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Domingo Alberto Rangel: El gran fraude

 

Frase hueca como ninguna es una que diariamente repiten demagogos de cualquier nivel ante los medios y personas que asisten a reuniones políticas. Me refiero al estribillo banal que reza “el país que queremos”.

Se supone que la frase recoge el común denominador de nuestra venezolanidad. El problema entonces estriba en separar ese supuesto o real desiderátum del resto de la paja. Cosa difícil en medio de un proceso polarizador y máxime cuando muchos connacionales a la vez se pueden considerar “malcriados y pateados”.

No obstante desentrañar tiene su importancia toda vez que allí está una de las claves que explican por qué las pasadas elecciones terminaron en un gran fraude.

No es tarea fácil debido al divorcio entre los números que caracterizan nuestra realidad… y el mensaje que diariamente lanzan diputados y ministros, locutoras y periodistas, curas y pastores, académicos e iletrados, maestrillos y rectoras.

Los números no mienten: Desde 1998 a la fecha el Producto Territorial Bruto de nuestro país ha caído a la mitad según los economistas más serios.

La producción per cápita, a dólar constante, anda igualada a los niveles de 1940 cuando la Guerra Mundial había pasmado el comercio mundial.

El consumo de crudo y condensados en nuestro país no pasa de 213. 000 barriles diarios según afirma PDVSA… desde un pico de 650. 000 entre los años 2010 y 2013.

Tales números recomiendan trabajo, austeridad y producción… buscando recobrar niveles de vida perdidos.

Lamentablemente y merced a la prédica de otro tipo de valores, que lleva décadas lavando los cerebros… la recomendación de los números es impopular y por los momentos nadie quiere escuchar cosas similares.

Lamentablemente hoy día los connacionales venezolanos en su gran mayoría no desean, ni votarían por un programa capaz de sacar a nuestro país de la miseria actual. Prefieren escuchar lectores de runas que les hablen sobre salidas esotéricas.

¿Pero, qué es lo que realmente quiere esa gran mayoría de connacionales?

Simple, absurdo y ponzoñoso: ¡La inmensa mayoría quiere sueldos altos… ganados sin trabajar si es posible… y sin tener que añadirle valor a los productos salvo cuando “bachaquean”! ¡Que nos regalen muchas cosas… eso sí… “bien equipadas”… “dignas”… que los servicios sigan a precios regalados… y que las tarifas se mantengan aún en medio de la hiperinflación más salvaje!

Según grupos focales y encuestas organizadas antes de las últimas elecciones, el anterior listado de deseos que bien se puede concretar en cualquiera de los programas de gobierno que presentaron los candidatos… satisface al 73 % de los connacionales.

A esta realidad “patrióticamente” los candidatos que pugnaron por la Presidencia, apoyados en los consejos de intelectuales tapa amarilla, que antes de hablar leen las encuestas… reaccionaron con sus “programas” llenos de contradicciones. Por una parte aceptaron que el país está hundido en la miseria… pero por otra ofrecieron seguir aplicando las mismas recetas que nos han empobrecido.

En esas condiciones es patriótico caracterizar las pasadas elecciones como “fraudulentas”… aunque legales también.

Fueron fraudulentas porque en caso de que ganase cualquiera de los 4 aspirantes, incluyendo al patético señor Quijada… era imposible sobre la base de lo que proponían… satisfacer los anhelos de la mayoría de venezolanos que sin saber cómo… están seguros sin embargo de querer salir del estado de miseria que a todos nos agobia… aunque renieguen del capitalismo como solución.

¡Ese sí que fue un gran fraude mayor al que denunció Henry Ramos hace 14 años… quien aún no aporta las pruebas… mayor que el que según el ciudadano Falcón se habría originado en los “puntos rojos” y los “carnets de la patria”… mayor que la vagabundería del candidato evangélico que predicó la falta de moral… para conseguir inmoralmente negocios monopólicos con el gobierno bolivariano!

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