Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Pedro R. García: Frente al Manifiesto de la concertación por el cambio I

Pedro R. García: Frente al Manifiesto de la concertación por el cambio I

 

Desde mi condición cervantesca, y militante de una etapa de la política venezolana inspirada en elementos de la modernidad pero fertilizada de sueños de corte heroico, creí que toparía con un yamado especie de jalon alentador tan necesario en un momento de lacerante angustia y desconcierto en el proemio del mismo (ausente) del documento intitulado,“Una Concertación por el cambio” no hay un solo elemento que encadene a esta convocatoria que uno adivina aspira aguijonear al país para una causa esencial, este ensayo de una invitación  para cambio, nos resulta algunos imprecisa, debe ser por el uso de una redacción recomendada por los exegetas de marketing. Lo cierto es que habitamos en la era de la comunicación, el poder político esta incrustado en el pensamiento, el lenguaje coexiste con un sistema de circuitos neuronales que enlazan significados, integran ideas a las formas físicas de expresarse, escribir, apoyados en símbolos y signos, el poder del lenguaje es su capacidad de articular, comunicar, regular, e incluso modificar la comprensión de la realidad. Su fortaleza no radica en la oralidad sino en sus significados. George Lakoof, neurolinguista altamente preocupado por la manipulación del poder de la palabra afirma que: “Si se escucha el mismo enunciado reiteradamente pensaremos cada vez mas en las metáforas y grafías que se activan con el. No importa que neguemos las voces o cuestionemos el lenguaje que escuchamos, el solo hecho de recibir los mismos diseños estos se activan y fortalecen convirtiéndose en una forma de deducir la realidad”. Aunque coincidimos en el supuesto de buscar salidas sin radicalidad  esperanza de la mayoría, el país la mayoría rechaza la posibilidad de una confrontación radical y aplastamiento del régimen, sino ser capaces de articular propuestas que recojan nuestro imaginario, con la gramatógia adecuada, que muestren a los venezolanos todos, que se pueden resolver los problemas cotidianos, atención medica, seguridad, basura, transporte; comida entre otros, una mirada rápida recoge que se acentúa el rechazo en los sectores populares frente a la incapacidad, la arrogancia y la arbitrariedad, y obscena voracidad en la apropiación de los ya escasos recurso públicos, de la facción que tutela al país, especialmente de algunos de sus emblemáticos delanteros, “pero no necesariamente contra el proceso esperado ya por décadas de los preteridos, de cambios”. Despachar al régimen en liza, con la descalificación, de comunista, que su discurso es de puras palabras, y que estas no importan, esa afirmación roza la simplificación, si interesan. La modificación de los imaginarios colectivos y la subjetividad no es poca cosa. Los supuestos, los tejidos sociales, y los movimientos de organización popular, son absolutamente parte de la realidad, lo ocurrido en Venezuela y en innumerables regiones latinoamericanas responden a escenarios concretos de búsqueda de liderazgos emergentes, que logren darle voz a esa enorme masa de preteridos, y excluidos de las descaminadas políticas, de décadas anteriores, en el que destaco el de Chávez, pero eso no fue suficiente ni fue su intención, de la construcción de una sociedad democrática, directa, participativa, plena, por eso es urgente empinarse mas allá de esa apuesta, (Plataforma para la concertación), y construir espacios mas amplios de debate, de disputa colectiva, que acreciente legítimamente una incuestionable representación. El gobierno no podrá revertir el rechazo, ya no será posible conservar la franja de apoyo de los sectores que se lo ratificaron una y otra vez, “ya que iniciativas de corte clientelar”, que los mas débiles valoraban como buenas, han culminado según su propios voceros en un (léase estrepitoso fracaso), ejemplo: el programa de barrio adentro que alentó tantos sueños, similar el demagógico lema (el petróleo ahora es del pueblo), en el ahora cualquier observador que se pasee con objetividad por la realidad de la empresa matriz PDVSA, confirmara que esta al borde del colapso, que más allá de el financiamiento de importantes programas sociales que remuneraron esperanzas, no fue sino una coartada que sirvió para el enmascaramiento del enriquecimiento obsceno de una burocracia de toda ralea, cristianizándose como nueva élite política y económica que en nada se diferencia tanto de las vigentes como de las corporativas, aunque la reiteración de su discurso sea más enfático en un lenguaje aparentemente más cercano por el pueblo yano. “Los partidos políticos no mueren de muerte natural; se suicidan.” El documento presentado por los grupos que conformaron la alianza electoral que escoltaron al ex-gobernador como candidato presidencial el próximo pasado 20 de mayo, Avanzada Progresista, el MAS, El Partido Ecológico y algunos otros grupos electorales, como Manifiesto, desde la perspectiva de pensamiento que buscan expresar, ambicionan ser potables a los ojos del país que los escruta. Pero su discurso luce funambulesco, fementido, y al adolecer de un programa, quedo como elemental saludo a la bandera. Si apelamos a nuestro marco histórico notaremos lo que indica la experiencia, y repasar mas allá de preciosismos teóricos al joven Betancourt quien al publicar el Manifiesto de ARDI lo acompañó de un Programa Mínimo, que lo pueden repasar en los documentos que están publicados por la Fundación que yeva su nombre. Luego de su discusión con Miguel Otero Silva, quien lo considero pobrísimo, independientemente que defendió su formulación se paseo por el hecho del proceso independentista Bolívar donde había formulado un Proyecto de País, y advirtió que se obligaba a explicarlo. De él asimiló la necesidad de aproximarse con claridad al cuadro político internacional y a escenarios nacionales. “La Corona española había entrado en su fase de decadencia, después del período dominante de la regencia de Carlos V, que se inicia con Felipe II, por causa de una disparatada política, que conduce al país a  catástrofes irreparables como la derrota de la Armada Invencible, y cobra impresionantes características bajo el reinado del inhábil y temeroso Felipe III, que entrega con pasmosa laxitud los asuntos del Reino y los propios a la decisión de insaciables cuadrillas ansiosas de enriquecerse a todo trance, liquidando el poco decoro de la nación, del destino de la patria y del bienestar del pueblo. Bajo el influjo aciago de los Duques de Lerna y de Uceda, del Conde-Duque de Olivares, de Fray Luís de Aliaga, de Rodrigo Calderón y de otros tan codiciosos como éstos, España pierde y para siempre su inmenso poderío político, y se precipita  de súbito por el despeñadero de la ruina total, remolcando en su caída los más robustos pilares de la nacionalidad. Se opera entonces en la Península lo que hoy denominaríamos, con un vocablo de moda, una crisis social que no perdona grupos ni categorías, porque los envuelve a todos una acción disolvente de consecuencias devastadoras. Y así como en caldo adecuado prosperan las bacterias, en la España de la transición, de los siglos XVI y XVII, cobraron influjo las más graves calamidades sociales, que  hicieron presa en la Casa Real y en los agentes del gobierno, en los mercaderes en los soldados, lo mismo en el clero en la Universidad, tanto en los hombres de la burocracia como entre los labradores y los artesanos. Partidas armadas de ladrones recorren los campos despojando a los viajeros y ejerciendo una peculiar justicia distributiva que quisiera satisfacer por igual a las víctimas y a los victimarios; la existencia humana pierde su valor y su significación, y por el nimio pretexto pierden su vida las personas, en cualquiera encrucijada, a manos de bandidos, que frente a frente en caballerescos encuentros les disparaban. La agricultura y las artes manuales se debilitan heridas de muerte, porque nadie se dedica a esos decentes menesteres: la expulsión de los moriscos, y las guerras contra Inglaterra, en los Países Bajos, en Italia, en el Milanesado, destrozaron la economía pública, trasladando el temor de la miseria, la enfermedad y la muerte al seno de todas las familias españolas. El descubrimiento bifocal de América fue para la Península una arteria rota por donde escaparon, con incierto destino de aventuras, los últimos restos de gentes que finalizaron por despoblar en la metrópoli los campos de cultivos. Y las Indias Occidentales se convirtieron, tal como lo dijo en sus (Obras Completas, Editorial Aguilar. Madrid, p.1304, el propio Coronel Miguel de Cervantes Saavedra en “refugió y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos….”) El oro del Nuevo Mundo, con cuyo lucro se consumaron impunemente tantos y tan atroces y crueles delitos, no le sirvió a España sino para finalizar de arruinarse, mientras ingleses, holandeses y alemanes se enriquecían a su costa, aquéllos por obra de la guerra de corso, los otros porque al final se convirtieron, en proveedores e artículos que la Península no producía y los cuales necesitaba imperiosamente. En vano el obispo de Mondoñedo, Fray Antonio de Guevara, en la prosa clásica que le era característica, lanza esa admonición encarecida y apremiante, que nadie quiere labrar los campos, solo vivir de asaltos y granjerías, de indignidades y rapiñas, del parasitismo y la abyección que se procura míseros mendrugos en las mesas de los poderosos. En la corte pululan las favoritas y los validos; la bufonería se torna lucrativa profesión; los campos, cubiertos otrora de mieses y de ganados, a merced de los moriscos que crearon en ellos, como decía Castelar, los tres paraísos de España, en la huerta de Valencia y en la de Granada, son ahora emporios de asesinos y de cuatreros. El celestinaje y la prostitución, el cohecho y el prevaricato, la simonía y el fraude privan y se generalizan: nada escapa a la ola de criminalidad que amenaza ahogarlo todo: los títulos nobiliarios se venden, por orden del Rey, al mejor postor, para colmar con el producto las arcas exangües por obra de el dispendio; los cargos públicos se ponen en almoneda; los premios y las distinciones ya no se otorgan a los más dignos y capaces, sino a los nepotes, a los áulicos y a los más intrigantes. Todo se contamina de corrupción. El ambiente moral es irrespirable e invaden sus mefíticas emanaciones hasta el recinto del de las letras y el arte. Hasta allí yega el influjo del favoritismo y el nocivo ejercicio de las más abyectas pasiones. En vano lanza Quevedo los dardos de su tremenda ironía moralizadora contra ese estado de cosas. La envidia se enseñorea hasta en el pecho de los más cumplidos ejemplares de la humana especie, del portentoso López de la Vega, por ejemplo, quién no desdeña de zaherir a su émulo con los peores dicterios versificados y aún se permite irrespetar la solitaria y desvalida altivez personal de Cervantes, su rival, con un misericordioso tercer premio consistente en una pobres medias de seda en cierto concurso aquél, en ocasión de una fiesta en honor de Santa Teresa. Mas tarde, acuciado por este amargo recuerdo, Cervantes generalizaría el incidente, cuando por boca de su héroe manchego le dice al
poeta don Lorenzo de Miranda, vástago del perfecto don Diego: “Procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se yeva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se le lleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero a esta cuenta será el tercero, al modo de las licencias que se dan en las Universidades…” Como podrá observar este es el cuadro de ese gran Imperio donde nunca se ponía el sol; dónde los Reyes español y francés conspiran contra su primo inglés para impulsar la independencia de las 13 provincias inglesas en el norte de América. Y eso lo había captado Bolívar con suma claridad, como una situación no exclusiva de España, sino ya antes en la decadente Babilonia perfectamente descrita en las sagradas escrituras, en Grecia y Roma. Por cierto, precisamente en este momento es que en España acaban de descubrir el camino de los moros hacia y desde España, que cubrían el tránsito de soldados y mercaderes. (volveremos en una segunda entrega).

Huérfanos todos, desconcertados todos frente a la agonía de la República. 

[email protected]

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »