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Pedro Rafael García: Bernardo López García

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Y oíd, buenas gentes, la aflicción y el mea culpa de nuestro periódico

Oigo, patria, tu aflicción

Parodiando el célebre poema “Oda al Dos de Mayo” de Bernardo López García del siglo XIX, Luis Molinos tuvo la excelente idea de escribir otro titulado “Uno de octubre”. Le dio el mismo comienzo, justificado de sobra por la actual situación: “Oigo, patria, tu aflicción”, y lo lanzó a través de su página Facebook.

Como expresión del actual renacer del patriotismo español —en otros tiempos, algo así hubiese pasado sin pena ni gloria—, el poema se ha hecho viral y ha sido amplísimamente difundido a través de las Redes Sociales. Y ahí viene lo tremendo: sin darse cuenta de que se trataba de una parodia, el poema ha sido mayoritaria o casi exclusivamente atribuido a Bernardo López García, o a veces hasta al mismísimo Espronceda.

Y ahí viene lo, para nosotros, aún más tremendo: nuestro propio periódico, metiendo la pata hasta el corvejón, ha caído en el infausto error, habiendo tenido que ser el propio Luis Molinos, lector de El Manifiesto, quien nos ha advertido de ello en comentario que dejamos reproducido para que quede aún más clara constancia de nuestro errar.

Sirva, no de excusa, pero sí de explicación, invocar la fiebre informativa de estos últimos días. Y sirva de (leve) consuelo a este periódico pensar que debemos de ser el único o, en todo caso, uno de los muy escasos medios que, habiéndolo cometido, ha reconocido y rectificado su error.

 

Oigo, patria, tu aflicción,
y no entiendo por qué callas,
viendo a traidores canallas
despedazar la nación.

Dando a un ingrato felón
estúpidas concesiones,
están haciendo jirones
esta tierra milenaria,
de gente, ayer solidaria,
y hoy podrida de ambiciones.

Lloras, porque te engañaron
los que lealtad prometieron,
los mismos que te aplaudieron,
y la Ley corroboraron.

Alevosos, traicioneros,
bellacos y desleales,
la convivencia entre iguales
rompen con su felonía,
y han de acabar la porfía,
en inmundos cenagales.

Buscando solo engañar,
distorsionaron la historia
para turbar la memoria
de las gentes del lugar.

Anhelantes por medrar,
con su estúpida insolencia,
rompieron la convivencia
entre familias y amigos;
requiere firme castigo
su ruin malevolencia.

Un tipo poco honorable
quiso imponer sus ideas
con maneras maniqueas,
fraudulentas, miserables,
arteras y despreciables.

Medio milenio hermanados
no lo separa un tarado
dirigente provinciano,
por mucho discurso vano
que largue desde su estrado.

¡Basta! Gritó el pueblo fiel
por toda la piel de toro.

¡Basta! Clamaron a coro
los españoles de bien.

¡Basta! Poned pie en pared
a tanta provocación
y cortad la humillación
de estos cuatro hijos de perra,
¡No se trocea esta tierra,
somos una gran nación!

Fieles paisanos, honrados,
que queréis que vuestro nietos
os recuerden con respeto
por haberles entregado
un país fuerte y aunado.

¡Levantaos, despertad!
Negad la eventualidad
de una España fragmentada
y levantad vuestra espada
contra tanta indignidad.

 

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