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Rafael Antonio García: Política y perplejidad

 

Un estudio publicado en The New York Times por los politólogos Martin Giles y Benjamin Page, señala que mientras los grupos de interés y las élites económicas fueron muy influyentes en los últimos 30 años, las opiniones de los ciudadanos comunes no tuvieron prácticamente ningún impacto, concluyendo que “en Estados Unidos, la mayoría no gobierna”. Es evidente la creciente desconexión entre los ciudadanos y la política tradicional. Es hora de reflexionar sobre las causas de la decadencia de la credibilidad de las instituciones políticas. ¿Es solo un problema generacional o  es que la legitimidad del sistema político está cada vez más en tela de juicio?

Daniel Innerarity, ensayista, catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática, ha escrito un manual para hacer frente a una época de incertidumbre Política para perplejos ahonda en el camino abierto por política en tiempos de indignación  (2015), en el que el autor reflexionaba sobre acontecimientos sociales y políticos contemporáneos. El nuevo libro cuenta con un título acertado. Como explicó Ortega y Gasset, durante una crisis “no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Innerarity escribió Política para perplejos mientras impartía clases en la universidad de Georgetown, en Washington D.C. (que no Aravaca). Durante este periodo, fue testigo de la campaña presidencial de 2016, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la fuerte polarización que ha desencadenado en la sociedad estadounidense. Un punto de vista privilegiado para reflexionar sobre política y perplejidad. El autor mantiene un tono didáctico y ameno. En capítulos breves, opina sobre temas tan variados como la victoria de Trump, el big data, la interacción en redes sociales o la virtud cívica. Política para perplejos se divide en seis bloques, en los que se abordan la quiebra de las certezas que regían nuestras sociedades, la dimensión sentimental de la política, la validez de categorías clásicas de análisis (izquierda y derecha, pero también términos como casta o populismo) y qué nos depara el futuro, entre otras cuestiones. Quienes acudan a la lectura en estado de perplejidad, buscando establecer un baremo que les permita aproximarse a una realidad social y política cambiante, encontrarán Política para perplejos útil y enriquecedor. También encontrarán críticas lúcidas y accesibles de tendencias que en apariencia resultan complejas, como la cuantificación de cada vez más ámbitos de nuestra actividad social. Los lectores que busquen exposiciones más profundas o la defensa de una tesis definida quedarán menos satisfechos. Innerarity tiende a plantear asuntos identificando extremos que identifica como inviables. Así, por ejemplo, encontramos políticos que no quieren cambiar nada y otros que resultan demasiado voluntaristas. El progresismo se divide en una socialdemocracia obsesionada con el Estado y una izquierda demasiado pendiente de las calles. Frente a la tecnología encontramos a “ciberutopistas y paranoicos” igualmente desencaminados. Respondemos a la incertidumbre con cólera o melancolía, pero ambas reacciones denotan pasividad. Resulta peculiar que un autor que critica los significantes vacíos como “términos huecos” (­mostrando poca familiaridad con el concepto popularizado por  Ernesto Laclau­­) se posicione recurrentemente en tierra de nadie, convirtiéndose en una suerte de test de Rorschach. “Los actos de indignación son actos apolíticos –escribe Innerarity en una valoración de movimientos como el 15-M– en cuanto no están inscritos en construcciones ideológicas completas ni en estructura duradera de intervención alguna”. Esto mismo podría decirse de actos indudablemente políticos, como la caída del muro de Berlín. O, llegados al caso, de gran parte de la prosa de Innerarity. Pero esta falta de concreción posiblemente sea valiosa para quien busque unos contornos generales para la reflexión.

“La libertad política es la condición previa del desarrollo económico y del cambio social”. Jhon F. Kennedy.

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