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José Manuel Rodríguez: Como el crucero de las iglesias

 

La desvencijada Europa, esa que continúa viéndose como centro del mundo, pretende decirnos como se es demócrata. Ahora otro veterano periodista, el ítalo-argentino Roberto Savio, es el que oficia la misa. Pretende revelarnos por dónde van las cosas. Tomo aquí, con la imprudencia de las tijeras, lo que me pareció significativo del oficio mencionado:

-Afirma que las raíces de la crisis vienen de tiempo atrás, y señala algunas: Un plan de gobernabilidad global que llaman Nuevo Orden Económico Mundial… La  ilusión por el final de las desigualdades… El nacimiento de una nueva visión del mundo: la sociedad no existe, existen los individuos…

-Asevera que la política debe resolver problemas concretos, no andar buscando utopías… Y lo dice a pesar que aclara que la solución de los problemas sin insertarse en una visión final de la sociedad (de derecha o izquierda, poco importa) es utilitarismo…

-Su balanceo de un lado y del otro continúa al reconocer como cierto que La globalización neoliberal es una ideología de una fuerza sin precedentes…

-Repite el eterno cuento político de los liberales europeos: la socialdemocracia es una política proactiva basada en hechos concretos, sin jaulas ideológicas ya superadas…

-Su eurocentrismo le gana a Trump: del libre intercambio y competencia de Reagan, hemos pasado a los intereses americanos únicamente: America first…

-Asegura que los conflictos por la democracia, nos ha llevado al caos, la guerra civil, la sangre y la destrucción…

-Alega que, de la ética fundamentada en la codicia, se ha pasado al del miedo…

-Señala, lo sorprendido que están intelectuales y politólogos (él es uno de ellos), ante la pasividad de los ciudadanos…

-Y en el rol de visionario vislumbra un problema estructural que los políticos ignoran…

Así funciona un pensamiento “equilibrado”, como el de sus socios Óscar Arias y Mijaíl Gorbachov. Montados en la institucionalidad internacional se colocan en el centro de las catedrales. Tal cosa les otorga relevancia y sonoridad. Vivir “distanciado” de los campos confrontados los hace acompañantes higienizados de cuanta crisis se produzca. Aunque no alivien ninguna.

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