Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Noticias > Las personas de la tercera edad son víctimas de la crisis del transporte

Las personas de la tercera edad son víctimas de la crisis del transporte

 

Con bastón en mano y mucha voluntad en el pecho, las personas de la tercera edad a pie se sobreponen a la falta de transporte. (Foto/Tulia Buriticá)

Algunos ya se resignaron a quedar encerrados en sus hogares, otros se sacan fuerzas de donde poco hay de su cuerpo ya curtido por los años, y otros sencillamente así sea poniendo en riesgos su salud la necesidad los obliga a tomar el camino a pie.

Lo cierto es que las personas de la tercera edad han sido de las más afectadas por la crisis de trasporte. A muchos los ayuda la buena disposición física y las ganas de imponerse a las dificultades, incluso con un vigor que envidiarían muchos jóvenes, y de acuerdo con la urgencia miden la velocidad de sus pasos.

Pero los que sufren de lesiones, enfermedades, o cualquier tipo de discapacidad, no están tan bien dotados para aguantar el trote, menos si tienes que cubrir largos trechos y en subida o bajadas pendientes… y de todas maneras con un bastón, una andadera avanzan a como dé lugar, no importa si su paso es lento y nadie los acompaña.

Los hay quienes se resignan sentados a esperar la buseta, sin siquiera pasar por su cabeza la opción del taxi, que de esquina a esquina les cobran el equivalente a cuatro días de pensión –hasta el día de hoy.

Sentados el peso de los elementos –sol, lluvia, viento y smog- no los hace mover de sus puestos, hasta que el anhelado transporte aparece, confiando en que no venga tan full la unidad, les tengan paciencia en su pausado ingreso, o nos los discriminen por no cancelar el pasaje completo.

Si bien muchos de ellos han llegado a una edad venerable, no por ello se les puede llamar “retirados” –como despectivamente se le decía antes a los que por sus años ya no estaban en un empleo formal- por el contrario siguen tan productivos como en las buenas épocas, y tienen una familia que depende de sus salario: esa es una razón de peso para no darse por vencido cuando solo se cuenta con los piernas para desplazarse, con un aparato que las supla como bastones, sillas de ruedas, etc.

Y hablando de aparatos ortopédicos, no todos tienen los recursos para solventarse unos diseñados y construidos para tal fin, debiendo improvisar a modo de báculo un palo rematado con un tope de caucho.

Esta semana se hizo muy común ver muchas personas de la tercera edad a la deriva por las calles, siendo fechas del pago de pensiones.

A muchos de estos jubilados no les falta la mano redentora de un familiar o un amigo, siempre y cuando éstos tengan sus respectivos vehículos en buen estado y bien equipados, amenazados con paralizarse en un estacionamiento por los altos costos del mantenimiento. Otras afugias le imprimen ardor al caminar de las personas de la tercera edad: el encuentro con sus seres queridos, o con los médicos que le prestan asistencia facultativa, este último no se puede en muchas ocasiones posponer por nada del mundo.

Aunque como se dice popularmente, el andante veterano “guapea” durante el día, es en la noche cuando siente los efectos de su esfuerzo con calambres, dolores en las caderas y los pies, que incluso los puede sorprender en la mitad del sueño.

No solo es daño físico

No solo se puede hablar de daño físico. El daño psicológico y moral conlleva mayor gravedad.

Tenemos por un lado el stress de no saber si se va a llegar al lugar de destino, por el otro la impotencia de no tener otro modo de resolver su problema de transporte cuando no cuenta con familiares o amigos que en ese momento le puedan dar la “colita”, y en tercer, la humillación de algunas unidades que sencillamente pasan frente a ellos como si no existieran, y la de –ya adentro del vehículo de los malos tratos de ciertos transportistas si se niegan a cancelar completo, o incluso pagando completo en tanto temen asumir la responsabilidad de que algo les pase en medio de un hervidero de gente.

En cuarto, más no último lugar, se puede considerar otro factor desmoralizante y traumático: la desaparición de la cortesía y las buenas costumbres, algo que algunos justifican por el clima de frustración general que se vive en el país. Evitando insultos o incluso agresiones de otro tipo, más de un anciano prefiere pasar inadvertido, y no causar molestias a nadie.

–Esto es terrible, afirmó Jairo García, quien no podía ocultar la impaciencia en una parada de la avenida España-, aquí donde usted me ve estoy estresado. Yo estoy dispuesto a agarrar la que pase, si es que para. No sé ni a quién echarle la culpa, ni al gobierno, ni a la alcaldía somos nosotros mismos, al permitir que las cosas llegaran a este punto. Vivimos en tiempos en los cuales lo único que cada quien piensa es “que hago yo para sobrevivir, sin importarme los demás”.

En todos sus años de vida las personas de la tercera edad afirman que no recuerdan ni remotamente haber padecido un problema de transporte similar, y lamenta haber tenido que precisamente en estos momentos en el que pesa el tiempo sobre sus hombros y la vejez ha perdido su aura de respeto entre los más jóvenes.

Carlos Duque madrugó para venirse de Cordero a cobrar su pensión; pero ya se veía muy preocupado porque no veía que ruta lo llevaría de retorno, pues si en la mañana el transporte escasea, a partir del mediodía muy poco rueda por las vías.

–La única esperanza –afirma Duque- es que pase un autobús rojo de Transtáchira, el cual además de prestar el servicio y no cobrarnos, nos atiende bien a nosotros los viejitos.

Freddy Omar Durán

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »