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César Malavé: Chapoteo de ahogado

 

El Gobierno está tocado en lo más íntimo de sus fortalezas. Intuye su fin en deplorables condiciones, y arrastra a la nación entera hacia la fosa en que se hunde, con estrépito y desgracia, a la vista de todos. El régimen agoniza sin decoro y sien aliento. Buscó lealtades hasta debajo de las piedras y sólo consiguió el rechazo contundente de un pueblo hastiado de sus mentiras y desaciertos. Desmoralizado hasta lo indecible buscó un hálito vital  en la excarcelación de los venezolanos secuestrados por ser demócratas y no comulgar con el autoritarismo. Fue así como, en esa chapoteada de ahogado, y sin mayores detalles, pero dejando en evidencia lo que tantas veces negó, el régimen de Nicolás Maduro,   anunció la “liberación”  de nuestros  presos políticos, después de reunirse con los gobernadores de Anzoátegui, Mérida, Nueva Esparta y Táchira. Entre los venezolanos, presos de conciencia,  excarcelados, en el desespero gubernamental, se colaron presos por delitos comunes y acciones vandálicas no vinculados al quehacer político partidista. Inclusive, miembros de esa masa amorfa del odio denominada, por Chávez y Maduro,  colectivos. Con este acto hubo, de parte del gobierno de Maduro, un reconocimiento de hecho de que existen presos de conciencia en Venezuela, un reconocimiento de que hay personas privadas de su libertad arbitrariamente y ausencia de poderes autónomos, al extremo que muchos de ellos tenían boletas de excarcelación con data de un año y más. Independientemente de que la iniciativa sea una jugada para buscar oxigeno político de parte de un gobierno en sus estertores,  nos regocija y reconforta saber que muchas familias venezolanas estarán ahora completas y más felices. Muchos niños dormirán al lado de sus padres y muchas madres podrán secar su llanto.

En Acción Democrática sostenemos que un gobierno  que se precie de demócrata no debe tener presos de conciencia. Por ello, siempre hemos solicitado del régimen autócrata de Chávez – Maduro, no cuotas de excarcelamiento para los presos políticos, sino una amnistía general, porque no hay razones para encerrar a quien no ha delinquido. Mientras el gobierno “gozó de buena salud” hizo caso omiso a estas peticiones y por el contrario, agudizó la situación de quienes no comulgamos con la autocracia militarista. El derrumbe comenzó con la victoria de las fuerzas democráticas en el 2015. La Mayoría en la Asamblea Nacional arrinconó, en el tablero del ajedrez político, a un gobierno que no “daba pie con bola”. Desconocieron esta victoria con las trapisondas de Amazonas, el nombramiento en carrera y con la trasgresión de la norma  del TSJ, las trabas al Referéndum Revocatorio, las persecuciones políticas y por ultimo con el llamado a la conformación anticonstitucional de una Asamblea nacional Constituyente y la invalidación de partidos políticos. A todo este pesado fardo de errores les colocaron las elecciones fuera de fecha y tutoriadas por la espuria ANC. A troche y moche se apoderaron del cascarón vacío de los centros de poder regionales y repitieron el escenario fraudulento en el ámbito nacional. Después del 20 de mayo de 2018 el gobierno de Maduro luce desdibujado aún más y sin posibilidades de lograr condiciones que alivien la tragedia de los venezolanos. Frente a la lección ciudadana, que interpretó el proceso electoral como una oportunidad para la innovación de la resistencia, Maduro chapotea en el fangal del desespero. Después de jugar con el hambre, la seguridad y la salud del pueblo, pone a prueba la ruleta de la libertad de los presos de conciencia.

@cesarmalave53

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