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César Malavé: ¿Dónde está la patria?

 

Una vez más el gobierno nacional desvirtuó la historia y buscó acomodarla a sus intereses de eternidad. Cínicamente celebraron el civilista acto del 5 de julio de 1811 con un desfile saturado de armas y retorica repetitiva y cansona. Celebrar lo ocurrido hace 207 años invita a renovar esperanzas, porque en esa fecha la primera generación de venezolanos declaró su independencia absoluta de todo poder extranjero, su voluntad inflexible para gobernarse a sí mismos, su determinación para construir su propia patria y para ser responsable de su destino. A 207 años del evento que nos dio la Primera República, y nos fraguó el camino de la libertad, nos preguntamos dónde está la Patria. La patria, que es sobre todo un sentimiento, se ha vuelto algo indefinible, dudoso, en la infectante propaganda, y en la acción de quienes la usurpan y cometen el absurdo de degradar al pueblo en su propio nombre, como si se tratara de una gesta revolucionaria envilecer a las masas hasta convertirlas en sombras, apenas, de lo que un día fueron. La camarilla en el poder vaga tras los pasos de la utopía marchita. Mienten, se burlan con descaro, humillan, y luego pretenden ser agasajados por eso en los banquetes de la perpetuidad. El arte de gobernar dejó de ser un método para ordenar, administrar una hacienda que es pública, y redimir. No hacen más que renegar del honor y de los valores.

El plan es, en esencia, más allá de toda retórica inflamada, cercar a una manada de ex ciudadanos, sin más opción, en esta larga noche, que la de estirar sus manos mendicantes, rendidas, a la espera del favor, del mendrugo. La satisfacción de necesidades básicas, trocada en bestial instrumento para la sumisión. Delitos de lesa humanidad han sido perpetrados a cuenta del hambre que, por acuciante, sobre la marcha no tarda en descubrir desesperados cauces en el disturbio, en el saqueo. No hay miedo capaz de amarrar, ya, tal brusquedad, amarga, desbordante, espontánea. Tenemos, padecemos, un país extraviado. En avanzado proceso de desahucio. No lo encuentra el ciudadano común, tampoco la mente lúcida y mejor pertrechada. Es imposible identificarlo en la voz que en lugar de señalar derroteros, amenaza, resopla. En el diálogo minado, pervertido. En esa obstinación de estorbar la salida más digna y pacífica de todas: Elecciones libres y transparentes. No se detecta a Venezuela en la palabrería insolente del mandatario megalómano, tirano y perturbado. La Patria con la que soñaron nuestros héroes en 1810 y 1811. Que se conquistó en 1821, que logro su democratización y modernización en 1945 y su consolidación en 1958 no es esta donde vemos a diario la muerte de niños condenados por desnutrición severa. Esa Patria no está en la inconcebible negación de la ayuda humanitaria, por tacharla de “intromisión”. Tampoco se identifica con las aulas vacías y hospitales sin medicamentos ni insumos básicos. En la justicia sin pudor. En las tinieblas que mitigan las velas y todas las demás oscuranas. En la profanación de tumbas. En el fusilamiento de quienes protestan por hambre. Tampoco en la cárcel, en el destierro, ni en la anulación de todo quien piense distinto. Este remedo de país, podrido de vivos, sicarios, corruptos, improvisados, incapaces y malhechores; Esto no es Venezuela. Este solar de mansas colas de hambruna no es la tierra que parió a los héroes independentistas de 1811 ni a la generación sembradora de la democracia y la libertad de 1928. Entones, ¿Dónde está la Patria? La trascendencia de la gesta del 5 de julio nos invita a buscarla. A desenterrarla. A relaborarla. A edificarla. Fallar en esta empresa, es transgredir el pacto social que tenemos en la construcción de una Venezuela plural, democrática y con estado derecho y, más que eso, es deshonrar la memoria de nuestros héroes.

@cesarmalave53

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