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Thays Peñalver: Venezuela es un restaurante

 

Un periodista español que cubría el cataclismo venezolano en el inicio de la campaña electoral, que hoy tampoco reconoce uno de los contendores, me preguntaba con toda razón sobre la veracidad de las palabras del presidente negando la crisis humanitaria: “Manden una cámara a los restaurantes de Altamira, La Castellana, Las Mercedes –dijo- para que vean la crisis humanitaria y las garrafas de whisky que pasean por ahí. Esa es Venezuela” sentenció. Lo primero que le contesté es que aquello es una contradicción “de toda la vida” de esas que lucen obvias pero no lo son. De hecho es un argumento muy común utilizado ampliamente por algunos políticos en el tercer mundo. Usted no puede juzgar el hambre del pueblo de Guinea, porque el presidente dijera lo mismo y su hijo conduzca un Lamborguini, de la misma manera que tampoco puede juzgar el hambre de los somalíes, por las bacanales que hacían los funcionarios que repetían lo mismo a los periodistas, en un famoso hotel de lujo en Mogadishu.

Yo también alguna vez utilicé esa retórica de contradicciones hasta que una amiga madrileña- hoy fallecida- un buen día me bajó a tierra, cosa que le agradecí de por vida: “esa es la misma tontería que alguien te dijera que los españoles no pasábamos penurias y hambre en la postguerra porque el Pasapoga estaba colmado en sus fiestas de disfraces con orquesta o los restaurantes de las zonas ricas de Madrid, estaban repletos”.

Aquello fue una lección de vida que entendí muy bien y apliqué hasta en mis lecciones de derecho. Pues el hecho de que los pocos ricos y nuevos ricos colmen los restaurantes que quedan, no es un indicador de que los millones de pobres no pasen hambre y que la clase media se prohíba por motivos económicos regalarse un almuerzo o una cena, cosa que era normal hasta hace algún tiempo. Es un axioma difícil de entender, como aquel que reza que “las cárceles son solo para los pobres” algo que también es una frase impactante sustentada en estadísticas que venden mucho al público, pero que me he cansado de contrarrestar, pues el hecho de que un rico pueda evadir la cárcel, no será jamás prueba de que el pobre no cometió el delito.

Por eso hay que revisar la última frase: “Esa es Venezuela”, no solo porque nos indica un total divorcio con la realidad social (mismo divorcio de la clase política antes de Chávez) sino porque es un reflejo claro de que en el seno del chavismo se vive bastante bien. Si él no ve pobreza y penuria en su entorno, pues como va a creer que los venezolanos la estamos pasando muy mal. De hecho, ellos viven tan bien que finalmente y por primera vez en la historia, ganaron las elecciones en Altamira, La Castellana y Las Mercedes, tanto como en el Country Club, arrasó en el Alto Hatillo y empató en muchos de los centros de clase media alta  sacando una “altísima” votación hasta en La Lagunita  – y esto que hay que explicárselo al lector extranjero – son las zonas donde habitan las clases más “favorecidas” de Caracas, esas que colman los restaurantes. Busque amigo lector en las zonas de clase alta y media alta a lo largo y ancho de Venezuela en Valencia, Barquisimeto o Maracaibo y se encontrará a miles de votantes chavistas que hacen su vida en zonas donde las casas cuestan más de un millón de dólares.

De manera que el chavismo, desde su punto de vista, no miente. Un restaurante de Altamira, La Castellana o Las Mercedes “Es Venezuela” pero para ellos. Pero hay otra verdad escondida y por eso yo le recomiendo a la prensa extranjera que lleven dos cámaras, pues los restaurantes tienen dos puertas. Una cámara para la puerta trasera que es donde muchas personas se agolpan y es organizada por números, para llevarse las sobras, de una minoría que entra por la puerta delantera y que es donde debe estar la otra cámara mostrando quienes son los que colman los restaurantes, con sus camionetas de último modelo, grupos de escoltas y como explica bien el presidente pasean “las garrafas de whiskey”.

Pero si ese periodista hubiera dejado las cámaras en los últimos cinco años, se daría cuenta de lo que ya “no es Venezuela”. Se percataría que algo cambió con el paso de los años. Quienes antes consumían en los restaurantes eran, como en todos los países y en su mayoría, la clase profesional, gerencial y comercial. En los restaurantes de Altamira, La Castellana o Las Mercedes era usual ver a los altos gerentes y sus familias, los de Kellogg’s saludaban amistosamente a los de Kimberly-Clark, los de Clorox cruzaban tarjetas con la gente General Motors, los de Café Madrid se daban la mano con los de Fama de América, de la misma manera que el tren gerencial de Avianca o United se fundían con los de Alitalia o Lufthansa en un almuerzo de un día cualquiera. También iban los empleados de PDVSA, de las cementeras, los profesionales del aluminio o del hierro, los empresarios medianos de las 526 grandes empresas privadas que sufrieron expropiación, confiscación, nacionalización y re-estatización (Fedecamaras) o de las 265 mil empresas venezolanas que cerraron sus puertas o los dueños del sesenta por ciento de los comercios que bajaron sus santamaría e iban siempre a los mismos restaurantes, sin escoltas ni grandes parafernalias.

Los restaurantes eran colmados por las familias y empleados de estos 900 mil emprendedores y profesionales, millones de personas que producían, comerciaban y creaban empleo apuntalando la economía. Personas que ya no están, porque se fueron del país o ya no tienen como pagar porque perdieron sus empleos, sus fábricas, sus granjas o sus comercios. Así que si no son la clase profesional, si no son los gerentes de las grandes empresas y fábricas, de las transnacionales, de las 265 mil empresas cerradas o los dueños del centenar de miles de tiendas cerradas ¿quiénes colman hoy los restaurantes? “Esa es Venezuela” al menos la que debería retratar el periodista que lleve las cámaras.

Por supuesto que pudiera presumirse que se trata de los nuevos “gerentes” y que estos tienen los mismos derechos que los anteriores. Pero el problema es que hay  nuevos gerentes de la ex Clorox, pero no hay cloro, hay nuevos en la ex Kimberly-Clark pero no hay pañales, los que tomaron las ensambladoras no hacen carros, tampoco hacen café, ni cemento, como tampoco briquetas de aluminio, ni ponen aviones a volar y ni venden ya, un tercio del petróleo que producían los anteriores.

Allí radica el problema principal del socialismo tercermundista, es mentira que es producto del resentimiento, se trataba simplemente de envidia. No querían los “medios de producción” para producir más y mejor “en socialismo”, querían la vida del dueño de esos medios, sin producir. No querían las casas para acomodar a gente sufrida, querían vivir en las casas del rico, no querían educarse afuera sino viajar en primera clase como lo hacía el dueño, salir con las novias y las modelos del dueño y ser “respetados”, pero sin haberse roto jamás la espalda trabajando, como si hizo el dueño. El resentimiento y muy fuerte vino después, cuando luego de una retórica contra esa vida, empezaron a colmar los restaurantes y ser caceroleados en los, cuando lógicamente sintieron la indignación del resto y no fueron respetados.

A fin de cuentas lo único cierto que tiene la frase sobre que los restaurantes son Venezuela, es el terrible abismo que separa a la clase dominante con el deber ser y la realidad, que no es otra que “esa Venezuela”, la que “saca a pasear las garrafas de whiskey” inundan los restaurantes sin producir un tornillo, o mejor dicho sin fabricar cloro, pañales, café, comida, aluminio y en breve petróleo, es decir sacan a pasear sus garrafas, que cuestan servidas mucho más que su sueldo, sin haberse ganado ni el dinero, ni mucho menos el derecho para comprarlas.

Yo celebro que haya sido el propio chavismo el que corrió este velo y dejado al descubierto lo que a tantos venezolanos de bien le ha molestado a lo largo de estas casi dos décadas, el exhibicionismo descarado en los restaurantes y en las primeras clases de las líneas aéreas. “Esa es Venezuela”, si, un caso único porque cualquier pobre con sueldo mínimo en Perú, o Ecuador puede sacar a pasear unas seis garrafas de whiskey, caso distinto al del microcosmos de comensales venezolanos que “abren el frasco” es decir la botella de licor, que cuesta varios meses de sueldo del que en la puerta de atrás toma un número en las afueras del restaurante, para que le entreguen las sobras del “nuevo hombre”.

“Esa es Venezuela”. El mensaje nos muestra el aislamiento al que está sometido quien debería conocer lo que ocurre en cada rincón o lo que es peor, que lo sepa y aún así, compare a la Venezuela que sufre, con la Venezuela de los restaurantes de lujo. Ambas por lo demás son dramáticas para quienes hoy piden una lata de leche de fórmula para un niño recién nacido porque no hay en existencia, pero si hay nuevas camionetas para los comensales, los medicamentos para quienes padecen enfermedades crónicas, pero si tickets en primera clase, los insumos para los hospitales públicos o la falta de alimentos se están yendo descaradamente en los almuerzos de esos comensales que “pasean sus garrafas de whiskey”, cuando deberían estar produciendo, mientras lo único que está en ascenso y cada día más, es la taza de desnutrición infantil.

“Esa, es Venezuela”.

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One thought on “Thays Peñalver: Venezuela es un restaurante

  1. Thais enfrenta la contradiccion aun cuando siempre lo hace (toda la vida lo ha hecho) mediatizandola o relativizandola. aun cuando han pasado 20 an;os, ella ratifica eso de que: “siempre ha sido asi”, “cosa que era normal hace algun tiempo”.
    Es decir ella critica (?realmente lo hace?) manteniendo un pie en los 40 an;os anteriores. es justificar lo que hacen los chavistas al pais, pero hacerlo cuasi veladamente.
    Es decir le da pena reconocer que ella formo parte de esos 40 an;os aun cuando aparezca ahora como alguien totalmente asceptico. Es decir el sindrome de quienes de una u otra forma apoyan o apoyaron a pablo escobar reconociendole sus “bondades” con muchas causas sociales.
    O nos deslastramos de “ayer era igual” o tendremos chavismo para rato porque lo merecemos. Y creo que en esto Thais lleva la delantera. Ya lo demostro en su terrible campan;a contr Capriles durante las protestas de 2017. Su campan;a termino cuando inhabilitaron a Capriles. Creo que es dia Thais brindo con Guisqui del bueno y se lamento no tener desde ese momento relleno para sus acidos y destemplados comentarios. LAMENTABLE

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