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Gloria Cuenca: Lecciones de ética

 

Contradictorios lectores, estoy muy preocupada por la conducta de los venezolanos. En cualquier lugar y en cualquier momento, tengo necesidad de hablar, regañar y, también pelear, con la gente que me rodea. Nada que ver con la posición política-ideológica de quienes nos desgobiernan. Se trata de problemas éticos, pasando por las normas de uso social y llegando a las normas de comportamiento del muy famoso Manual de Carreño.

En mi opinión es la asimilación sin ningún tipo de criterio de los disparates y los mensajes que el difunto dictador decía y hacía, y el actual, imitándolo, insiste en ser chabacano, grosero, falta de respeto y jaquetón. Un Juan Charrasqueado cualquiera, pues, y sin darse cuenta del papelón que hace ante el país y la comunidad internacional. Como hay una importante mayoría de gente en nuestro país que no tienen claros los valores, las normas éticas y mucho menos las normas de uso social (¿Para qué usos burgueses?), actúan como si la educación, las buenas costumbres y las maneras, estuvieran fuera de lugar.

Toda esta angustia me sale cuando estoy en una de las tristes colas que a diario debemos hacer. En primer lugar, los contemporáneos míos, es decir, los de la tercera edad (lindo eufemismo para no decir los viejos o ancianos) se comportan en algunos casos de manera terrible: se “colean”, gritan, interrumpen y hacen escándalo, no cuando deberían, sino cuando a ellos o ellas se les ocurre.

Por otra parte, los que están en la cola se vuelven locos y locas. Casi pretenden exterminar a quien se le ocurre violar la cola. Por supuesto, tienen la razón, pero no es el modo. Menos la manera de expresar su descontento. En otras “colas” adultos y de la tercera edad, no saben hacer una fila que cualquier chiquillo de 3er grado haría tranquilamente. ¿Qué nos está pasando? ¿Se nos “pegó” esa conducta absurda, antisocial y desvergonzada de los que nos desgobiernan? !Qué tristeza! Uno de los temas de los revolucionarios, y del antiguo jefe de esta “revolución”, fue la no aceptación de la trascendencia de la forma.

Ni siquiera se fijaron en que los soviéticos y chinos, a pesar de ser mucho más revolucionarios que este atajo de manganzones, aceptaron, a regaña dientes, es verdad, pero lo aceptaron. Forma y contenido son fundamentales y deben ser utilizados con armonía para la consecución de los fines. No olvidar esto y por encima de todo, recordar que “lo cortés no quita lo valiente”. La vida es compleja. Tarea  principal es no hacerla más difícil aún.

@EditorialGloria

 

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