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Aurelio F. Concheso: Y el perro se mordió la cola

Es una lamentable incongruencia que el primer Presidente obrero que registra la historia venezolana, haya sido el gran responsable de la total destrucción del ingreso de los trabajadores de este país. Para mayor ironía, escogió el 1° de mayo, fecha emblemática para la clase trabajadora, como el momento oportuno para consumar es “sueldicidio”.

Para marzo, luego de un aumento del 64% hace escasos 60 días, el ingreso mínimo ya había perdido el 95% de su poder adquisitivo, desde que el Presidente llegó al poder en 2013.

Con el último aumento de casi 100%, ese 5% se reduce a menos del 2%. En términos de un dólar libre o negro, único al que pueden acceder los meros mortales, estamos hablando de 4 dólares por mes, luego del aumento. Eso se traduce en unos 13 centavos diarios de dólar. La cifra de umbral de la pobreza del Banco Mundial es 1.90 dólares diarios, es decir, 15 veces el ingreso mínimo venezolano. Calcule usted qué porcentaje de la población pudiera ganar más de 15 ingresos mínimos, y podrá darse cuenta de cuán eficientes han sido las actuales políticas económicas, en lo que se refiere a empobrecer a una nación rica en recursos humanos y materiales.

Pero el problema es más serio todavía. Porque con el último aumento, el perro, que llevaba años tratando de morderse la cola con aumentos contradictoriamente empobrecedores, por fin logró hacerlo. Obviamente, la fuente de ingresos para sufragar este aumento en el sector público, provendrá exclusivamente de la impresión de más dinero electrónico e inorgánico. Y eso se traduce en que, prácticamente, garantiza que los próximos aumentos salariales tengan que ser mayores en porcentaje y en frecuencia.  Pero, además, más empobrecedores -si es que eso es aún posible- porque de 0.13 dólares diarios, no hay mucho margen para seguir cayendo.

A estas alturas, le debe quedar claro hasta al súper-asesor gubernamental Alfredo Serrano Mancilla que este colapso salarial no se revierte jamás por el camino que se va, sino con un giro de 180 grados por la vía de una reforma monetaria integral. ¡Pero, ojo! Porque hay reformas de reformas.

De hecho, desde las propias filas del pensamiento económico ortodoxo surgen propuestas hechas o respaldadas por economistas respetados y respetables, en el sentido de que el tenor que deben tomar dichas reformas es acudir a los organismos de financiamiento internacionales, para que respalden la defensa de “un bolívar subvaluado durante dos décadas” (Miguel Rodríguez Fandeo dixit). Es un procedimiento que permitiría que ciertas actividades industriales distintas a los hidrocarburos, pudieran surgir y volverse competitivos. Desde luego, si el perro ahora se muerde la cola, entonces, esa estrategia puede llevarlo a comerse sus entrañas.

Bolívar subvaluado fue lo que se intentó en 1989. Y cuando se habla de eso, lo que se está diciendo es que se va a aprovechar la mano de obra artificiosamente barata que ello permite, para que las industrias se vuelvan competitivas. Moneda subvaluada también es la que, casualmente, tuvo Colombia por 20 años, y que les trajo a las FARC y a varias crisis bancarias. Sin duda alguna, pareciera que ante un salario de 0.13 dólares diarios, no queda mucho margen para recurrir a esa estrategia económica.

Creemos que deberíamos vernos en el espejo de quienes usaron otras armas para lograr competitividad. Y no nos referimos solamente a Ecuador. También lo hacemos recordando a Alemania. En 1948, los alemanes iniciaron su reforma con un Marco a 4.5 por dólar. De ahí en adelante, el “milagro alemán”, en una economía social de mercado con concertación tripartita, logró que la productividad fuera en aumento permanente; también que el marco se revaluara durante todo el período de posguerra, hasta llegar a una paridad de 1,60 marcos por dólar en 1999, es decir, en el momento de la “euroización” de esa moneda.

Definitivamente, proponer a estas aturas un esquema de subvaluación, por muy benigno y subrepticio que sea, asume que el sector laboral no ha aprendido la lección más importante de lo que abarca dicha propuesta. Y es que los principales perdedores en la manipulación monetaria artificiosa, son ellos, los trabajadores.

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