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Rafael del Naranco: Es lo que somos

 

El gran “Libro de la vida”,  largo, complicado – aunque no tano – tiene unas 35.000 páginas (genes) y en ellas está el contenido de los que somos como seres humanos. Cada una de las facetas, dudas, angustias, ilusiones, pesares, alegrías y anhelos.  No faltando las querencias. En fin, eso que llamamos nuestra  forma  humana.

La existencia es una ecuación numérica, un difícil rompecabezas colocando,  cada pieza,  con sumo cuidado en el lugar adecuado.

Ya sabemos  en parte de qué estamos formados, aunque nos falta saber con exactitud la causa de habernos convertido en seres que piensan y son capaces de escudriñas las inmensidades del Cosmos. Igualmente la razón de hablarle a los dioses sin intermediarios.

Cuando se describió hubo sorpresas y grandes,  ya que mostraba sólo un tercio de los genes esperados, alrededor de 31.000, poco más que una planta y el doble de un gusano. También algo claro: negros, blancos, cobrizos o criollos, todos somos idénticos. No existe ni la más mínima diferencia.

No es una panacea por los momentos, pero lo será a corto plazo, ya que nos abre las puertas al estudio de los mecanismos de la vida. De ahí que la primera aplicación del mapa secuenciado del genoma sea el conocimiento de las enfermedades relacionadas con la genética y, consecuentemente, el hallazgo de las formas de combatirlas.

La influencia de los genes en el comportamiento humano, su relación directa con  más de 5.000 enfermedades monogenéticas, abre ahora el futuro para el tratamiento del cáncer y otros graves males que aquejan desde hace siglos a la humanidad.

El desarrollo, por ejemplo, de  los puntos genéticos  que  identificar a una persona, permitirá a los especialistas determinar por qué un paciente responde de forma negativa a una terapia, qué clase de fármacos  serán totalmente eficaces y, en definitiva, abrirá  el campo a una nueva generación de medicina preventiva la cual cortará de cuajo las grandes y terribles enfermedades que aún asolan nuestra existencia.

Son buenos tiempos sin duda y las esperanzas individuales aumentan. Vamos poco a poco, pero a paso seguro, hacia la construcción de un mortal nuevo en todos sus aspectos. La tecnología actual aplicada a la ciencia ha dado resultados asombrosos y ahora, como pocas veces antes, la humanidad  se halla repleta de esperanzas. Llegará un momento en que sufriremos menos, pero… ¿amaremos más? Complicado dilema todavía sin respuesta.

Todo esto dicho  nos indica  que seguimos estando ante la gran revolución de la existencia, el camino directo para vivir más y mejor, aunque ello no nos salvará de nuestras permanentes intenciones de destruirnos los unos a los otros.

El gen de la responsabilidad ética y moral aún no se ha descubierto.

¿Llegará? Que el cielo protector  escuche nuestros deseos.

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