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Pedro R. García: ¿Dónde está el liderazgo, que Venezuela exige?

 

Inmensos sectores del país claman demandando un liderazgo que explique ¿cuáles las dificultades? ¿A dónde vamos?, ¿cuál es el camino?, ¿y qué nos esperara en la yegada? ¿O ir al encuentro de los bárbaros?

¿Qué esperamos agrupados en el foro?
Hoy llegan los bárbaros.

¿Por qué inactivo está el Senado e inmóviles los senadores no legislan?
Porque hoy llegan los bárbaros.

¿Qué leyes votarán los senadores?
Cuando los bárbaros lleguen darán la ley.

Porque hoy llegan los bárbaros. Nuestro emperador
aguarda para recibir a su jefe. Al que hará entrega de un largo pergamino.
En él  escritas hay muchas dignidades y títulos

¿Por qué de pronto esa inquietud
y movimiento? (Cuanta gravedad en los rostros.)

¿Por qué vacía la multitud calles y plazas, y sombría regresa a sus moradas?
Porque la noche cae y no llegan los bárbaros.
Y la gente venida desde la frontera, afirma que ya no hay bárbaros.

¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?
Quizá ellos fueran una solución después de todo.

(Konstantinos Petrou Kavafis-1904) 

Ubicando algunas pistas…

La acción política en el país está atestatada de casos de “síndrome de Estocolmo” con sus funestas consecuencias. Pero esa aptitud política también. De hecho es uno de los motivos que impiden la existencia de una democracia con demócratas, y que en su lugar haya una especie de panóptico donde el ciudadano, reducido a la mera condición de votante-productor-consumidor, vegete a entrega de las clases cleptómanas dominantes. Los que intentan acostumbrarse a vivir en cautividad es que al final el espíritu no se adapta a la jaula como si fuera su hogar. Se trata de una colonización primordial cuyas metástasis son nefastas por necesidad, y que hacen que siempre la culpa la tengan los de abajo por haber vivido por encima de sus necesidades. Un juego siniestro con final arreglado para que nunca quepa exigir responsabilidades a los verdaderos ejecutantes. Por eso la catástrofe del tren de Angrois queda en un delito del maquinista. Como señalo el año pasado el presidente del Parlamento Europeo, el socialista alemán Martín Schutz, en el curso de las diversas comparecencias públicas o semipúblicas que marcaron su estancia barcelonesa: en Europa “falta valor” para adoptar decisiones atrevidas, y  le falta un  liderazgo, que sea inconfundible, distinguible y potente que no está en ningún caso ni cerca ni a distancia de los aparatos burocráticos y administrativos anónimos de la UE, ni de los organismos la veintisiete voces que se reúnen tan a menudo en Bruselas. (Que decir nosotros en el país de su marcada ausencia entre los detentan el poder, y quienes lo pretenden una especie de mellizos placentarios). Podríamos estar o no de acuerdo. Ante un escenario económico y social que pese a las evidentes diferencias nos traslada a pensar en la Gran Depresión norteamericana de la década de 1930, en esa sociedad igual hoy demandan dramáticamente de uno o varios políticos del talante de Franklin Delano Roosevelt. Al mencionarlo no aludimos a las políticas keynesianas del nuevo ideal, aunque tal vez dentro de poco resultarán más sensatas e estimulantes de lo que parecían hace apenas algunos años. Me refiero a la capacidad de aquel esclarecido de Nueva Inglaterra para mostrar empatía hacia los obreros en paro, hacia aquellos granjeros inestables, desahuciados de sus tierras, como lo describe (John Steinbeck en Las uvas de la ira). Nos referiremos a su habilidad comunicativa para insuflarles moral y ofrecer esperanza a una nación asustada y perpleja, no solo con su célebre discurso inaugural “lo único que debemos temer es al propio miedo”, sino, que lo a largo de los años siguientes mientras la crisis estaba lejos de ser rendida mediante las (fireside chats), las charlas radiofónicas por medio de las cuales, cada semana, el inquilino de la Casa Blanca revelaba pedagógicamente a sus compatriotas los progresos y los dificultades en la lucha contra la recesión. “Se trata de un momento relevante para decir la verdad, toda la verdad, con franqueza y audacia”, así comenzó Franklin Roosevelt su discurso de toma de posesión en un Washington glacial al filo de la sedición, el 4 de marzo de 1933”.  En el hoy y en el aquí ¿Qué líder venezolano ha dicho la verdad, algo de verdad, frente a la manifiesta agudización de la crisis? ¿El de los encendidos retóricos discurso  que ojala el escuche? de ¿Nicolás Maduro, con sus ofertas improbables de cumplir, reciclados cambios de gabinete  y sus subterfugios? ¿Enrique Capriles, sutil figura de el Corsi e Recorsi? ¿Diosdado Cabello?, ¿Jorge Rodríguez? ¿Leopoldo López? ¿María Corina? ¿Henry Falcón? Y con su cómoda oferta de dolarización y el inteligible Se Va. Como referente del desandar del liderazgo democrático Europeo hay confrontar desde todos los flancos radicalmente esa práctica reciente que consiste en echar la culpa de todos males de la UE, al canciller Ángela Merkel, caricaturizar sobre el Cuarto Reich y contrastar la influencia germana dentro de la UE que impusieron siete décadas atrás las Panzer-divisiones de Hitler. Sin embargo, parece evidente que la señora Merkel por perfil personal, por ser la jefa del Gobierno alemán y porque la historia pesa mucho no se halla en condiciones de asumir el liderazgo político y moral (antes moral que político) que a la Unión Europea, y que los europeos están obligados a asumir. Pero en el caso que nos concierne en el capitulo Venezuela, ¿es el liderazgo doméstico ese que esta en la vértice de las instituciones del país?, la perspectiva aquí no resulta muy halagüeña. ¿Diosdado Cabello, soberbio como el más? ¿Antonio Ledezma Díaz, hoy incierto viajero y su viejo deshilachado discurso liberal? ¿Julio Borges, el jefe de PJ, insubstancial hasta la invisibilidad?, ¿La inodora por no agregar nada novedoso la ex-Fiscal Luisa Ortega Díaz?, ¿la modosa Presidente de TSJ? ¿El experto en atajos jefe de (VP), ¿la incontinente y flemática promotora de Vente?, ¿el reciente ex-candidato presidencial y sus torsiones?. Con franqueza, no me imagino a ninguno galvanizando a centenares de miles de venezolanos atormentados por su futuro. No los veo revelándonos de manera comprensible a dónde vamos, cuál es el camino, qué dificultades es preciso superar y qué encontraremos al rebasar ese primer  limite. Pero lo que las circunstancias exigen es justamente eso, o sea, todo lo contrario de lo que practica Maduro: el ardid, la tautología “hacemos lo que el pueblo quiere que hagamos” y alguna desagradable sorpresa en cada alocución publica, del jefe del partido PSUV. Pese a las dificultades actuales, debe tenerse presente por siempre lo que nos legara ese mejor dramaturgo en sus desgarradoras tragedias, William Shakespeare cuando  sentencio que “en los acontecimientos humanos también hay flujos y reflujos (mareas) que tomadas en la creciente (pleamar) conducen al éxito (la fortuna): Lo cual nos infiere que para comprender que cuando ha sonado la hora de proponerse la tarea de la conquista del poder, se nos abre el espacio de la acción revolucionaria consciente, dónde la previsión y el cálculo se unen a la voluntad y al arrojo. Justo ese “momento”, que los norteamericanos llaman “the timing”, se debe abrir el campo de acción en los factores en liza para producir el cambio histórico necesario. Situados en este espacio, pretendemos augurar como lo hizo lo un innúmero de venezolanos: de cara al 7 de diciembre del 2015, cuando una mayoría “democrática”, asumió las riendas de la conducción de la Asamblea Nacional. De nuevo la frustración, de nuevo se ratificaron nuestras enormes dudas de quienes siendo hace rato componentes esenciales de ese un apparatchik gris y sin carisma con algunos retazos de obras en los gobiernos locales, en amalgama indigesta con rancios personajes responsables compiscuos de la crisis de representación, que dio al traste con el modelo de democracia representativa, que fuerzan con sus zigzagueos ser los guías que el país necesita. Hemos convertido la defensa de nuestros derechos y el futuro de nuestros hijos en una patética representación teatral, formada por pancartas de colores, lemas rimados y festivos toques de silbato; una desnuda pantomima representada en marchas y eventos, cada cuanto tiempo con los que creemos modelar nuestro futuro, pero que tan solo está formada por retóricas cansinas arengas colmadas de promesas tramposas, que al final siempre se convierten en festejos y sones. Es necesario el momento de una oposición dispuesta a jugarse el pellejo en una apuesta tajante y definitiva en una alerta radical frente a la corrupción, la impunidad y la dramática ausencia del Estado de derecho. Eso implicara transformar a Venezuela y transformarse a sí mismo. Tememos que este “liderazgo democrático alternativo” en liza como se autodenominan no tiene el alma que la tarea exige. La idea en el país de abandonar un barco, aunque esté seriamente averiado, antes de tener otro navío medianamente estable al que subirnos, simplemente para lanzarnos a las aguas turbulentas de un cambio radical sin límites ni marco económico, histórico, cultural, jurídico, filosófico, solo resulta alentadora para los aventureros del estado de excepción permanente, del acechante pretorianismo.

 “Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”
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