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Rafael Simón Jiménez: Democracia con presos políticos, no es democracia

 

Convivencia, pluralidad, tolerancia, respeto por quien piensa diferente, preeminencia de los derechos humanos y la dignidad de los ciudadanos, se constituyen en valores definitorios de todo sistema  de libertades, por lo que resulta un contrasentido inadmisible la existencia de presos, perseguidos, exiliados por razones  políticas, o de conciencia en un régimen que se defina como auténticamente democrático.

En La Venezuela de las últimas dos  décadas, los ciudadanos  hemos contemplado y padecido la pretensión de imponer desde el poder una hegemonía,  cuya premisa fundamental ha sido la de asentar  un modelo  sectario, excluyente, cismático y polarizador, que arremete y busca aplastar a todos quienes piensan distinto y con profusión de razones y argumentos se oponen a unas políticas ,  cuyo fracaso resulta cada día mas evidente a la luz de los insoportables sufrimientos y padecimientos que hoy vive la población venezolana, y la destrucción y la ruina presentes en su economía y sociedad.

Ese sistema de imposición forzada de un modelo fracasado,  lleva por supuesto implícito la persecusion, el acorralamiento, y la siquitrilla judicial del adversario, lo que en la práctica se ha traducido en centenares de presos políticos y exiliados, y la denuncia de violaciones masivas de derechos humanos, incluyendo practicas como la tortura, los tratos crueles y degradantes, las desapariciones forzosas, las ignorancia del debido proceso y las garantías constitucionales, conformándose un estado policial más propio de un régimen totalitario que de un estado democrático.

La realidad política impuesta tras los resultados electorales del pasado 20 de Mayo, ha generado desde el gobierno, intenciones de aperturar un dialogo y una negociación política, supuestamente destinada a restablecer un clima de convivencia y respeto democrático, en torno al cual puedan generarse unos acuerdos mínimos en   temas prioritarios para la sufrida población venezolana. Esta declaración de buenas intenciones ha sido recibida por los sectores mayoritarios del país con una mezcla de dudas, escepticismos y aprehensiones más que justificadas, por el fracaso deliberado de anteriores gestos en la misma dirección, que han terminado de periclitar ante la manipulación, la falta de seriedad o cumplimiento, o su utilización oportunista como simple mecanismo para ganar tiempo frente a situaciones  donde el gobierno siente comprometida su estabilidad.

El dialogo, la negociación y la búsqueda de consensos y entendimientos, jamás debe ser descartada por los verdaderos demócratas, por cuanto todos esos mecanismos forman parte de visiones y convicciones principistas para los defensores de la libertad, y menos aun en las cada vez más difíciles situaciones que vive el país y que comprometen la subsistencia de millones de compatriotas. Eso si estamos obligados a exigir del gobierno y sus portavoces posiciones, gestos y acciones serios que constaten una verdadera intención de abonar el terreno de los entendimientos y no simples recursos coyunturales y politiqueros que concluyan en una nueva burla y frustración para el conjunto de los venezolanos.

El tema y la gestión  de la libertad, de  casi 400 presos políticos, parece ser el camino indicado para viabilizar una agenda de negociaciones que se proyecte hacia aspectos trascendentales como la apertura del canal humanitario, el respeto y reconocimiento de la Asamblea Nacional, la definición de reformas económicas que permitan la reactivación y el reencauce de nuestra  maltrecha economía, medidas destinadas a enfrentar la emergencia social, así como la reinstitucionalización del país. Una amnistía general que vacíe de prisioneros políticos las cárceles de Venezuela, incluyendo detenidos civiles y militares y que permita el retorno de quienes han tenido que exiliarse para evadir la persecusion por razones de conciencia, generaría un estado de opinión propicio para la construcción de un escenario de entendimiento.

Todas las libertades parciales, hasta ahora concedidas por el gobierno, son bienvenidas, se trata de ciudadanos algunos de los cuales han tenido que purgar largos años en condiciones extremas y cuyo reintegro a la  vida normal debe complacernos, pero las  exigencias de las fuerza opositoras como bien lo dijera el dirigente de COPEI Pedro Pablo Fernández, a su salida de una conversación con el Presidente Nicolás Maduro en el palacio de Miraflores, es no de plantear listas parciales o nombres de potenciales beneficiarios de las medidas de gracia, sino la de solicitar la inmediata libertad de todos los presos políticos encabezada por Leopoldo López, Iván Simonovich, el general Raúl Baduel, los policías Metropolitanos,  que llevan largos años tras las rejas.

Bienvenidos a la calle todos los que han sido favorecidas con distintas medidas de libertad plena o medidas cautelares y sustitutivas, pero para que la democracia venezolana, vuelva a ser considerada como tal, hace falta que nunca más nadie sea perseguido, exiliado,  apresado o torturado por razones de posición política o conciencia, y que se genere un clima de convivencia, tolerancia, pluralidad y respeto, donde los venezolanos podamos procesar y dirimir nuestras diferencias en paz y libertad. El gobierno tiene la palabra.

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