fernández contextualizó esta contienda electoral con características muy particulares, en la historia política del país. Las promesas de los candidatos solo son comparables con las ofrecidas en los incipientes años de la democracia en Venezuela. “Es inevitable evocar lo que fue la primer campaña electoral contemporánea venezolana de 1947 con el lema ´pan, tierra y trabajo´ con Acción Democrática como principal partido de la democracia venezolana. En esa fecha a Venezuela se le ofrecía esa tríada. Es dramático por decir lo menos que 70 años después no se es capaz de ofrecer ni siquiera esa tríada, sino que la oferta se ha limitado al pan, lo más primario que puede tener como aspiración un electorado”.

Se trata en todo caso de un dramático desmejoramiento de los derechos de la sociedad venezolana. “Estos (los derechos) en las sociedades son siempre progresivos pero en Venezuela la involución ha sido tal que cada vez se tienen menos derechos fundamentales, los venezolanos cada vez tienen derecho a menos cosas”, concluyó.

Optar por una campaña electoral en la que la premisa sea llenar los estómagos con medidas transitorias, es un elemento que debe encender las alarmas de la dirigencia de los sectores que pretendan un cambio en el país y la recuperación de la institucionalidad democrática, a decir de Margarita López Maya.

“Sobre la recuperación de la democracia diría que la desorientación de la dirigencia y por lo que dicen las encuestas, es que falta un liderazgo más claro y confiado en él mismo. Se piensa que a la sociedad venezolana no le llega ese tema sino sólo le llega a un sector pequeño porque el resto estamos más interesados en resolver problemas básicos que en recuperar la democracia, pero eso es síntoma muy peligroso para los que aspiramos salir de esto a través de una transición hacia la democracia”, dijo a Caraota Investiga desde el Foro Latinoamericano 2018 de Carleton College en Minessota que este año atiende el tema del populismo y democracia en América Latina en el cual la experta ofrecerá una conferencia llamada “la desgracia de Venezuela: las consecuencias del carisma”.

Una vez culmine el proceso electoral, que según los expertos nada cambiará el panorama socio-económico del país, López Maya pronostica la consolidación de un partido hegemónico.

“Las elecciones no van a modificar el contexto catastrófico que vivimos, las condiciones están dadas para que gane Maduro. Un escenario probable puede ser que él trate de negociar un acuerdo con Falcón para entrar en algo que se avizora hace tiempo y es la dinámica de un partido hegemónico y unos partidos satélites. Tenemos un contexto tan explosivo que no tenemos claro que puede producirse en el corto plazo. Ojala que después de esta experiencia del 20 de mayo, haya una reflexión de los grupos opositores y se convenzan de que necesitan una dirección política única para articularse a las presiones de la comunidad internacional. Esta es una catástrofe que sigue desarrollándose”.

 

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One thought on “Pan por votos: la catástrofe venezolana también está en la oferta electoral

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