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Thays Peñalver: Cuba lo peor de los mundos

Es un lugar común apelar a que Díaz Canel es una “vuelta a la línea dura” y un títere de Castro, o que quien gobierna en realidad es el ancianato, porque a fin de cuentas Díaz Canel es una criatura del sistema y el sistema eran los Castro. Así que suena reiterativo hacer semejante análisis, que conllevan a posiciones aún más superficiales en nuestros políticos y que han hecho muy difícil superar un escollo fundamental con Cuba y los cubanos. Por eso yo siempre los reto a ir más allá. Porque entre otras cosas, a los 86 años, no creo que Raúl Castro pueda gobernar mucho tiempo, ni siquiera su propia vida.

Quiero que usted se situé en los años ochenta (puede hacerlo en YouTube) y busque cualquier video de Carlos Aldana “el favorito de Fidel”, el “número tres” del régimen, el “nuevo ideólogo”, el hombre que “encarna la nueva línea dura” de Fidel. Si usted observa bien uno de esos videos se dará cuenta que la retórica furibunda realmente lo que produce es asco, sobre todo porque al cabo de un tiempo se supo que fue defenestrado debido a que según Raúl Castro: “ambicionaba convertirse en el Gorbachov de Cuba (…) lo presioné, lloró y lo contó todo” (sic).

Acto seguido fue designado el número tres, Roberto Robaina, el canciller, el “campeón de la revolución”, “el favorito de Fidel”, “el Niño Maravilla” (dicho en diversas entrevistas por el propio Fidel), lo podrá ver también en un video, con la misma charlatanería revolucionaria y con el infaltable talante dictatorial, desafiante y pretendiendo ser más comunista que sus mentores. Pero la realidad era otra, porque puertas adentro “Robertico” como lo llamaba Fidel, terminó siendo un “traidor”, un “aperturista”, un “contrarrevolucionario” que solo utilizaba la oratoria revolucionaria para sacarlos del poder, presentándose “como candidato de la transición”. Pocos entendían que su grandilocuencia no era para el mundo occidental, era simplemente parte del “sistema” donde si no la usabas, no progresabas.

Por supuesto que al ser despedido a patadas como explica Raúl Castro “por no haber asimilado lo que le pasó a Aldana”, llega el siguiente número tres que como dice Fidel Castro en su biografía, es uno de los “nuevos valores (..) tú ves a Felipe Pérez Roque, por ejemplo (..) no había nacido, cuando el triunfo de la Revolución” había emergido un nuevo “favorito de Fidel” de 34 años de edad y el Granma escribió “está familiarizado como pocos con las ideas y el pensamiento de Fidel” y centenares de medios en España, Alemania o México volvieron a destacarlo como “un clima de vuelta a la línea dura y ortodoxa” y a juzgar por su discurso incendiario, parecía que no existía nadie más comunista y más de línea dura que Pérez Roque. Pero fue el que salió peor parado, porque en sus videos no solo decía lo mismo que sus predecesores sobre la apertura, sino que sus ideas eran más radicales. Pero lo peor, es que se burlaba abiertamente de los “dinosaurios” que gobernaban.

El asunto no era que quisieran ser los Gorbachev cubanos, porque eso lo quería hacer el propio Raúl Castro y no lo dejaron, se trataba de que querían simplemente ser los Gorbachev, sin los Castro. Y ese era el verdadero y único problema, por el que fusilaron o depuraron y depuraron hasta que solo quedaron personajes grises.

Por eso yo pude haber dicho -y quedar de lo más elegante- que Diaz-Canel es el número tres, el nuevo favorito, una vuelta a la línea dura y al pensamiento ortodoxo, pero en realidad prefiero explicar que no hay nadie más pragmático que un hijo del “Período Especial”. Díaz-Canel es parte de un sistema en el que puertas afuera hay que demostrar compromiso y respeto con “los viejos”, cosa que únicamente es posible con consignas incendiarias, pero puertas adentro se considera el fracaso absoluto del modelo cubano.

De allí la apuesta del Doi Moi de Raúl Castro, calificada por Yoani Sánchez como una “obsesión de Raúl” y quizás es una quimera en lo que a política se refiere, porque es imposible que Estados Unidos lo acepte. Por lo tanto y por unos años Cuba no tendrá su Doi Moi. A Díaz-Canel como a toda Cuba, le tocó profesionalmente ver como el castrismo fue una utopía y políticamente tuvo que convencer nada menos que a quienes se bajaron del tractor, para tener que adiestrar y enyugar a cien mil bueyes. Créanme, nadie hoy es más pragmático que el campesino cubano que piensa que la poesía –política- no es capaz de empujar un arado. Y haber vuelto al siglo XIX, casi llegando al XXI, fue suficiente para que todos entendieran de que va eso de la Revolución.

Díaz Canel recibe una herencia envenenada. La realidad es que llegada la segunda década del siglo XXI, la situación de Cuba es precaria. La Isla apenas exporta unos cuantos cientos de millones en azúcar ($346), otro poco más en ron y tabaco ($349), llega a quinientos millones en exportación de minerales y unos 150 millones en medicinas. En total sus exportaciones propias de mercancías no llegan a mil quinientos millones de dólares y la apuesta por el turismo ha sido una de las peores planificaciones en Latinoamérica.

Diaz Canel sabe perfectamente que en vez de buscar un desarrollo enfocándose en turismo de mejor nivel que les permita crear un sistema de servicios de calidad y una industria –también de calidad- asociada a éste (alimentos, transporte, servicios etc.), en el pasado plantearon el esquema nefasto aplicado en muchos países de Latinoamérica de “romper records” con el diseño del “todo vale”. Es decir atraer por cantidad y no por calidad, muy probablemente para dar empleo privado a los cientos de miles de cubanos que ahora alquilan sus viviendas a los turistas (más de ocho millones de pernoctas).

Y sabe también que el resultado ha sido sumamente controvertido. En el año 2.000 cada turista aportaba cerca de 1.100 dólares, la cifra cayó a poco más de 800 en 2010 y ahora llegó a los 720 dólares por turista (One y Cubadebate) mientras hay períodos, en los que millones de turistas apenas pagan un poco más de 500 dólares (Juventud Rebelde, 2015). En comparación al turismo planificado de Aruba que deja $1.500 por turista o en República Dominicana que aporta cerca de 1.100 dólares por cada uno de sus cinco millones de visitantes, el turismo cubano es uno que con su low-cost, atrae a lo más bajo del turismo mundial.

Pero quizás la parte de la herencia más importante, es que emergió un sistema de castas que ya se ha diseminado como una enfermedad mortal para el modelo cubano. Los miembros de la casta “verdeoliva” es decir quienes manejan los dólares en Cuba y colman los hoteles cinco estrellas (más de 300 mil pernoctas) son la nueva clase pudiente, quienes tienen familiares que piden créditos en Estados Unidos, para invertir aprovechándose de la apertura cubana, hoy son los nuevos ricos. Quienes tienen remesas, junto a los que tienen acceso a los dólares del turismo que no declaran, se han convertido en una emergente clase media.

Mientras tanto, el resto de la población, millones se quedan en el limbo y no quieren, con toda lógica y como dice Raúl Castro “sudar la camisa” ni como profesor, policía, ni como albañil, ni mucho menos en el campo por unos pocos pesos. Y esto convierte a Cuba en una auténtica olla de presión. Gracias a Obama, sin los Castro (en un futuro cercano) contagiada de mercantilismo y sin la Ley de Pies secos-mojados, es decir sin el sueño americano que baje los niveles de ansiedad en la población, con una juventud a la que le quitaron la posibilidad de soñar con un futuro mejor, Díaz Canel recibe una auténtica Bomba de Tiempo.

Otra de las peores cosas de su llegada, es que Cuba sin Fidel ya perdió todo aquel encanto mundial que provocaba ya que para bien o para mal, Cuba era la Revolución y ésta era Castro. Por lo tanto Cuba y su importancia no era otra que el “glamour comunista” por llamarlo de alguna manera que provocaba fascinación mundialmente y en especial en Europa, guste o no, Fidel Castro. La Cuba de Díaz-Canel es pues, una Cuba con la importancia de Díaz-Canel y esa “importancia” quizás, en si misma, sea estar en el peor de los mundos.

Por otra parte es posible que en Cuba no sobrevenga otro período especial, al menos uno con la intensidad del que vivieron tras el derrumbe de la URSS, pero puede venirles algo peor. Venezuela llegó a representar casi la mitad del intercambio comercial de la Isla y ya sus anuarios estadísticos reflejan el tremendo impacto que ha recibido por la caída de la economía venezolana que, de cerca de veinte mil millones de dólares en intercambio comercial, pasó en un par de años a estar a poco más de la mitad y sus exportaciones, de seis mil a poco más de dos mil millones de dólares en 2016 (One.cu).

En consecuencia, Díaz Canel recibe además como parte de la herencia a Maduro. Pero a uno arruinado y liquidado internacionalmente, que además corre el riesgo de ser bloqueado masivamente y arrastrar a todos consigo. Es cierto que el petróleo (ligero) de Venezuela les sigue permitiendo obtener algún dinero contante y sonante, como cierto también que ese dinero puede acabarse súbitamente si la catástrofe petrolera llega, como sostienen todos los analistas petroleros.

Por ahora, para cualquier conocedor de la diplomacia Cubana, experta en mandar señales al mundo con quienes negocia, que quien reciba y despida a Maduro sea el Canciller –varias veces- y no Raúl Castro o Díaz Canel como era la costumbre, es una señal inequívoca de desapego. Las fotos del sustituto de Castro y su postura corporal, daban a entender que no estaba en posición cómoda y todos saben que le pueden ofrecer no diez, sino cien años de promesas, pero el destino de Cuba está desde hace rato, separado del de Venezuela.

Díaz Canel sabe perfectamente que si acepta la manzana envenenada de Venezuela, estará en el peor de los mundos. Por eso habrá que ver si estará dispuesto a hundirse arrastrado por un régimen que hace aguas o será tan pragmático y frío como los Castro a la hora de deshacerse de los personajes inconvenientes. Y no me refiero a Aldana, Robaina o Pérez Roque, para ello bastaría con entender como desde antes de la súbita enfermedad, hasta la agonía de Chávez, los cubanos negociaban secretamente con Obama, su apertura económica.

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