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Ramón Guillermo Aveledo: Precio

 

¿Cuál es el precio del empeño continuista del presidente Maduro y el pequeño grupo que lo rodea? Es una pregunta que vale la pena hacerse.

El interés del clan se puso por encima del nacional y el apego al poder predominó sobre la Constitución. Se inventó una Constituyente para eludir el control parlamentario de la gestión y de la administración. Se fingió intención de dialogar para desacreditar y dividir a la oposición democrática y se burló ese diálogo, avalado por la comunidad internacional, al convocar una precipitada elección cuando su fecha y condiciones eran la materia central de las negociaciones dominicanas. Se tomó una serie de medidas judiciales, gubernamentales y electorales para desprestigiar el voto como instrumento de cambio.

A la inconstitucional convocatoria del 20M se llegó con partidos ilegalizados, líderes perseguidos, presos o desterrados. Desoyendo el clamor de los sectores sociales más diversos.

De los candidatos no oficialistas que decidieron participar se burlaron al incumplir las condiciones que les habían prometido. Los puntos rojos y tricolores, el uso impúdico de los recursos públicos, y todos los elementos de coacción y corrupción, con un destructivo impacto en la institucionalidad que se convierte en desconfianza, mala reputación del gobierno y en consecuencia del país, desinversión, desempleo, escasez e inflación.

Y todo ¿para qué? No pudo evitar que 8 de cada 10 venezolanos, aún en las dudosas cuentas oficiales, rechazara el plan continuista. La mayoría no votó, a pesar de las promesas de plata y las amenazas. Otros fueron y votaron por cambiar a través de Falcón o Bertucci. Quienes no participaron no reconocen el proceso. Tampoco los candidatos que compitieron con el gobernante. Y en vez de mejorar la percepción internacional, empeoró. Ya se conocen las decisiones de distintos gobiernos extranjeros.

En cambio, no hay la más mínima duda de quién paga ese alto precio. Ciertamente no lo paga el grupito en el poder. Tampoco algún gobierno extranjero, sea de los predilectos de las invectivas oficiales o de los favoritos que sacan provecho de su solidaridad. Lo paga el pueblo venezolano, única víctima del desatino imperante.

Hay quien con maquiavélico cinismo admira la viveza  estéril del poder inescrupuloso. Yo, en cambio, admiro la dignidad de la gente que en esta peladera no cedió ante la promesa de plata o la coacción.  Esa es la mayoría abrumadora.

@AveledoUnidad

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