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León Moraria: “La paz sea contigo”. Insólito, inaudito

 

¿Puede haber alguien enemigo de la paz? La paz es como la Patria, no tiene defectos. La paz está por encima de toda otra conveniencia.

Ayer en las elecciones presidenciales de Colombia se demostró que, no sólo puede haber alguien enemigo de la paz, sino muchos, por cuanto diez millones de colombianos votaron por la guerra, para ratificar el plebiscito de octubre de 2016, cuando la votación del SI por la paz, fue derrotada por el NO en favor de la guerra ¡Insólito!

La convocatoria por el NO – parece mentira – fue hecha por la jerarquía católica y los pastores de las numerosas sectas evangélicas (promocionadas por la CIA), que ahora pululan en nuestros países. En la cotidianidad de estas sectas religiosas se realizan actos litúrgicos que finalizan con la advocación hecha por el cura o el pastor, “la paz sea contigo”; entonces los feligreses se voltean hacia el vecino de la izquierda o al de la derecha, se estrechan con un abrazo o se dan palmaditas en el hombro al tiempo que repiten la frase de marras “la paz sea contigo”. Este gesto o salutación ¿Tendrá algún sentido? ¿Servirá para algo? ¿A cuál paz se refiere?

Los resultados electorales de ayer, demuestran que la participación de los feligreses en los actos litúrgicos son un acto mecánico, inconsciente, carente de sentido y convicción, propio de un rebaño de 10 millones de electores que repiten, “la paz sea contigo”. Pero, cuando tienen la oportunidad de p0ner en práctica la sinceridad del gesto, demuestran lo contrario, la falsedad de su actitud al votar por el candidato que prometió “hacer trizas” los acuerdos de paz firmados entre el gobierno y las FARC. ¿Qué otra interpretación puede dársele a la falsa, hipócrita, cínica salutación de, “la paz sea contigo”?

Durante 230 años, desde que el arzobispo Caballero y Góngora firmó la paz con los jefes de la Rebelión Comunera (1771) y luego como Virrey (1772-1776), incumplió lo acordado al poner presos a los jefes de la Rebelión, que fueron torturados, asesinados, sus cabezas fritas en aceite y en jaula de hierro exhibidas por toda Colombia como escarmiento. Esa barbarie inaugurada por el arzobispo/virrey, ha servido de modelo en todos los acuerdos de paz habidos en la interminable guerra de 200 años de vida republicana.

La primera víctima fue el asesinato del Mariscal Sucre en Berruecos y el destierro de Bolívar; los berruecos se han sucedido con cada acuerdo de paz: el general Uribe Uribe por la Guerra de los mil días; Gaitán por la defensa de la paz; Guadalupe Salcedo y jefes de las guerrillas liberales de El Llano, por defender la vida; el genocidio de la Unión Patriótica por dejar las armas y participar en la actividad cívica de un partido político; y ahora, de nuevo, el modelo creado por el arzobispo/virrey, es aplicado contra los guerrilleros de las FARC primeras víctimas de la guerra, los defensores de derechos humanos, sindicalistas, lideres campesinos, periodistas. Todo aquel que pregone la paz, está condenado a muerte, con la advocación litúrgica, “la paz sea contigo” ¡Viva Cristo Rey! Vivan Roa Sierra, chulavitas y paramilitares. He terminado de escribir un libro que he titulado “El difícil camino de la paz” con el relato de esta infame guerra contra el pueblo colombiano impuesta por la oligarquía/la jerarquía católica/el imperialismo.

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