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Rafael Simón Jiménez: 20 de mayo: ¿Quién gano? ¿Quién perdió?

 

Los resultados arrojados por los comicios del pasado domingo 20 de mayo, arrojan un saldo desolador para todos los actores políticos, y peor aun para la inaguantable situación que vive Venezuela con todas sus trágicas consecuencias económicas y sociales, y lejos de constituirse en una esperanzadora realidad que despeje la “luz “al final del largo túnel de destrucción y confrontación vividos por casi dos décadas, nos sumergen en el escabroso mundo de los imponderables y las incertidumbres.

El gobierno, aparente ganador a la luz de las cifras anunciadas por un CNE cada vez más cuestionado, logro formalmente el éxito de su perversa estrategia de convertir su extrema debilidad en precario éxito electoral con una jugada que galopa sobre el conocimiento “detallado y predecible “de sus adversarios. Como se puede transformar en victoriosa  una cada vez más encogida fuerza electoral. Solo de una manera: dividiendo y tasajeando la  fuerza de sus adversarios en distintas posiciones contradictorias e irreconciliables que te lo faciliten, y eso fue exactamente lo que sucedió. El régimen logro que los opositores se escindieran  en partidarios de la vía electoral y abstencionistas, y más aun, para asegurarse que su estrategia no corriera riesgos, inventaron una “candidatura “que también dividiera a quienes estaban dispuestos a sufragar, fraccionando la contundencia del voto por el cambio y de esa manera obtener un resultado que revelando lo deteriorado de su base política, social y electoral, sin embargo les asegurara – por ahora – su continuidad en el poder.

La abrumadora mayoría descontenta y partidaria de una urgente transición, quedo diluida en los distintos segmentos que la diáspora del voto opositor genero con sus divisiones. Abstencionistas, partidarios de Henry Falcón, y  seguidores de la candidatura probeta del pastor Bertucci, suman en su conjunto tres veces más voluntades que la disminuida votación a favor de Maduro, pero sin eficiencia para generar un cambio, y por el contrario viabilizaron la continuidad de un gobierno destructivo y ruinoso.

La oposición que defendiendo la vía democrática, electoral, pacífica y constitucional, delineada  por la MUD como la única posible para generar los cambios, se núcleo en torno a la postulación del ex gobernador de Lara, no logro el objetivo de transformar el descontento en mayoría comicial capaz de echar a Maduro de Miraflores, frente a una matriz abstencionista alentada desde la dirección del llamado Frente Amplio, que logro cabalgar sobre la desconfianza y el escepticismo de numerosos  electores, y alentar ilusiones sobre las consecuencias que traería un elevado número de ciudadanos negados a concurrir, lo que supuestamente deslegitimaría al régimen, al calco fiel de la fallida y catastrófica abstención del 2.005.

Los altísimos niveles de desmotivación electoral reflejados en las bajas  cifras de concurrencia a la convocatoria electoral del pasado 20 de Mayo, crearon entre los que habían llamado a no votar una efímera y fugaz sensación de éxito. En efecto si nos guiamos por los números, la abstención corono con éxito su propósito, solo que ese éxito va acompañado de una pregunta lógica ¿Y ahora qué hacer? Porque como bien ha podido constarse a lo largo de la experiencia universal la no participación tiene una facilidad en su práctica, porque en definitiva es asumir una posición pasiva u  omisiva, de la que en ninguna parte del globo terráqueo han logrado obtenerse resultados que ayuden o aporten al cambio político y la transición que se desea, Muchos de los más  bullarangosos defensores de la abstención han ido progresivamente arriando velas hacia el desconcierto al no saber y por tanto no poder  ofrecer a quienes obedecieron su línea política ningún camino, ninguna hoja de ruta que nos conduzca a sacar a Maduro del poder.

Si quisiéramos dar respuesta a la pregunta que encabeza este artículo: ¿Quién gano?  y ¿quién perdió? La respuesta no sería fácil. El gobierno saco más votos  que sus contendores electorales, pero su victoria no obedece a sus fortalezas o bondades, sino a la incapacidad de sus adversarios para formular y vertebrar una estrategia efectiva y unitaria que encause  y fructifique el inmenso descontento del país. El sector de quienes apoyamos a Henry Falcón, obtuvimos un resultado muy por debajo de las expectativas y de los apoyos que reflejaban las encuestas y el clamor de la calle. Los propulsores de la línea Abstencionista en principio tuvieron seguidores mayoritarios, solo que la desmotivación, la pasividad y la inacción que en lo grueso significo el no ir a votar, se muestra intrínsecamente incapaz de generar una política que ayude a una transición que el país reclama con urgencia.

Una lectura correcta del resultado electoral obligaría a los actores a un cambio sustancial de posturas. El gobierno con su victoria pírrica queda en igual o peor posición que antes del 20 de mayo siendo ostensible su incapacidad para mejorar siquiera, la caótica situación en que han sumido a los venezolanos. Tendría entonces si desea mantener algún margen de estabilidad y gobernabilidad que hacer cambios y reformas profundas en sus concepciones y comportamientos. Adelantar un sincero proceso de rectificación en lo económico, político, social, moral e institucional, renunciando a su pretensión hegemónica y a sus anacronismos y adscripción a ideas fracasadas y absurdas.

Lo que genéricamente se denomina Oposición, hoy escindida al menos en dos bloques tiene que imponerse un profundo proceso de rectificación y autocritica. Las Fuerzas que respaldaron a Falcón tienen que hacer su mea culpa sobre los resultados obtenidos, colocando la lupa sobre sus incapacidades y limitaciones para convencer al grueso del electorado de la utilidad del voto como instrumento de cambio democrático. Los sectores alineados en torno a lo que ahora se denomina MUD-FRENTE AMPLIO, tienen que realizar no solo un profundo trabajo de reingeniería, que los conduzca a construir un mecanismo realmente unitario que trascienda a intereses sectarios,  individualistas  y mezquinos privilegiando el interés nacional.

Igualmente se impone en el conjunto de las fuerzas que coinciden en la propuesta de cambio, una discusión sobre la estrategia que viabilice la transición. Existe un debate pendiente sobre las vías para derrotar al gobierno, hasta ahora siempre se ha afirmado que el camino es constitucional, electoral, pacífico y cívico, colocando en el centro de los instrumentos al voto como factor de cambio.

La MUD-Frente Amplio debe de cara al país y a sus propios seguidores, definir si van a pasar del abstencionismo coyuntural al abstencionismo crónico, es decir si para ellos la participación electoral queda descartada hasta tanto se restituya en Venezuela una democracia con todas las garantías, y de ser afirmativa esta conclusión y para claridad de sus adherentes debe plantear cual es la política que sustituye a la electoral: ¿Salida militar? ¿Insurrección popular? ¿Inherencia extranjera? ¿negociación? Es decir orientar y darle brújula política a sus seguidores desconcertados al no percibir la utilidad práctica de sus posturas.

¿Quién gano? ¿Quién perdió? En las elecciones del pasado domingo. Pregunta difícil de responder. El gobierno demostró su orfandad de apoyo popular, reducido a menos  del 25% del electorado. Los partidarios de Falcón obtenemos una votación muy por debajo de las expectativas y pronósticos. Y los Abstencionistas declarados y disfrazados actuando al alimón, obtienen un altísimo porcentaje, incapaz de surtir ningún efecto positivo en términos de sacarnos de la tragedia actual. Al final podríamos concluir que perdimos todos, pero sobre todo perdió la martirizada y destruida Venezuela.

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