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José Manuel Rodríguez: Responsabilidad ausente

Asumiendo la responsabilidad Chávez convirtió una derrota táctica en triunfo estratégico: Nosotros, aquí en Caracas, no logramos controlar el poder, ustedes lo hicieron muy bien por allá… ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones… les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía y su desprendimiento y yo ante el país asumo la responsabilidad…

Hace mucho tiempo atrás, en Japón, todo jefe militar o de gobierno tenía un código de honor (creo que ya se les olvidó) que lo obligaba a suicidarse si faltaba a su deber o conducía equivocadamente los asuntos militares y de gobierno. Si ser tan drásticos, en algunos países europeos, lejos del Mediterráneo, hemos visto más de un jefe, luego de dar traspiés con tales asuntos, renunciar a su posible ratificación.

Por estos lados tropicales eso no se estila. Asumir la responsabilidad por algún fracaso, no forma parte de nuestros puntales históricos. Por eso lo de Chávez impactó de manera tal que lo convirtió en el hombre providencial (aunque me moleste el adjetivo). Y cuando decidió ir hacia el socialismo un pueblo que no daba nada por eso, lo acompañó. Fue la vida la que no lo iba a dejar y nos preparó para ello.

No sólo con el Plan de la Patria, en el “Golpe de Timón” dejó claro lo que el equipo tenía que hacer. Le indicó la ruta a su sucesor, y lo hizo con sentimiento pero con fuerza (Te encomiendo esto como te encomendaría mi vida, las comunas…). Pero, en vez de cumplir la orden de Chávez, buscó, a cambio de un oxígeno que no necesitaba, la colaboración del empresariado. No les pidió traer sus capitales, no los obligó a utilizar sus propias divisas, no les quitó el control de la distribución.

Aún imaginando que fue un error táctico y no un cambio de rumbo hacia la fantasía socialdemócrata, solo por el desastre que generó, el máximo responsable debió ser el primero en ceder el puesto a otro camarada. Pero, qué va, la culpa siempre es de los demás: los enemigos, los corruptos, los desleales, los que critican. Bien lejos del exhorto de Mao: di todo lo que sepas y dilo sin reserva, no culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una advertencia… Y así se les pide a los electores creer en que las cosas van a mejorar. La fe es lo que sustituye a la esperanza una vez que se abandona la razón.

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