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León Moraria: La confusión

 

El país navega en un mar de confusión.

Siempre la izquierda y la derecha habían estado bien delineadas, lo cual no creaba confusión para nadie. La izquierda siempre dirigía todo lo relacionado con las luchas sociales. Y la derecha siempre estaba enfrentada a esas luchas sociales. Pero esa claridad de objetivos se perdió por la confusión que creó en las masas la llegada al gobierno de un militar anticomunista promovido por la izquierda claudicante y por Fidel Castro, cuyo único interés era obtener petróleo para sacar la Revolución cubana del dificilísimo trance en que se encontraba por el derrumbe de la Unión Soviética. De esa coyuntura internacional surge Chávez y se crea la farsa que todos conocemos.

Por su culto a la personalidad, este personaje sirve los intereses y planes del Imperio (golpe de Estado del 4 de febrero) y luego, a pesar de su anticomunismo por su ideología militar, no tiene escrúpulos en vestir el disfraz del falso izquierdismo revolucionario y socialista.

En el gobierno de Chávez hay que distinguir: el gobierno de las apariencias y el gobierno de las realidades. El gobierno de las apariencias referido a ciertas reivindicaciones populares con fines electoralistas para la permanencia en el poder. Y el gobierno de las realidades, de clara referencia neoliberal, con lo cual prepara las condiciones necesarias para la entrega de los recursos del país a las transnacionales capitalistas de cualquier gentilicio: chinas, rusas, iraníes, estadounidenses, francesas, canadienses, entrega que ahora ejecuta Maduro (Faja del Orinoco, Arco Minero, etc.). El capital no tiene gentilicio ni hay un capitalismo bueno y otro malo. El capital es el capital.

La política de las apariencias creó la confusión en nuestro país, en el continente y el mundo de estar en marcha un proceso revolucionario y el renacer del socialismo, luego de lo ocurrido en la Unión Soviética y países del Este de Europa. El desarrollo de esas dos necesidades condujo a la situación que estamos viviendo: desastre y ruina económica, por cuanto el socialismo y la revolución nunca existieron, eran simples apariencias. El chavismo, desde su aparición como gobierno, no podía adelantar ese proceso de transformación por cuanto ha carecido de la elite intelectual para dirigirlo. Ahí están los resultados. Los gobiernos no se evalúan por su discurso, sino, por los resultados.

El desastre y ruina nacional es obra única y exclusiva de las políticas del gobierno: devaluación de la moneda, endeudamiento, subsidios (contrabando de extracción); paulatina declinación de la producción petrolera (de 3 millones 500 mil barriles diarios en 1998 a 1 millón 500 mil barriles diarios mayo 2018); ruina de las industrias nacionalizadas y parálisis de la industria privada, la agroindustria, la agricultura; paulatino deterioro de los servicios (agua, aseo urbano, electricidad, gas, combustibles, salud, educación, vialidad); y pare de contar, por cuanto, fuera de los procesos electorales fraudulentos e inconstitucionales ¿Hay algo que funcione en el país? En esas políticas del gobierno chavista, no figura para nada, la mano infame del imperialismo, excusa utilizada para tapar o pretender justificar los fracasos. Pero, ante semejante ganga que le ofrecen, el imperio capitalista no puede dejar de ser lo que es y atacar con medidas económicas a un país cuyo discurso “atorrante” – como dicen los argentinos – le resulta adverso, molesto, en medio del servilismo de los gobiernos a escala internacional.

Lo que ocurre en Venezuela, de ruina y desastre económico, no lo fraguó el imperio, es fruto de las erradas políticas del gobierno que el imperialismo aprovecha. Según el decir popular, “el niño que es llorón y la madre que lo pellizca”. De un lado el imperio prepotente y del otro, el gobierno que le sirve en bandeja las posibilidades de agresión para que aplique, por ejemplo, medidas económicas restrictivas a funcionarios (jerarcas del gobierno) y prohíba ciertas transacciones internacionales.

El gobierno habla tanto, de invasión militar imperialista, que ya no se oye como denuncia, sino, como súplica para que ocurra, y el chavismo demostrar que era cierta su denuncia, tapar su fracaso y salir como defensores de la patria. La denuncia de agresión todos los días, parece decir – “Por favor imperialistas ¡Invádanos! Pero, quedaron defraudados cuando altos funcionarios del gobierno estadounidense declararon que, aun cuando esos planes figuren en el Comando Sur, tales denuncias o deseos chavistas no figuran en sus planes. Lo cual causa gran frustración en Maduro, al no poder lanzar de nuevo la proclama de Cipriano Castro.

¿Por qué tanto lloriqueo del gobierno con su inventada “guerra económica” si la ruina y desastre de la economía es obra de Chávez y Maduro, quienes crearon las condiciones para la agresión imperial que se realiza por medio de campañas mediáticas y medidas económicas? No teníamos por qué haber llegado a la terrible situación que padecemos, por cuanto en los 13 años del gobierno de Chávez, el país recibió la inconmensurable cantidad de 1 billón 500 mil millones de dólares, más las fructíferas relaciones con China, Rusia, Irán, Brasil, Colombia (6 mil millones de intercambio comercial), Estados Unidos (90 mil millones de préstamos de la Banca, más el 60% de la balanza comercial, más la compra de petróleo). Todo eso y mucho más fue tirado por la borda. ¿Alguien puede explicar cómo un país con tan extraordinaria relación comercial, ingreso de divisas e ingreso fiscal, en cinco años se hundió en la ruina y desastre que padecemos? Una cosa son las políticas imperialistas, que valen para todos los países, y otra muy distinta es la incapacidad del gobierno chavista para utilizar ese inmenso capital de recursos (dinero), y relaciones económicas y comerciales.

Pero el fracaso del gobierno chavista no es sólo económico, peor aún es el fracaso institucional, que destruyó todo lo creado en lo que llaman la Cuarta República, sin que fuera sustituido por algo, si no mejor al menos igual. Por ejemplo, de gran importancia en la situación actual, son las organizaciones sociales, todas desaparecieron o figuran como apéndices del gobierno: sindicatos, gremios. En Venezuela no quedó organización social que en forma autónoma y planificada levante la voz de protesta contra las arbitrariedades del gobierno y por reivindicaciones populares. Las mayorías nacionales quedaron huérfanas de organizaciones autónomas.

Dijimos al comienzo que entre la izquierda y la derecha las funciones estaban bien delineadas. Pero ahora vemos, como, la derecha burguesa levanta banderas de reivindicaciones sociales. Vemos a Fedecámaras reclamar ante la OIT los contratos colectivos y las reivindicaciones laborales, salario para los obreros, solución a la pobreza. Vemos a la MUD, como agrupación de partidos de la derecha, reclamar reivindicaciones sociales (María Corina, Julio Borges, el pastor evangélico Bertucci, el neoliberal Falcón, el militar anticomunista Visconti). El mundo al revés. Esa es la gran confusión que existe en el país y tiene frenada la movilización de masas para liquidar este gobierno tramposo, petulante, mafioso, corrupto hasta los tuétanos.

La labor de quienes en la izquierda no hemos participado de esta farsa, es la de aclarar los conceptos, delinear de nuevo los campos de la derecha (gobierno chavista, militares, la MUD, Fedecámaras, la jerarquía católica y sectas evangélicas de la CIA); y la izquierda (proletariado, campesinado, profesionales progresistas, universidades nacionales, sindicatos, gremios, etc.). A la lucha se va con claridad de objetivos y planes o se aplaza hasta que las mayorías nacionales encuentren el camino de su propio destino y no puedan ser vapuleadas por farsantes como Chávez, Maduro, Falcón, Bertucci, la MUD. En este gran mar de CONFUSIÓN navega el país

Valgan estas ideas escritas con prisa, para sumarlas a la discusión.

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