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El trato de EE.UU. al presidente reelecto de Venezuela se parece a la historia de la película “Emperador”

 

El trato de EEUU al presidente reelecto de Venezuela se parece a la historia que cuenta la película japonesa-norteamericana “Emperador”.

Por Jaime Granda

No es fácil asimilar lo que ha pasado en la primera semana de la reelección de un presidente, supuestamente aborrecido por sus compañeros chavistas, por toda la dividida oposición y el imperio norteamericano.

Resulta que en esa primera semana, el presidente reelecto se ha reunido con altos funcionarios norteamericanos y ha puesto en libertad plena a un misionero mormón que fue acusado de “espía jefe de la CIA en América Latina”.

Lo ocurrido luce complicado a primera vista y puso en evidencia que un senador norteamericano de origen latino y un alto dirigente del partido de gobierno en Venezuela ignoraban que existía un canal secundario (backchannel) entre los gobiernos de EEUU y Venezuela.

Para disgusto de dirigentes opositores que apuestan a una intervención más radical del gobierno norteamericano contra el gobernante que ellos no han podido remover, el gesto del mandatario reelecto fue reconocido en Estados Unidos.

Por la velocidad con la que se dieron los acontecimientos de la liberación del norteamericano y su esposa ecuatoriana-venezolana y su viaje a EEUU, luce que era algo que se venía preparando con antelación. Es decir, eso no fue algo surgido de repente.

Consideramos que algo puede aportar a entender lo ocurrido después del 20 de mayo en Venezuela, la historia del emperador japonés Hirohito mostrada en la película japonesa-americana “Emperador”.

Esa cinta cuenta cómo el general norteamericano Douglas MacArthur perdonó la vida a Hirohito, emperador N° 124 de Japón, quien se mantuvo en el trono desde el 25 de diciembre de 1926, tras la muerte de su padre Yoshihito, hasta el 07 de enero de 1989 cuando murió.

Los hechos presentados en la película ocurrieron en 1945, al final de la II Guerra Mundial, cuando EEUU ocupó a Japón y el 2 de septiembre ese país firmó su rendición oficial.

Aunque casi todos apuntaban a que el emperador era responsable de todos los daños ocasionados por Japón durante la II Guerra Mundial y la comunidad internacional esperaba fuera castigado, el gobierno norteamericano le impuso algunas exigencias pero lo dejó en el trono.

El 70% de los norteamericanos pensaba que el emperador Hirohito debía ser castigado por crímenes de guerra; los periódicos rusos, australianos y británicos exigían su cabeza, cuenta la historia.

El general Bonner Fellers, su especialista en Japón, convenció al general  MacArthur de que acabar con una figura de culto en un país de fanáticos, desquiciado por la guerra y masacrado por dos bombas atómicas, tendría consecuencias, y que era mejor utilizar el carisma natural del hijo del Sol para gestionar la ocupación sin más contratiempos. El general informó a sus superiores y procedió en consecuencia.

Japón fue reconstruido a imagen y semejanza de EEUU, cambiando la sociedad medieval por un Estado democrático con una Constitución moderna regulada por un Gobierno elegido democráticamente. El primer ministro, Hideki Tojo, y otros seis funcionarios fueron juzgados y ejecutados. Hirohito se salvó, después de aceptar su condición humana y no divina ante el enviado norteamericano.

 

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