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Lara: En Yogore después de la represión de la PNB siguen las neveras vacías

Nélida Goyo tiene cuatro hijos, tres viven con ella y su esposo, quien gana 300.000 bolívares cada semana | Fotos: Keren Torres Bravo

Más de 500 familias habitan en este caserío del estado Lara, donde la mayoría trabaja en las siembras cercanas y perciben un salario semanal de 300.000 bolívares, que no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas

Los habitantes del caserío Yogore, ubicado en el municipio Morán del estado Lara, no cuentan con recursos para mantener su nevera llena. Ese fue el principal motivo para iniciar una protesta con cierre de vía, porque tienen tres meses sin las bolsas Clap.

Trancaron desde el lunes a las seis de la tarde y continuaron hasta el día siguiente, cuando poco antes de las cinco de la mañana llegó una comisión de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) a quitar los palos que cerraban la vía que comunica a Barquisimeto/Quibor con El Tocuyo.

“Como a veces, lo que me den”, dijo José Salomón Figueredo, de 86 años | Fotos: Keren Torres Bravo

“Llegaron alzados y nos dijeron que teníamos que quitar los palos porque la gobernadora -Carmen Meléndez- los había mandado”, contó Luis Felipe González.

La comunidad no quiso abrir el paso, por eso algunas mujeres fueron golpeadas por los funcionarios, quienes dispararon e hirieron en la pierna a Luis Urrieta, de 51 años. También robaron los sellos e implementos del consejo comunal, de la Ubch y del Clap del sector.

Un día después de la represión en contra de la comunidad, sus habitantes narran cómo sobreviven sin alimentos, medicinas, gas ni aseo urbano.

Explicaron que la mayoría trabaja en siembras cercanas y por esta labor perciben 300.000 bolívares por semana, dinero que no les alcanza para satisfacer las necesidades básicas de sus familias.

El maíz en todas sus formas es el principal alimento de los habitantes del caserío Yogore, en el municipio Morán del estado Lara | Fotos: Keren Torres Bravo

En sus neveras conservan agua fría y maíz, el principal alimento que comen una o dos veces al día. Cuando pueden compran algo de auyama y plátano, lo único que han saboreado desde hace más de un año.

“De todo comíamos antes”, rememoró Luis Felipe González.

Menor convulsiona

Uno de los hijos de Dalismar Escalona tiene cardiopatía congénita y además convulsiona, por eso debe tomar a diario Valprón. Primero no conseguía el medicamento, pero ahora ya no lo busca, porque no tiene dinero para pagarlo. Ha convulsionado cuatro veces desde que está sin tratamiento.

Dalismar Escalona y sus hijos comen una o dos veces al día, uno de ellos convulsiona y no está en tratamiento | Fotos: Keren Torres Bravo

“Tengo más de un año sin llevarlo al cardiólogo ni al neurólogo, porque no tengo para pagar pasaje, consultas ni exámenes”, refirió Escalona, quien pesaba 85 kilos y ahora pasó a 50.

Su hija de 13 años no volvió al liceo por la misma razón: no hay dinero ni comida.

La deserción escolar se percibe la mañana de un miércoles al mirar alrededor de las calles de tierra de Yogore, donde docenas de niños corren descalzos y juegan.

“No podemos mandarlos a clases sin comer, porque se marean o se desmayan, pero cuando están jugando se les olvida el hambre, así son los muchachos”, comentó.

En la escuela no cuentan con el comedor escolar, porque el PAE no les suministra los alimentos desde hace tres meses | Fotos: Keren Torres Bravo

En la Escuela Bolivariana Yogore tienen el área del comedor, pero no funciona porque no les llega el Programa de Alimentación Escolar (PAE) desde hace tres meses, según informó Yulimar González, trabajadora de la institución.

“Cuando llega solo traen verduras, y eso dura máximo para cuatro días”, agregó.

Los niños juegan en la cancha sin techo de la escuela Yogore | Fotos: Keren Torres Bravo

Embarazada golpeada

Beatriz Urrieta, una joven de 22 años que tiene seis meses de embarazo, fue una de la mujeres golpeadas por la PNB durante la protesta.

Beatriz Urrieta requiere tratamiento por su embarazo de riesgo, pero no tiene como costearlo | Fotos: Keren Torres Bravo

“Comemos casi siempre una vez al día: yuca, plátano. Nos acostamos con hambre. Por eso protestamos”, adujo.

Sobre su embarazo, el desarrollo ha sido normal, sin embargo necesita un fármaco que debe inyectarse porque su sangre no es compatible con la de su esposo.

Su hija mayor, de un año, tiene dos hemangiomas, uno en la boca y otro en el hombro. El tratamiento que debe tomar cada 15 días tampoco lo encuentra.

La hija de Beatriz Urrieta tiene dos hemangiomas, uno en la boca y otro en el hombro, pero no tiene tratamiento desde hace dos meses | Fotos: Keren Torres Bravo

“Antes se lo ponían gratis en el Hospital, pero la doctora que la trataba se fue y no lo pusieron más. Hemos buscado pero no lo hemos encontrado, ya tiene dos meses sin tratamiento”, apuntó.

Cuidando nietas

María Eulalia Escalona tiene 66 años. Su hija se marchó a Colombia y la dejó a cargo de tres niñas, de 5, 3 y un año. Su pensión no le alcanza para comprar los alimentos que necesitan.

“Mis nietos me piden “confley” pero no tengo para darles”, dijo entre lágrimas Graciela Catarí | Fotos: Keren Torres Bravo

“Unos días se come y otros no. Ellas me dicen: “abuela dame comida” y las entretengo por ahí. A veces tengo que pedir a los vecinos, pero casi todos estamos igual”, confesó Escalona.

Nélida Goyo tiene cuatro hijos, tres viven con ella y su esposo, quien gana 300.000 bolívares cada semana en la siembra. Su nevera también luce vacía. Habían desayunado maíz, pero no tenían nada para el almuerzo. Así subsisten día a día.

Juana María Goyo vive de la pensión | Fotos: Keren Torres Bravo

Jabón tampoco tienen, por eso han ideado lavar con las cenizas que deja el fogón después que cocinan a leña, porque el gas también escasea en esta comunidad.

“Yo intenté lavar así, pero al niño me le dio una alergia en todo el cuerpo”, contó Goyo.

Ambulatorio sin insumos

De lunes a viernes cuentan con el servicio médico en el ambulatorio rural de Yogore, sin embargo allí no tienen ninguna medicina, ni siquiera una pastilla de acetaminofén para entregar a los pacientes que acuden al centro.

El ambulatorio rural tiene atención médica general de lunes a viernes | Fotos: Keren Torres Bravo

Lisbeth González, auxiliar de enfermería, tiene 33 años en este ambulatorio y cuenta que la última dotación que recibieron fue hace dos años.

Explicó que no tienen cerca perimetral ni protección, esto causó que un fin de semana personas ajenas al lugar movieron el cajetín de la electricidad, lo que ocasionó que las vacunas que guardaban en la institución se dañaran.

En el ambulatorio no cuentan con ningún medicamento, la última dotación se la hicieron hace dos años | Fotos: Keren Torres Bravo

“Tuve que devolverlas y hacer el informe con la novedad, desde ese momento no tenemos vacunas aquí, porque podría pasar lo mismo”, declaró González.

Contó que cuando llueve, el ambulatorio se moja por dentro porque está dañado el canal que va sobre el techo. En cuanto a la limpieza, no cuentan con los implementos necesarios para el aseo. Limpian con lo que traen de sus propias casas.

El principal motivo de consulta son las enfermedades respiratorias, de las cuales han tenido repunte por la leña que utilizan en las casas para cocinar.

Las despensas donde guardan los alimentos también están vacías | Fotos: Keren Torres Bravo

Antes de terminar la visita de El Pitazo a Yogore, los vecinos esperaban que llegara una mortadela y un pollo, a precio regulado, una promesa que les hicieron el día anterior para que dejaran de protestar.

La promesa no llegó, las neveras continuaron vacías y la decisión de volver a salir a protestar por hambre estaba presente en el caserío que ocupan más de 500 familias morandinas.

La esperanza, prometida por la gobernadora Carmen Meléndez, no ha llegado a este caserío | Fotos: Keren Torres Bravo

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