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Rafael Simón Jiménez:  ¿Que quiere el gobierno?  Que quiere la abstención

 

No sería la primera vez que enemigos aparentemente rabiosos e irreconciliables, ubicados en antípodas políticas, terminan  coincidiendo en visiones y métodos. La irracionalidad materia prima de los radicalismos generalmente conduce a insólitas posiciones comunes. Quien examine detenida y desprejuiciadamente los argumentos que desde la acera de los voceros de una oposición rabiosa e  intransigente se esgrimen a favor de no votar el venidero 20 de mayo terminara identificando en sus mensajes una extraña coincidencia con los intereses y objetivos del gobierno que ellos dicen combatir.

Identificar  las claves del mensaje abstencionista, tiene que llevarnos necesariamente a la lógica pregunta: ¿a quién favorece la abstención? Y la respuesta resulta más que obvia: a un gobierno desprestigiado, agotado, repudiado y con altísimos niveles de impopularidad, lógica consecuencia de su impenitente labor de ruina y destrucción de Venezuela, incapaz por tanto de poder obtener con fuerzas propias  un resultado electoral favorable a menos de  que la inmensa mayoría de quienes lo adversan dejen de votar o se dividan en múltiples opciones, generando el milagro de que un régimen colocado en posición de franca minoría , pueda imponerse no sobre los cimientos de su base de apoyo política o social, sino sobre la absurda obstinación de quienes vociferan en su contra, pero le lanzan con su llamado a no votar el único salvavidas que puedes reflotarlos de la fatalidad del naufragio.

El gobierno juega a la abstención, como siempre ha jugado al fraccionamiento y disgregación de las fuerzas que lo adversan. La unidad es sin duda un bien invaluable e imprescindible cuando se confronta con un régimen abusador, arbitrario, brutal e inescrupuloso, que no escatima atropellos y marramuncias para pretender prologar su agónica permanencia en el poder. La división y la abstención aparecen entonces como claros objetivos de sus perversos intereses. Con el gobierno puesto contra la pared, arrinconado, censurado dentro y fuera de Venezuela, con una población sometida a los sufrimientos más grandes de toda su historia, como podría imponerse en unas elecciones donde toda esa inmensa voluntad de cambio se expresara constituyéndose en una fuerza indetenible capaz de desbaratar cualquier maniobra, escamoteo o trampa.

Los argumentos de los abstencionistas a medida que se acerca el 20 de mayo lucen más inconsistentes, falaces y deleznables. Plantear que el gobierno ya gano esa elección, es conferirle al cogollo corrupto que gobierna una capacidad de maniobra o de fuerza de la que carece. Bien saben los voceros políticos del abstencionismo que frente a  una votación abrumadora como la que debe producirse para desalojar a un gobierno depredador y destructivo, y si las fuerzas del cambio son capaces de resguardar y defender su votación, no existe la mas mínima posibilidad de un arrebaton electoral, porque de producirse este sería el propio pueblo movilizado y actuante con Henry Falcón a la cabeza los que harían respetar la voluntad del pueblo.

Del  repertorio de argumentos inconsistentes y absurdos, que pretenden dar fundamento a las tesis abstencionistas,  sale a relucir uno nuevo y desconcertante que plantea que en Venezuela el voto está sometido a mecanismos de control político, a través del sistema de dadivas y subsidios que el gobierno utiliza para manipular a los sectores de menores recursos, lo cual lo haría prácticamente inderrotable. Tal tesis encierra en el fondo un profundo desprecio por el coraje y la decisión que el pueblo venezolano ha puesto a prueba en estos dieciocho años de lucha contra el proyecto destructivo que nos desgobierna. Pensar que un régimen que ha empobrecido, hambreado y martirizado al pueblo venezolano, pueda ganar favores electorales con una caja CLAP o con bonos miserables incapaces de aliviar la tragedia social de la gente, es sencillamente despreciable, pero además conlleva  una visión derrotista y desmoralizadora  de sus promotores , pues de ser ciertas sus peregrinas tesis los venezolanos tendríamos que abrevar en la desesperanza y resignarnos a que el pillaje que ocupa Miraflores se eternice en el poder.

Pero si faltaran razones para establecer esta contra natura coincidencia entre el gobierno y los abstencionistas de cara al 20 de Mayo, bastaría con visualizar y escrutar la hoja de ruta que plantean quienes llaman a no votar. No hay ninguna movilización popular, ninguna iniciativa de organización social, ningún escenario que amplifique la vocería de sus posiciones, ninguna conexión con el sufrimiento y los problemas de la gente, y por supuesto ninguna puesta en escena de un plan que trascienda el hecho electoral y que ofrezca alternativas para remediar la cada vez mas calamitosa vida cotidiana del venezolana y menos aun que vislumbre el fin del régimen y el comienzo de la transición. La abstención por la vía de los hechos se remite a la inacción, a la desmovilización, a la pasividad y por ende a resignarnos  de brazos cruzados a que Maduro y su combo terminen de destruir a Venezuela, con la complicidad consciente o inconsciente de quienes se queden rumiando en sus casas  su rabia, su impotencia y su dolor.

En última instancia, y mas allá de la confianza en un resultado electoral favorable a las fuerzas del cambio, siempre será preferible para quienes queremos urgente e impostergablemente poner fin a la tragedia que significa  este gobierno; luchar en las calles, activar en las `plazas públicas, organizar a la gente ,denunciar y  confrontar al régimen en todos los escenarios de la lucha política, social y electoral ,  motivando  a los ciudadanos  a votar y a defender su voto, como lo hacemos quienes respaldamos a Henry Falcón, que esperar de brazos cruzados que este gobierno termine de acabar con Venezuela.

 

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