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Rafael A. García: ¿Después del deslave del populismo Chavista, una Mesocracia?

 

Es el poder, la influencia o el gobierno de la clase media. La palabra proviene de las voces griegas mesos, que significa “medio”, y krateia, “poder” o “gobierno”, la concepción del mundo, ideas, preferencias y estilos de los estratos medios se denomina mesocratismo”.

La clase media en su definición clásica es el estamento social situado entre la alta burguesía y los trabajadores de base. (Concepto demolido entre otros por Tony Negri pero lamentablemente vigente en esta cultura secular que sigue primando en el país especialmente en quienes se han autoungidos de guías que nos conducirán a la tierra prometida. Está integrada por las personas de medianos ingresos que se dedican generalmente a labores productivas predominantemente intelectuales. Sin embargo, la fisonomía de este estrato social no es del todo clara porque está integrado por una diversidad muy amplia de personas: funcionarios y empleados públicos y privados de nivel medio, profesores y eclesiásticos, abogados, médicos, ingenieros, arquitectos y demás profesionales (excepción de sus cúpulas de grandes ingresos), literatos y artistas, comerciantes medios, pequeños empresarios. Y porque además su conciencia de clase es muy débil, en la medida en que sus miembros están en permanente en dilema de ascenso hacia las capas superiores. El origen histórico de la “clase media tiene punto de partida en la riqueza europea de la baja Edad Media, o sea los habitantes del burgo o pequeña ciudad. En ella residían los comerciantes, los intelectuales y los hombres de profesiones u oficios independientes, que fueron la burguesía original. Ellos eran hombres libres pero no hidalgos. Este fue el germen del yamado” tercer estado de la organización social europea en los tiempos del absolutismo monárquico. Recordemos que entonces la sociedad se dividía en tres grandes estamentos: la nobleza, el clero y el estado yano o tercer estado. La nobleza y el clero eran los estamentos privilegiados política, económica y socialmente, mientras que el estado yano estaba compuesto por el pueblo desposeído de distinciones sociales y de influencia. Lo componían los comerciantes, artesanos, negociantes, hombres de leyes, profesionales liberales, profesores, intelectuales y artistas, nacientes industriales. Ellos acogieron y difundieron las nuevas concepciones ideológicas de la Ilustración e impulsaron el alzamiento revolucionario francés de 1789 para derrocar la monarquía absoluta y suprimir los privilegios nobiliarios y clericales. En ese tiempo el estado yano fue la clase media situada bajo la nobleza y el clero que eran los órdenes dominantes y sobre los descamisados (los sans culottes), cuya situación era deplorable. A esta gente tan pobre y olvidada de la sociedad francesa se le empezó a yamar el “cuarto estado”. En el medio de esos estamentos estaba situado el estado yano. Era, por tanto, una suerte de clase media ubicada por debajo de la aristocracia y el clero dominantes y por encima de la masa empobrecida. El tercer estado se consolidó progresivamente como una clase social emergente y acumuló capital comercial y financiero. Demandó la transformación política y social en beneficio propio. Su anhelo fue reemplazar a la aristocracia. Le sobraba espíritu emprendedor y visión innovadora para ello. Se sintió humillado por el autoritarismo de la monarquía y odiaba las reglamentaciones del mercantilismo. Era profundamente individualista y quería eliminar las instituciones corporativas que regimentaban el ejercicio de las profesiones, las artes y los oficios en el ancien régime y que afectaban su tan anhelada “libertad de trabajo”. Deseaba suprimir los privilegios de la aristocracia y del clero y las discriminaciones que le vedaban el acceso a los cargos públicos y al ejército, con el triunfo de la revolución el tercer estado se convirtió en la clase dominante. Pasó de clase media a clase hegemónica. Asumió el poder político y económico e inició un proceso de aguda concentración de la riqueza. Y progresivamente, como ocurre con toda clase dirigente, fue encumbrándose y separándose del resto de la sociedad. A sus pies quedaron la clase media (o sea los segmentos de la burguesía que no lograron enriquecerse) y, más abajo, el proletariado y los demás sectores de trabajadores de base. Las diferencias se acentuaron. Y la burguesía enriquecida, dueña de los instrumentos de producción, asumió el liderazgo social durante los últimos doscientos años. La mesocracia fue, en su tiempo, una clase revolucionaria, como lo reconoció el propio Marx en el “Manifiesto Comunista”. Se enfrentó valientemente a los soberanos del absolutismo europeo. Organizó comunidades, gremios y ligas para oponerse a los designios reales. Durante el siglo XVIII ella adoptó las ideas del “enciclopedismo” e impulsó la transformación revolucionaria de Francia. El “constitucionalismo”, en el orden político, y el “laissez faire” en el orden económico, fueron sus grandes triunfos, jugó un papel de primera importancia en el proceso de la “revolución industrial” y durante los últimos dos siglos fue el motor del crecimiento económico de Occidente. En la actualidad la fortaleza o debilidad de la mesocracia es uno de los indicadores del grado de desarrollo de un país. Hay una relación constante entre el status de las clases medias y el desarrollo. Mientras más desarrollado es un país más grandes son sus clases medias. En el Japón, por ejemplo, ellas representan el 89% de su población total, en Suecia y Suiza el 80%, en Alemania el 75% y en los Estados Unidos considerado como el país mesocrático por excelencia el 50%. ¿Y el capitulo Venezuela? Sobre ese tema volveremos luego.

“Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”

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