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La «Guerra de los Pasteles», cuando unos bollos sin pagar propiciaron un conflicto bélico

 

Durante el siglo XIX Francia quería establecer acuerdos comerciales con México para consolidar su hegemonía en las importaciones

En 1838 estalló la «Guerra de los Pasteles», o también conocida como la Primera Intervención francesa en México. Y sí, unos emparedados sin pagar se convirtieron en la excusa perfecta de los galos para desquitarse contra la recién emancipada nación de la Corona de España. El motivo de la rabieta se debía a la negativa del presidente Guadalupe Victoria en la concesión de ciertos privilegios en las rutas comerciales;

El mandatario, con mucha pena, se negó a consentir a los galos con la firma de un acuerdo económico por el contexto político de la recién emancipada nación de la Corona de España. Pues estos derechos serían para aquellas naciones que reconociesen oficialmente su independencia de la madre patria.

La paciencia del país vecino se agotó cuando un cuerpo de oficiales del mandatario mexicano provocó la ira de un pastelero llamado Remontel, quien era propietario de un restaurante en la capital. Después de que los gamberros ocasionaran unos cuantos desperfectos en el mobiliario, y de que se marcharan sin pagar, la víctima presentaría sus quejas a Deffaudis (el embajador francés en México).

Tras las múltiples denuncias de diferentes afectados por este tipo de comportamientos vandálicos; el emisario exigió a las autoridades gubernamentales la indemnización económica de sus compatriotas afincados en el país; y aprovechando la delicada situación, Deffaudis se atrevió a exigir la firma de un tratado comercial que comprometía a los intereses del gobierno mexicano.

Los bollos sin pagar, la excusa perfecta

Las actividades comerciales y profesionales de los franceses allí asentados gozaban del prestigio y del respeto de sus anfitriones mexicanos, tal y como lo afirmó el historiador Jean Meyer en su artículo «Los franceses en México durante el siglo XIX»:«Ya habían delimitado sus lugares de expansión no muy avanzado el siglo (…) Los comerciantes hicieron fortunas muy pronto y expandieron sus actividades al transporte y la industria».

Antonio López de Santa Anna. 1870
Antonio López de Santa Anna. 1870 – C.C

Sin embargo, algunos propietarios franceses se vieron afectados durante la reorganización política de México; en la cual las sucesivas revoluciones habían afectado a sus negocios. Y en uno de los muchos escenarios -según las cartas del embajador francés a su país-, el dueño de una pastelería en Tacubaya (Ciudad de México)sufrió las gamberradas de un cuerpo de oficiales. Los soldados no sólo se fueron sin pagar, sino que además causaron graves destrozos en el local durante una disputa.

El caso del pastelero y otros tantos se convertieron en la excusa perfecta de la embajada francesa para exigir a las autoridades mexicanas, la indemnización económica a los afectados y de paso, ciertos privilegios especiales que el Gobierno les negó. Por esta razón, el emisario Deffaudis abandonó el país y se dirigió a Francia a buscar una solución.

Aún a pesar de la valentía y el arranque bravucón de los mexicanos, no saldrían favorecidos durante la batalla; Santa Anna perdería una pierna y finalmente se tuvo que pagar una indemnización.

Después de abandonar la misión diplomática en México regresaría unos meses después en 1838 con diez buques de guerra. El emisario se situó frente a Veracruz, bloqueó todas las rutas comerciales y amenazó en nombre de Francia que desataría una guerra si no cumplían con las últimas exigencias.

Y sin reconsiderar su postura, Guadalupe Victoria puso a la cabeza al general Antonio López Santa Anna, a librar una batalla contra las impertinencias francesas y con vistas de mandar a todo aquel ejército al fondo del mar.

Sin embargo, aún a pesar de la valentía y el arranque bravucón de los mexicanos, no saldrían favorecidos durante la batalla -que duró cerca de un año-; pues Santa Anna perdería una pierna y finalmente se tuvo que pagar una indemnización.

«En diciembre de 1838 Victoria volvió a defender Veracruz, convocado por Santa Anna durante la llamada Guerra de los Pasteles; la marina de guerra francesa había tomado Ulúa y tenía bloqueado el puerto. Victoria fue uno de los negociadores mexicanos que se reunieron con el comandante francés en Xalapa para obtener, el 9 de marzo de 1839, un acuerdo que ponía fin a las hostilidades», explicó Will Fowler en su obra «Gobernantes mexicanos, I».

No obstante, a pesar de haber sido los pasteles más caros de la Historia se llegó a la paz, para establecerse una relación amistosa entre ambas naciones. Y años después, la corriente de pensamiento que imperaba en Francia se convirtió en el pilar más grande que sostendría el liberalismo mexicano de Benito Juárez, tras salir victorioso en la Guerra de la Reforma.

Eugenia Miras/ABC

 

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