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Aurelio F. Concheso: Reformas monetarias y oportunidades perdidas

¿Quién duda que el punto de partida para recuperar al país es un giro de 180 grados en su conducción económica?

Desde hace años, oímos sesudos análisis de lo que anda mal en esa materia, y una serie de promesas vagas de que cuando algún día haya un cambio político, “todos juntos” vamos a encontrar el camino de salida hacia un Nirvana de leche y miel.

Algunos apuntan con añoranza a lo que fue, como si en 20 años el Mundo no hubiera experimentado avances y cambios fundamentales en lo económico … o si los polvos del pasado no hubieran contribuido a traer los lodos de hoy.

Ellos sueñan con: Una PDVSA repotenciada a lo que una vez fue.

Un sistema cambiario con moneda nacional voluntariosamente subvaluada para proteger industrias incipientes.

Mientras que otros esperan por una transición en los pasillos para ser retomados, como si nada hubiera cambiado.

Por ese motivo, es lamentable que la confrontación opositora que se evidencia entre quienes llaman a votar el venidero 20 de mayo, o a no hacerlo para salir del impase, esté condicionando el debate, o, mejor dicho, la ausencia de él, sobre la propuesta de reforma monetaria dada a conocer por el economista Francisco Rodríguez.

Que para que el título del Programa de Gobierno el propio Francisco Rodríguez haya decidido tomar el título del libro “La Gran Transformación”, de Karl Polanyi, no pareciera ser casualidad. Después de todo, de lo que trata la citada obra de Polanyi es de las convulsiones que se produjeron en Inglaterra durante el establecimiento de la economía de mercado que transformó a Occidente. Todavía, sin embargo, está por escucharse una crítica constructiva con argumentos, y no una simple propuesta alternativa bien defendida.

Quien se haya molestado en leer el contenido entre las páginas 14 y 30 del citado documento, que es en donde está contenida la propuesta de reforma monetaria basada en la libre circulación del dólar en nuestra economía, se dará cuenta que, más temprano que tarde, el país tendrá que transitar por un camino parecido al que ahí se propone.

Por cierto, es importante citar que uno de los elementos más interesantes de la propuesta en cuestión, es que la misma parece haber sido estudiada con mucho más cuidado que cuando Jamil Mahuad se vio obligado a dolarizar en Ecuador festinadamente y de manera improvisada, viéndose obligado a salir del poder a los pocos días.

Un segundo elemento es que, en detalles, la propuesta analiza especificidades de la crisis hiperinflacionaria venezolana. Aborda algunos que le son propias, como la desaparición del circulante y la obliteración de salario de los trabajadores que ha perdido el 95% de su poder adquisitivo en los cinco años de gobierno de Maduro.  Y también se refiere a otras comunes a todas, como el efecto Olivera-Tanzi, que ha dejado al gobierno sin otro recurso que la maquinita ante el desplome de los ingresos fiscales en términos reales. Por esa medida, en 2017, inclusive, el gasto descendió 57%, pero los ingresos lo hicieron 63%, y al Gobierno, por lo tanto, no le quedó otro recurso que seguir imprimiendo con abandono.

Pero quizás el elemento clave es el argumento sobre porqué es inviable la estrategia de un bolívar subvaluado para proteger industrias incipientes en el largo plazo, y termina reintroduciendo todas las distorsiones que nos trajeron hasta acá. La respuesta a eso va ligada también al porqué Venezuela estaría en condiciones de hacer un ajuste expansivo, siempre y cuando se tomen las medidas de reforma macroeconómica correctas, como las que propone Francisco Rodríguez.

Todos estos aspectos merecen un debate serio y no una descalificación a priori por la vía de clichés y de frases hechas; tampoco un sonoro silencio para eludir el debate. Lo más curioso es que, a la luz de lo que está sucediendo, quien sí lo entiende es el ciudadano común. Sí, esa misma persona que no necesita un PhD en economía para saber que el hecho de que su salario o su pensión sea lo único que no está dolarizado, es una profunda injusticia.

También, desde luego, que alguna solución efectiva debe haber más allá de la repetición de lugares comunes.

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