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La bebida en Venezuela y su historia (y IV), por Miro Popic

 

El malestar que padece al despertar el que ha bebido en exceso tiene un abundante vocabulario de amplia variedad conforme a la región donde se registra, pero ninguno tan categórico y definitivo como el venezolano ratón. El término médico para definirlo es veisalgia, pero no se utiliza más allá de los profesionales, lo más común es hablar de resaca como se le dice en España, Argentina, Uruguay, Perú, República Dominicana, o cruda en México, o goma en Centroamérica, o guayabo en Colombia. Solo entre nosotros le ponemos nombre de roedor y su uso supera el ámbito etílico, abarca incluso consideraciones éticas que tienen que ver con lo moral.

Los registros de ratón como sinónimo de resaca no son muy antiguos, nacen a comienzos del siglo XX, especialmente en escritos periodísticos de la época. Job Pim, seudónimo de Francisco Pimentel Agostini (1889-1942), uno de los más grandes poetas humorísticos de su época, trató en diversas oportunidades el tema, donde lo describía como “violenta jaqueca, constantes náuseas, aliento ofensivo, angustia nerviosa y sed devoradora”, mientras en Nocturno de fin de año, habla de: “Y amanezca / con el hígado en la boca, sin el ‘diario’ de la casa, / y con un ‘violín’ de pueblo, / y un ratón de ocho cilindros que le brinca en las entrañas”. El ingenio empresarial industrial inventó hasta una bebida contra la resaca con el nombre de Saca Ratón. Fue registrado el 19 de noviembre de 1916 por Carlos Ruiz y Cía, donde explica que se trata de “jarabes de frutas y bebidas y gaseosas envasados en botellas”.

El prolífico Rafael Michelena Fortoul (1987-1933), más conocido por el seudónimo de Chicharrita, periodista y escritor de comienzos del siglo XX, tiene innumerables menciones a todo lo que tiene que ver con el licor y sus consecuencias. Su obra es catalogada como “humorismo gastronómico”, cuando en realidad sus escritos reflejan la honda tristeza por su pueblo que “por más que piense en comida, seguía pasando hambre”, como escribe Juan Alonso Molina en el prólogo a Culinaria Sentimental, aparecida solo en 2006.

Rosenblat afirma que la expresión ratón es exclusividad venezolana, pero que la palabra enratonado la ha encontrado en el norte de España y cita un escrito de Federico García Lorca, El Lenguaje popular en las Montañas de Santander, donde aparece enratonarse, para referirse al que está ronco o afónico como consecuencia de una borrachera. Igual cosa en Venezuela, donde José Antonio de Armas Chitty recuerda haberlo escuchado en el Guárico, y hasta don Julio Calcaño decía que, como enratonarse no figuraba en el Diccionario de la Academia, debía decirse ratonarse. Solo por curiosidad, vale la pena anotar que en alemán a la resaca, nuestro ratón, la llaman kater, es decir, gato.

¿Y como se saca uno el ratón? No hay remedio universal contra la resaca. Los médicos recomiendan agua y más agua, para compensar la deshidratación, así como antiinflamatorios para la cefalea, ibuprofeno o aspirina, pero no paracetamol porque pone a trabajar el hígado, órgano ya bastante aporreado tratando de eliminar el tóxico. Los más recalcitrantes de la bebida insisten en que si un clavo saca a otro clavo, o un palo saca otro palo, la mejor solución es un par de tragos para desenratonarse, justificación suficiente para ingerir una pequeña cantidad de alcohol y contrarrestar el malestar que sigue a la borrachera, sin mayores deferencias a posteriores cuestionamientos de conciencia que se definen como resaca metafísica, eso que en jerga etílica venezolana se conoce como ratón moral, esa extraña sensación donde se mezclan aspectos morales, sicológicos o emocionales para la que no existen remedios mágicos como afrontar el miedo, la angustia, la tristeza que se siente cuando se ha bebido en exceso. Como decía Carlos Eduardo Misle, en el suplemento Feriado, del 31 de diciembre de 1980, de El Nacional: “todo el que diga que nunca ha tenido un ratón moral, no es un ser humano”. ¿Están ustedes de acuerdo?

Nota del autor: Estas y otras reflexiones son parte de mi próximo libro Venezuela on the rocks!

 

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