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Domingo Alberto Rangel: La revolución en Moscú

 

El compatriota Monterola, empresario desde aquel paro petrolero en vías de ser reeditado pero con otros actores y causas diferentes, hombre de esa raza dispuesta a hacer de todo, “siempre que sobren recursos para mí, las comisiones y los salarios”, como Ruperto gustaba decir, esa noche estaba contento.

Dentro de la camioneta blindada todos menos la hija de Monterola, Anayantzi II, cantaban.

Había razones para estar alegres siendo que regresaban de la juramentación de una ministra, pero no “de cualquiera”, como decía haciendo morisquetas la señora Monterola refiriéndose por traspuesto a los y las ministras rojitas pero radicales que habían prestado el juramento “luciendo camisitas ruñidas y collares de bisutería”.

“Para ir a Miraflores hay que hacer un esfuercito” decía la señora… “los buenos revolucionarios se distinguen”… seguía mientras la hija callaba de furia.

-¿Y por qué van ustedes al Mundial y yo no?.

-Allí estará el bolichico que me está cayendo y ahora pensará que soy una mentirosa, no jose.

A este punto cortó Ruperto recordando dónde vivían antes de la revolución y cómo se sentían de bien en La Lagunita Country Club.

“¿Quieres volver al barrio? No ves que es tu gran oportunidad ahora que te graduaste con tesis bachaqueada y sin llenar curriculos eres Asistenta Ejecutiva de la nueva ministra, nuestra prima, nada, te quedas salvando la patria”.

Al día siguiente los Monterola sin Anayantzi II volaron a Rusia con escalas en Madrid, Paris y Viena “para hacer unas compras ahora que nos quitaron la visa yanqui”.

Al llegar a Moscú encontraron muchos conocidos lamentándose entre caviar y vodka de la guerra económica que impidió a la Vinotinto poner en su sitio a tanto envidioso… “haciendo un esfuerzo económico estaremos en el próximo mundial” decía un barrigón de guayabera roja.

La gran sorpresa fue encontrarse en Moscú a la nueva ministra y a su flamante Asistenta Ejecutiva, quién burlándose les dijo “después que saqué mis copias de las llaves del Despacho y aprendí a dejar que hicieran lo que les venga en gana al Director General, primo de un Enchufe y a la Directora de Protocolo, nuera de otro… la jefa, nuestra prima, me dijo “Anayantzi ya hicimos mucho… ahora nos vamos a Moscú” jajajaja.

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