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Einstein Millán Arcia: PDVSA; De Ramírez a Quevedo / Restrospectiva

 

Revisando la cronología previa y posterior a los sucesos ocurridos en PDVSA a partir de Noviembre de 2017, son muchas las conclusiones a las que se puede arribar acerca del porque de la deplorable situación actual de PDVSA.

Todo inicia a partir de la implementación del plan siembra petrolera. Aunque su ejecución navegó por aguas turbulentas desde su inserción; con múltiples eventos de corrupción en costa afuera y Faja del Orinoco, con complicaciones y abandono de varias empresas mixtas, el naufragio solo se hace palpable a los ojos del estado con el derrumbe del barril a mediados de 2014. Dicho evento deja expuesto y hace evidente el recalentamiento de las finanzas que venia sufriendo PDVSA, su creciente y destructiva corrupción interna, su autoflagelación y su mal manejo.

Ya para 2016 PDVSA acusaba un desplome de cerca del 60.6% en sus ingresos totales, traducido en unos US$48.002 millones en 2016 versus US$121.895 millones para el ejercicio 2014. Con ello, la ganancia neta pasó desde US$9.074 millones durante 2014 a US$828 millones en 2016, un derrumbe de alrededor de 91%, solo comparable con la abrupta caída observada durante la gestión del Luis Giusti durante el ejercicio 1998, donde llego hasta la inédita suma de US$663 millones; aun la más baja en su historia.

Aunque ya venia desplomándose con consistencia desde 2008, la producción promedio durante 2016 comenzaba a mostrar signos de castigo acelerado, al pasar a 2.57 MMBD desde 2.90 MMBD en 2014. Las exportaciones también comenzaban a ceder con fuerza, al caer hacia 1.82 MMBD desde 1.90 MMBD durante el mismo periodo. Es de hacer notar que en esa producción reportada se contabilizaba y aun se contabiliza el volumen de crudo importado utilizado como diluente, cuyo promedio para 2016 fue de unos 68 MBD.

Entrado ya el 2016 el gobierno de Maduro mostraba señales de una creciente asfixia financiera y una visible presión política desde su entorno más cercano. A la par, los gobiernos chino y ruso ejercían mayor presión para proteger y garantizar sus intereses en Venezuela. En Febrero 2016 es creada Camimpeg, instrumento corporativo exclusivo del sector militar para avanzar en el ámbito y sobretodo en los negocios del sector petrolero. Es así como ese segmento comenzaba a saborear y palpar “en tiempo real” lo atractivo de PDVSA, no como instrumento de generación de valor y resguardo de la soberanía, sino como instrumento de control del poder financiero y político.

En medio de una abundante ignorancia acerca de las causas reales del problema, motivadas en esencia por factores de naturaleza tanto interna como externa, por políticas erradas en el manejo operativo, financiero y ético de PDVSA, y por la inconveniente política de recortes planteada y defendida por Venezuela, el gobierno busca culpables y comienza a dudar de la cúpula y el entorno petrolero. Es así como decide infiltrarla abiertamente y dar al traste con la necesaria presencia de la exposición global, el conocimiento y la experticia en su manejo.

La industria petrolera comenzaba a acusar un franco y sostenido deterioro desde 2007-2008 en todos los aspectos; moral, ético, organizacional, técnico y operativo. Sin embargo y mientras el precio del barril se mostraba “saludable”, su presidente y directiva pasaban desapercibidos aunque ello significara sacrificar el negocio medular para satisfacer el apetito político. Siempre y cuando el gobierno central recibiera divisas para sostener el clientelismo, el populismo y la compra de voluntades, le tenía sin cuidado el resto.

La supuesta habilidad del equipo que con la implementación del plan siembra petrolera que dio inicio a la destrucción que hoy acusa PDVSA, demostró no ser más que incompetencia y corrupción despiadada sostenida en un barril en alza. La fiesta solo duró hasta de Junio’2014. A partir de allí, las mascaras comenzaron a caerse.

Tal y como desnuda el grafico anexo en donde se contrasta la producción nación versus el ingreso neto normalizado por precios del barril, la supuesta bonanza de la PDVSA de Ramírez y Del Pino no era otra cosa que una farsa sustentada en dos aspectos fundamentales; alza del precio del barril y artificios contables llamados “ingresos financieros” apoyados en marramuncias cambiarias. No por casualidad, entre 2012 y 2015, los artificios cambiarios y contables ocultos entre los llamados “ingresos financieros” tuvieron su pico máximo, al pasar de US$765 en 2012 a más de US$20.343 millones en 2014 y US$16.830 millones en 2015.

Ya para mediados de 2016, el gobierno enfrentaba graves problemas de caja y el cerco internacional se cerraba de forma continua e indefectible. Sus socios tradicionales, China y Rusia exigían más y mejores garantías. Venezuela comenzaba a solicitar periodos de gracia a China para pagar solo intereses de la deuda contraída hasta el momento y poder liberar así, envíos de crudo que irían en consecuencia a generar flujo de caja, brindando a la estatal la posibilidad de poder incrementar su capacidad de emisión de deuda en forma de bonos a futuro para obtener respiro aunque fuese de etéreo y pasajero; eran acciones que no apuntaban a la causa sino a las consecuencias del problema; destinadas a comprar tiempo, a correr la arruga.

Las pésimas negociaciones y peor arquitectura de los modelos de negocios de las empresas mixtas a la postre pusieron a la estatal contra la pared. Para entonces, la deuda de Venezuela con el gobierno chino ascendía a unos US$50 billones. PDVSA entraría en un círculo vicioso; en una espiral suicida con las empresas mixtas, ya que a medida que el barril cedía PDVSA debía asegurar mayor volumen de crudo para cubrir el margen de deuda. Desafortunadamente su producción estaba destinada a desplomarse drásticamente como en efecto sucedió, forzando al gobierno central a ofrecer garantías adicionales, mientras ascendía incontrolable su potencial de mora.

Es así como comienza a desmontarse esa PDVSA que desde 2005 yacía bajo el dominio de clan Ramírez-Del Pino; una nefasta experiencia que jamás debe reeditarse de nuevo en nuestra Venezuela, aunque sin embargo a juzgar por los cambios recientes, el mal aun persiste.

La entrada de Nelson Martínez al ministerio de Petróleo ocurre en Enero’2017, a la par del nombramiento de una nueva junta directiva en donde destacaban individuos muy cercanos a la cúpula del poder. Se crea la vicepresidencia ejecutiva con Maribel Parra al frente, llevan a Simon Zerpa a la vicepresidencia de finanzas y colocan a un desconocido sin perfil en una posición clave; Nelson Ferrer nada menos que en exploración y producción, además de varios activistas y proselitistas políticos de confianza, sin ningún tipo de calificación conocida como directores externos.

Llegado Julio’2017, tiene inicio la saga de sanciones desde los EEUU contra funcionarios Venezolanos y toma cuerpo de manera abrupta la desconfianza interna entre los distintos segmentos del poder político. En Agosto 2017 nombran a Nelson Martínez presidente de una PDVSA en clara pugna y llevan a Eulogio del Pino de vuelta al Ministerio de Petróleo. PDVSA ya no era una industria petrolera; era simplemente un cascaron sostenido solo en una inercia que fenecía por fuerzas de fricción originadas por la anarquía e incompetencia dejadas por su predecesor.

Nelson se enfrentaba a aguas turbulentas en esa PDVSA, en donde abundaban pugnas que originaron diferencias fuertes con parte de esos personeros impuestos en la directiva desde de Enero’2017 y también con el vecino de la torre oeste, el entonces ministro. Nelson arma equipo y activa mecanismos de impacto para reducir la entropía interna, para apaciguar la profunda anarquía organizacional y para remediar la abismal y sostenida caída de producción en curso, sin percibir que ello agigantaba la magnitud de las grietas políticas ya iniciadas. Lo comenzaron a visitar prácticamente a diario activistas políticos y militares, le cerraban el paso, no le aprobaban cambios ni postulaciones. Estaba con las manos amarradas.

La cronología de eventos que se sucedieron de allí en lo adelante, marcaría una “purga selectiva” sin precedentes en la historia reciente de PDVSA, desembocando en la detención de Eulogio del Pino y Nelson Martínez a finales de Noviembre de 2017. Un elemento clave que ha pasado desapercibido es que tan pronto fue detenido N. Martínez e incorporado M. Quevedo, se separa del cargo de manera inmediata la entonces vicepresidenta ejecutiva M. Parra. Ya PDVSA estaba siendo activamente penetrada no había vuelta atrás, el control ya estaba en esas manos que tanto la habían deseado; su destrucción, esa misma destrucción que ahora esta en curso activo, estaba sentenciada.

Con el arribo de Quevedo los efectos no se hicieron esperar. Entre la última semana de Noviembre, cuando PDVSA mostraba una producción puntual de 1.919.000 B/D y finales de Marzo cuando la producción nación se abatió hasta 1.509.000 B/D, el país dejaba de producir unos 420.000 B/D; un desplome sostenido de 105.000 B/D por mes, mientras que las exportaciones a Norteamérica, que a la postre son las que generan ingresos inmediatos se desplomaban hasta llegar a su mas bajo nivel histórico de menos de 380.000 B/D. Lo que habíamos advertido se esta cumpliendo, se cierra la brecha entre la disponibilidad de crudo con potencial de generar flujo de caja y aquel que obligatoriamente debía ir dirigido al pago de compromisos pactados y que no generaban ingresos frescos, poniendo al gobierno en la disyuntiva entre castigar el mercado interno o cumplir compromisos contraídos.

PDVSA está en medio de un torbellino desenfrenado de confusión y anarquía; del no saber que hacer. No hay reacción de la directiva sencillamente porque no saben que hacer; desconocen el negocio.

Es allí, en medio de ese río revuelto, donde los estafadores y aprovechadores hacen precisamente su aparición estelar. Muchos hablan de privatizar, otros de invadir y otros andan detrás devastadores llenando sus alforjas. En esencia, todos son caimanes de un mismo caño. Lo que buscan es acceso fácil a comisiones y poder. Muchos de esos mismos han sido gobierno en el pasado y nada aportaron entonces aparte de su enriquecimiento propio. Otros han estado incursos y procesados por delitos penales por corrupción y aun así asoman sus narices para opinar sobre lo que ellos mismos de una u otra manera son corresponsales.

Aparte de enseriarse y poner a PDVSA en las manos correctas. Aparte de realmente combatir la corrupción y echar a un lado el populismo para dar paso a medidas económicas duras pero necesarias, son pocas las alternativas que le quedan al gobierno. Quizá declararse en moratoria, endeudarse a costa de arrasar con los recursos del macizo guayanés o entregar a descuento activos preciados de PDVSA a manos desconocidas ocultas detrás de algún capital de origen cuestionable.

De no actuar con contundencia y premura, las consecuencias de esta increíble e inédita destrucción serán sentidas con fuerza en todo estamento de la sociedad, pero sobretodo en aquel mas desposeído. El mercado interno se verá seriamente diezmado, como también se verá el acceso a los bienes de consumo y servicio. La población más endeble se revelara y el país entrara en un torbellino indescriptible de tensión y anarquía.

Einstein Millán Arcia |Petróleo y Gas “Upstream”/ Estudios de Especialización a nivel de doctorado en flujo de fluido en medios porosos – The University of Oklahoma, 1991 / Master of Science Petroleum Engineering – The University of Oklahoma, 1990 / Ingeniero de Petróleo Universidad de Oriente, 1979). Ha publicado y presentado en diversas revistas y conferencias internacionales más de 12 trabajos especializados en materia de Petróleo y Gas. Ha escrito mas de un centenar de artículos de opinión y sido citado en materia de petróleo y gas en: Soberania.org, aporrea.org, NoticiasVenezuela.org, Plattsblog, las armas de coronel, segurosybanca.com, noticiascandela.informe25.com, The Slush Pit (Oklahoma Oil & Gas News), Energy Economist y Los Ángeles Times.

E-mail: [email protected]

Twitter: @EinsteinMillan

 

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