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Carlos Guillermo Cárdenas: Eduardo Fernández

 

Encarna al político avezado para estos tiempos tumultuosos que vive el país. Dedicado a la lucha social desde su temprana juventud, cuando rondaba los 17 años. Se preparó para las difíciles y complejas tareas de la vida nacional. Si bien se apartó de la lucha partidista hace una década, su preocupación por el quehacer nacional lo ha mantenido en la dirección del Centro Internacional de Formación y Políticas Públicas IFEDEC.

Abrazó el pensamiento social cristiano al incursionar en el partido fundado por Rafael Caldera. La fuente ideológica estuvo en los grandes pensadores de la democracia cristina del s. XX. La autenticidad en el proceder ha permitido desenvolverse en escenarios de la vida política nacional y latinoamericana. Considerado un estadista, la formación intelectual y política, la experiencia como líder de uno de los partidos fundamentales de la democracia venezolana, la perseverante y denodada constancia en la formación de la juventud con vocación social, hacen de él un hombre de relevantes virtudes y atributos.

Como ningún político, Eduardo Fernández ha sido juzgado por acciones que más tarde demostraron que no estaba errado al asumir la defensa de la democracia en horas de dolor e incertidumbre. Él, que desafió el mayor peligro que ha tenido la democracia venezolana en los últimos cincuenta años, que no pensó en lo personal sino en el interés supremo de la república, su mensaje de defensa al sistema democrático y de condena al intento de quiebra del hilo constitucional, significó injustamente la caída de la aceptación nacional como líder del principal partido opositor para la época. El tiempo lo ha reivindicado.

Sus dotes de orador y conferencista, de dirigente honesto y transparente, de pensador cultivado en las fuentes originales del socialcristianismo, le han permitido mantenerse como un político de acrisolada honradez en la más diáfana conducta. Su voz debe oírse, su mensaje escucharse y su experiencia acogerse. Un valor de la democracia.

 

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