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Domingo Alberto Rangel: Reflexiones sobre una matanza

 

Reflejo de la sociedad actual más allá de lo que se pueda leer en un manual de sociología fue el mortal suceso ocurrido la madrugada del sábado 16 en un club de ecuatorianos llamado Los Cotorros, ubicado en El Paraíso, Caracas, donde medio millar de personas, curiosamente para las actuales condiciones de hiperinflación, celebraban una graduación de educación secundaria, último paso antes del ingreso a esas fábricas de desempleados con título que hoy son nuestras universidades.

Esa noche allí se contabilizaron 16 muertos –después la cifra subiría- casi todos adolescentes, provenientes de las clases populares para decirlo en la jerga demagógica tan cara a los voceros del gobierno.

Los fallecidos, unos presentando politraumatismos propios de la muerte por aplastamiento y otros las señales de una asfixia, dejaron este mundo a consecuencia “de una culebra” que protagonizaron dos grupos de adolescentes. Esa “culebra”, palabra que entre delincuentes y en nuestro país es sinónimo de riña, se desencadenó cuando irresponsablemente uno de los protagonistas de la pelea detonó en el interior del club que a esa hora estaba repleto de asistentes a la celebración, una bomba lacrimógena de alto poder.

El irresponsable que detonó la bomba se convirtió en criminal cuando otros adolescentes dentro del club a causa de “la culebra” lo iban a matar apuntándolo con una pistola.

La noticia a pesar de su gravedad, apenas fue reseñada por la prensa venezolana mientras que por falta de material de apoyo tampoco acaparó titulares en los medios extranjeros.

¿Se imagina el lector qué habría pasado si la matanza hubiese ocurrido en un país donde el terrorismo ha actuado en el pasado? ¿Digamos si en vez de tener a Caracas como origen la bomba lacrimógena se hubiese detonado en Yakarta, Paris, Madrid, Moscú, incluso en Bogotá?

En ese caso estoy seguro que todos los medios habrían dedicado primer lugar a esa matanza durante al menos una semana.

Y como no fue así uno tiene el derecho a preguntar muchas cosas, pero antes cabe afinar la narración.

Aparentemente y según nos contaron sobrevivientes “la culebra” estaba avisada y fue protagonizada de una parte por el hijo del jefe de seguridad de un alto “enchufado” y por la otra estaban menores que se dedican al tráfico de drogas y los secuestros que hacen vida en los barrios de la Cota 905.

Por cierto en esos barrios los gobiernos bolivarianos intentaron en el pasado pacificar la parte delincuente de sus habitantes mediante variopintas “soluciones” que nada solucionaron: El chavismo gobernante en aquella zona intentó hace unos años pactar con los delincuentes una tregua mediante las llamadas “zonas de paz” que en esencia significaron sacar las fuerzas del orden de los barrios controlados por el malandraje… como esa estrategia no dio resultados luego se usó las OLP que en tiempos del general Rodríguez Torres permitieron que la policía y la Guardia Nacional asesinaran delincuentes dentro de sus viviendas.

¡Ninguna de las dos soluciones  solucionaron nada y ambas “soluciones” violan la Constitución!

Pero volviendo a las preguntas cabe hacer énfasis en lo siguiente:

– ¿Qué clase de sociedad es una donde adolescentes a causa de “culebras” cuyo origen carece de importancia… asisten a una celebración unos armados con pistolas y otro con una granada lacrimógena de las usadas para reprimir manifestaciones?

– ¿Qué  clase de empresarios y fuerzas del orden permiten el ingreso de personas armadas a una sala de fiestas cuando eso está prohibido y hasta el gobierno nacional desde hace años obliga a que estos locales exhiban letreros alusivos a la prohibición?

– ¿Qué clase de prensa deja de opinar, calla o solo atina a mencionar “de  pasada” el hecho, aún tratándose del lanzamiento de una bomba lacrimógena que dejó una veintena de muertos?

– ¿Qué clase de familia es una donde el padre aparentemente guarda bombas lacrimógenas anti manifestaciones… en la casa, donde el artefacto explosivo desaparece y nadie lo nota?

Las preguntas quedan en pie a pesar de que no pueden contestarse honestamente en un ambiente de polarización política, social y económica… donde los aparentes contrincantes y me refiero a quienes hipócritamente culpan “al Fiscal” cuando ellos no han propuesto nada para imponer el orden y la justicia en las calles… pero también a los hipócritas que cierran el tema con un “se está investigando”… gemelos que jamás se harán preguntas como estas porque no les importan las consecuencias de su inacción.

Respuesta hay, desde luego, pero no mientras sea la corrupción y la indolencia el signo de una pugna politiquera que en su agenda no tiene la solución de los problemas que atribulan a la gente… razón para construir una nueva alianza honesta, nacionalista, seria, responsable, pro mercado.

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