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Gloria Cuenca: ¿Y ahora?

 

Ocurrió lo que tanto temía. No había que ser pitonisa para predecirlo: es decir, nada. Se cumple un mes desde haber transcurrido el bodrio electoral, en unos días. Mientras los neo comunistas-fascistas hablan, disponen y actúan como si nada, la oposición se dedica a injuriarse y a destruirse  ellos mismos, con toda la saña posible. Una verdadera catástrofe.

No me gusta hablar de estos temas, menos públicamente, pero, en vista de que no hay otra forma de ventilarlos, me atrevo. Recomiendo ampliamente el último artículo de Fernando Mires, llamado: “Cuando la política enloquece”. Hay gente que en estos tiempos ha pretendido descalificarlo. Ser demócrata no es fácil. Mires escribe, justamente para llamar la atención sobre los disparates que se han cometido, en Latinoamérica y en Venezuela, auspiciados por los mismos sectores, que se sienten con la verdad, la única, en sus manos.

Esa es una calamidad, que surge casi siempre desde la izquierda, hacia la ultra y, pareciera que también la ultra derecha, se incorpora a ese tipo de sentimientos. Nadie sabe cuánto me arrepiento de haber estado alguna vez de ese lado. (De la ultra izquierda. Por eso puedo parafrasear a Martí y decir: “Conozco al monstruo he vivido en sus entrañas”) La única excusa que tengo por haberme contaminado con esos sectores “ultrosos” fue mi corta edad.

No hay  manera que me pueda disculpar. He pedido perdón varias veces. Hay muchos que continúan insistiendo en sus errores y empeñados en que existen posibilidades, por los caminos “verdes” de salir de esta situación. No dejan de asombrarme. Parecieran estar a la espera de la invasión del imperio. No lo entiendo. Es de las cuestiones que llaman mi atención: ¿Son iguales esos opositores a la gente del régimen? Los del régimen están contentos con la invasión de los cubanos, ¿Será que esos sectores opositores serían felices con la invasión de los Estados Unidos? No se trata de quítate tú para ponerme yo. Lo que se requiere es democracia justa y efectiva.

Nada de revanchas, menos venganza. Si no se entiende esto, nuestros logros serán más lentos y difíciles. Alcanzar la meta de una democracia más completa y auténtica implica un crecimiento adulto para todos. Primero los líderes, luego los ciudadanos. Hemos sufrido demasiado para pasar de un desastre a otro. No es lo que queremos y menos aún lo que necesitamos. Ojalá lo entiendan.

@EditorialGloria

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