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El otro descubrimiento

 

El fotógrafo brasileño, afincado en Nueva York, es autor de uno de los registros más importantes de la comunidad Yanomami ubicada en la selva tropical de la Amazonia, en la frontera entre Brasil y Venezuela.

La primera vez que Valdir Cruz (Guarapuava, Estado de Paraná, al sur de Brasil, 1954) viajó a la Amazonia, lo hizo por invitación del chamán y portavoz de los indígenas Yanomani de Brasil, David Kopenawa, a quien conoció en un foro de Organización de Naciones Unidas realizado en Nueva York en 1994.

Cruz accedió a internarse en la selva tropical por una curiosidad que luego de un breve deslumbramiento se transformó después en una causa personal, cuando el veterano fotógrafo descubrió con sus propios ojos cómo una comunidad primigenia se ha visto amenazada no solo por la violenta destrucción de su medio ambiente, de su casa, por prácticas como la minería, sino por la desatención que los gobiernos tanto de Brasil como de Venezuela han tenido hacia estos representante de sus culturas originarias.

Ya ante el peligro de extinguirse, los líderes de las comunidades Yanomami se movilizaron y comenzaron a mostrar al mundo su realidad. Y no lo hicieron reaccionado con la misma violencia que podría hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra, sino mostrando a todos sus formas de vida, de organización social, su estrecho vínculo con la naturaleza y su cosmogonía.

En ese primer viaje de Valdir Cruz a la comunidad indígena, en la que fue muy bien recibido por dos meses, el fotógrafo compartió y convivió con los Yanomami, su espíritu se alimentó de ellos y allí, en medio de la selva, encontró la inspiración para hacer algo nuevo en su carrera fotográfica.

Como un habitante más del shabono, Cruz notó que muchos indígenas mostraban un aspecto desolador debido a las epidemias a las que la “modernidad” los exponía. Tal comprobación cambió sus intenciones y su sensibilidad. El fotógrafo no podía dar crédito al estado de sobrevivencia en que se encontraban los Yanomami. Un estado de depauperación que se describe en pasado, pero que en presente no ha hecho más que agravarse.

Al año siguiente de su visita, obsesionado por lo que había percibido y en consciencia de que él no es un antropólogo experimentado, sino un etnógrafo autodidacta que se autofinanciaba, Valdir Cruz regresó al Amazonas en 1996, esta vez acompañado por una enfermera y un microcopista y cargado de medicinas. Su idea era regresar al mundo “civilizado” con un informe médico de las condiciones físicas de los indígenas. También iba en este segundo viaje el periodista y antropólogo Patrick Tierne, profesor de la Universidad de Pittsburgh, quien escribía para ese entonces su polémica obra The Darkness. El Dorado, que describe cómo algunos científicos sacaron ventaja de los Yanomami con el propósito de validar sus controvertidas hipótesis sobre el comportamiento humano y la evolución de las especies.

Esta vez, Cruz descubrió cuál era su verdadera misión: convertir los rostros de los aborígenes en un testimonio. Así, amplió su enfoque fotográfico al incluir en su proyecto la toma de retratos de una comunidad nativa muy importante que vive en la Cordillera Siapa, en territorio venezolano.

Hubo un tercer viaje, entre noviembre de 1996 y marzo de 1997, gracias al financiamiento de la Fundación Guggenheim, asistencia de Leica y el apoyo de un sacerdote que había trabajado extensamente con los nativos. En esta oportunidad, Cruz realizó una caminata de 200 kilómetros que le brindó la oportunidad de visitar las diferentes etnias que encontraba a su paso. En esta región comprobó in situ cómo estaban contaminadas las vías fluviales por el mercurio, elemento químico usado por los mineros artesanales para extraer oro.

De sus tres viajes al corazón de la selva amazónica, que comparten Brasil y Venezuela, quedó como testimonio el libro Faces of the Rainforest, publicado en 2002. Igualmente, Valdir Cruz visibilizó a los Yanomami al exhibir sus fotografías en la galería neoyorquina Throckmorton Fine Art. Entre finales de 2017 y principios de este año, el fotógrafo celebró los veinte años de su primera exposición sobre el tema Yanomami con la muestra individual Presences, que incluyó una selección de imágenes de tres proyectos: The Water’s WayRoots y Faces of Rainforest.
Cruz ha sido galardonado en dos ocasiones por la Fundación Guggenheim. Sus imágenes han sido comparadas por los críticos con las de los indios norteamericanos fotografiados por Edward S. Curtis y sus obras han sido adquiridas por coleccionistas privados y algunas de las pinacotecas más importantes del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Brooklyn, la Librería Pública de Nueva York, Museo de Arte de Sao Paulo, Museum of Fine Arts en Houston y el Smithsonian Institution.
En su caso, la fotografía es memoria. Memoria de una civilización primigenia amenazada por la extinción.

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