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José Manuel Rodríguez: Un triángulo imposible

 

Apartando las pocas empresas sintonizadas con cierta racionalidad social, lo que priva en nuestra actual economía son tres expresiones no productivas de empresas capitalistas: las atávicamente rapaces, las estatales descontroladas y las de la informalidad aprovechada. En las primeras, siempre parasitarias y ahora beneficiarias de la inflación, pagan de mala gana a sus obreros, un sueldo mínimo (a junio del 2018) que, incluyendo bono vacacional, utilidades, cestaticket y prestaciones, llega a 34.683.188 Bs. anuales. De esta manera la familia obrera venezolana, con dos adultos trabajando, gana Bs. 69.336.376.

Las empresas estatales, incluida ahora PDVSA, o están cerradas o van palo abajo. En este escenario los únicos que producen, aunque esquilmados por los distribuidores, son los pequeños productores agrícolas. Y también funcionan los bonos de compensación que otorga el Estado. Estimo en 36 millones anuales estos aportes a la familia obrera, con lo cual su ingreso sube a 105 millones de bolívares. Y como también recibe las cajas del CLAP, cuyo valor en el mercado especulativo es, en este momento, de 8 millones, generando un subsidio virtual de 96 millones anuales, esta familia alcanza un total de 200 millones de bolívares, casi tres veces su salario.

Es bueno señalar que un profesor universitario con el escalafón más alto, gana alrededor de 170 millones anuales. Si su pareja fuera gerente medio en una empresa privada, el grupo familiar llegaría entonces a los 480 millones de ingresos anuales. En tanto no reciba las bonificaciones y subsidios anteriores, su mercado para este mes de junio, se acercará a la cuarta parte de su ingreso anual. Y seguirá abultándose.

Pero veamos el caso del trabajo informal (obviando el bachaquerismo o cualquier otra actividad delincuencial). Un albañil, electricista o jardinero, trabajando por la libre, está ganando un promedio de 4 millones diarios por esas tareas. Imaginando que logra sólo hacerlo 15 días por mes, en un año serían 720 millones. Si bien está fuera del régimen del salario, recibe los bonos mencionados y el CLAP. Llegando, con los ingresos de su pareja, a los 855 millones de bolívares, ingresos que van al ritmo de la inflación.

Pues bien, a pesar de toda esta irracionalidad y las tímidas propuestas de impulsar “la otra economía”, el gobierno parece convencido que, en vez de construir una forma diferente de producción, hay que acordar un ménage à trois que funcione. Si esta inflación de 100% mensual continúa hasta llegar al 400.000% a final de año, nos pasará lo del cuento de aquel rey de Suecia que, contrató a un noble de su corte para ayudarle en las tareas amatorias con su esposa y terminó el caballero montando a los dos.

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