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Thania Rosales: Proceso de integración y seguridad energética de la UNASUR

Durante el último siglo, los países que hoy conforman la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), han sido objeto de las pretensiones imperialistas, intervencionistas, separatistas, primero por las potencias europeas y más tarde por parte de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) y su reposicionamiento militar en este hemisferio, como lo señala el escritor argentino, Atilio Borón, (2012) en su libro: “América Latina en la geopolítica del imperialismo.

El poder hegemónico estadounidense y su política exterior intervencionista ha sido el eje central de sus relaciones internacionales hacia los países de América Latina y el Caribe. En el sistema internacional, señala Wong (2010) que Estados Unidos (EE.UU.) en su política de agresión y relación asimétrica figuran cinco (5) vínculos mediante los cuales se produce la relación, los cuales se mencionan a continuación:

“Estos cinco tipos de vínculos o actores (VPI) serían: a) Filiales de transnacionales capitalistas asentadas en los países, grandes grupos criollos económicos y capitalistas dependientes, ante todo, de las transnacionales estadounidenses o europeas. b) Organizaciones “civiles” en funciones de inteligencia (grupos políticos, redes “sociales”, fundaciones, organizaciones no gubernamentales ONG, y empresas de seguridad institucional y personal registradas en cada país del sur. c) Cadenas de medios privados y públicos de comunicación y empresas de publicidad y de encuestadoras financiadas por todo el empresariado anunciante o por agencias estadounidenses a través de esas organizaciones apuntadas en b; d) grupos paramilitares con funciones terroristas y de represión que den sustentos a las campañas mediáticas nacionales o internacionales y e) El Comando Sur de EE.UU. que es el asignado para operar en toda América Latina, desde el Río Grande hasta la Patagonia ”

Adicionalmente, se debe recordar que (EE.UU.) es el primer consumidor de petróleo del mundo, 24 millones diarios. Teniendo una creciente dependencia del petróleo Según la Oficina de Administración e Información Estadística de Energía (2012). Con un consumo de 24.554.570 barriles diarios, lo cual representa el 21% del consumo mundial.

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Fuente: Oficina de Administración e Información Estadística de Energía (2012)

Los Estados Unidos de Norteamérica determinan en gran medida su política interna y externa en lo que llaman “su seguridad nacional”.  En ese llamado concepto seguridad nacional el petróleo viene  desempeñando un papel de primer orden. Como quiera que la soberanía, la seguridad energética y desarrollo sustentable  de los países de Unasur, pudieran estar afectados por las pretensiones imperialistas estadounidenses, entonces se considera importante abordar el tema de la integración y la seguridad energética en Suramérica.

La dependencia de una sola fuente, como la del golfo pérsico, hace a estados unidos de Norteamérica muy vulnerable a las crisis de los precios, y a las interrupciones de crudo, para evitarlo, su gobierno busca aumentar el acceso a este recurso en todas las zonas posibles, incluida América Latina.

Para Rodríguez (2013) “Lo que estamos presenciando hoy en el mundo es un gran conflicto entre la tierra y el capital”. En este caso, la tierra como alojamiento de recursos naturales, y el capital que requiere cada día más acceso a un conjunto de recursos naturales, ejemplo el petróleo, porque en los países que se llaman desarrollados, ha habido un agotamiento de estos. Al mismo tiempo, la ambición desmedida y la aplicación de políticas neoliberales en el sector energético a favor de las transnacionales petroleras, en los países miembros de la UNASUR, ha puesto ésta región en desventaja frente a EE.UU. y las potencias industrializadas. Quienes han sabido aprovechar la situación para desarrollarse sobre la base de la extracción y sobreexplotación de los recursos naturales que en esta región existen.

Para Mujica (2008) En las últimas ´tres décadas del siglo XX, la adopción de políticas neoliberales apologistas del “libre mercado “que se tradujeron en privatizaciones, desregularizaciones, la penetración de grandes empresas transnacionales del sistema capitalista.

En ese período EE.UU. impuso a los países de Suramérica una serie de políticas económicas con el objeto de subordinar sus procesos económicos a favor de la economía estadounidense. Adicionalmente utilizó toda su inmensa maquinaria ideológica para posicionar la idea de que los mercados se gobernaban a sí mismos sin condiciones, ni protección a usuarios y consumidores. Utilizó la crisis de la deuda para condicionar los mercados latinoamericanos a través de sus instituciones Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (BM, FMI) con la finalidad de facilitar las condiciones para abrir sus economías a la expoliación estadounidense.

Según Delgado (2012), esta política estadounidense también permeó los procesos de integración, tanto los vigentes como los nacientes, impregnándolos de una visión mercantilista.

Todo este modelo neoliberal y globalizador en materia energética tuvo graves efectos en las empresas estatales, ejemplo fue Venezuela en la llamada Apertura Petrolera (1994-1998), segundo mandato de Rafael Caldera donde se intensificó un proceso de tercerización, desmantelamiento del marco jurídico y de los controles con la finalidad de privatizar la principal industria petrolera de Venezuela.

De igual forma, continua señalando Mújica (2008), que esas modificaciones estructurales también tuvieron su repercusión en Brasil con la empresa petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la cual había sido creada en 1922 y 70 años más tarde fue privatizada.  Según cifras de Toro Hardy (2007), la petrolera argentina YPF pasó de 51.000 trabajadores a 5.600 como consecuencia de la gran cantidad de despidos, lo cual repercutió en el empleo y la actividad económica de este país.

En el caso de Brasil su empresa petrolera Petrobras creada en 1953 bajo el gobierno de Getulio Vargas también se vio afectada por la Ley de Petróleo de 1997, la cual liberalizó a este sector, abriéndola a la participación de las transnacionales.

Bolivia y Ecuador también se perfilaban en aquella época hacia la privatización, pero luego de la llegada de Evo Morales en el 2005 y Rafael Correa en el 2006, se inició el proceso de recuperación de la soberanía petrolera en esos países.

Mientras las grandes potencias imperialistas como por ejemplo Estados Unidos de Norteamérica prácticamente agotan sus recursos naturales entre ellos sus reservas de petróleo convencional, así los países de Suramérica poseen las reservas de recursos naturales más importantes del mundo entre los cuales se puede mencionar; minerales, agua dulce, biodiversidad, petróleo y gas.

Según cifras de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) (2012), Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo cuantificadas y certificadas del mundo, las cuales están ya por el orden de los millones de297.570.543 millones de barriles de petróleo (mbp), publicado en la gaceta oficial de la república bolivariana de Venezuela el 16 de marzo de 2012, crudo y representan el 92% de las reservas probadas de la América del Sur. Por si fuera poco, en las costas de Brasil, se descubrió un importante yacimiento de petróleo que incrementa las reservas de hidrocarburos en América del Sur.

Esta importante base de recursos naturales se convierte en una oportunidad para favorecer el desarrollo integral y sustentable de los países miembros de UNASUR, pero que, al mismo tiempo, implica una amenaza para la región debido a que del imperio estadounidense y las potencias industrializadas dependen cada día más de los recursos que se encuentran en los países que conforman la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

Por otra parte, potencias como Rusia y China colocan su mirada hacia Suramérica, lo cual convierte A esta región en una zona geoestratégica, que puede aprovechar todo su potencial para erradicar la pobreza e incrementar el desarrollo socio-productivo, proteger el ambiente, garantizar la paz, la integración y la seguridad energética en nuestra región.

Esta situación ha sido reconocida por la mayoría de los países de la UNASUR, por lo que se han podido emprender distintas iniciativas para la integración y la unión suramericana, que no estén guiadas por el imperialismo y que han de evitar que los países “desarrollados”  sigan transfiriendo sus crisis como ocurrió en el siglo pasado.

Para Borón (2012), uno de las principales amenazas del proceso de integración en el área de la UNASUR es la hegemonía imperialista de los Estados Unidos de América del Norte EE.UU.  y su peligrosa doctrina estratégica hacia Suramérica.

La historia de los países de la UNASUR desde su nacimiento como repúblicas independientes de las potencias imperialistas europeas, son la idea de la unidad bolivariana enfrentando la idea ‘monroista’. Esta contradicción histórica de intereses imperio-dominación-económica-militar vs Suramérica, unidad-libertad-desarrollo-económico-seguridad ha seguido una línea histórica hasta los procesos de integración recientes.

Venezuela es uno de los países que actualmente se ha empeñado en impulsar y consolidar distintos mecanismos para la integración y unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños en los últimos 15 años, como por ejemplo: el ALBA. PETROCARIBE, UNASUR y la CELAC con la finalidad de enfrentar los retos de un mundo multipolar, el desarrollo de un polo de poder regional, favorecer el uso racional de los recursos de la región, el desarrollo de una geopolítica internacional multicéntrica y pluripolar, que contribuya con el equilibrio y la paz mundial.

Uno de los problemas comunes por resolver Y para avanzar en la integración y la seguridad energética en la UNASUR tienen que ver con la pugna por los recursos energéticos entre EE.UU. y las potencias europeas, las potencias emergentes, el reposicionamiento de poderes militares imperialistas en la América Latina y el Caribe, la dependencia de las transnacionales,  la pobreza, el intervencionismo estadounidense, el control de los recursos estratégicos de la región por parte de las potencias extranjeras, el separatismo y  las asimetrías energéticas de los pueblos que conforman la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR).

Para Pérez (2013) la mayor parte de las economías de los países de la UNASUR, se construye sobre una relación de dependencia con las grandes empresas multinacionales y transnacionales con sede en los principales países potencias capitalistas.  Lo cual puede explicar la presión e influencia ejercida por los grandes centros de capitalismo mundial para que los procesos de integración favorezcan sus posibilidades de exportación, limiten el ingreso de mercancías que son producidas en el país y consigan tratos preferenciales en materia fiscal para mejorar su nivel de competitividad.

Cuando las burguesías de cada país de la UNASUR no le es posible obtener los beneficios mencionados anteriormente, se resisten a la aprobación de los acuerdos de integración, apelando a falsas consignas de “Soberanía” y “Nación” que nunca defienden en sus negociaciones

Los recursos energéticos. Desde el Consenso de Guayaquil UNASUR, (2012), los países suramericanos “reafirmaron el papel estratégico que la energía cumple en el desarrollo económico y social de América del Sur” y en este sentido, destacaban la importancia de que el desarrollo de la infraestructura regional en materia energética permitiera niveles de seguridad, confiabilidad y calidad de suministro de energía compatibles con los principios del desarrollo sustentable.

Para avanzar en ese propósito, destacaban la conveniencia de resolver sus problemas de coordinación regional; extender y profundizar los procesos de cooperación e integración energética; impulsar actividades de exploración y búsqueda de fuentes alternativas al igual que mecanismos que permitan asistir a los países en emergencia energética; establecer marcos legales y técnicos de carácter regional que sustenten los intercambios energéticos en la región y promuevan las inversiones tanto públicas como privadas en el sector.

De igual forma, se enfatizaba la importancia de la diversificación de las fuentes energéticas destacando el desarrollo conjunto de los recursos, a fin de incrementar la capacidad, eficiencia, confiabilidad y sustentabilidad energética de la región; la conveniencia de estimular la integración eléctrica y gasífera, reconociendo también el papel potencial de otras fuentes, resaltando el papel de la energía en las políticas de superación de la pobreza.

En la Declaración de Cusco, UNASUR, (2004) con la cual nace la Comunidad Suramericana de Naciones, la integración energética es identificada como uno de los procesos cuyo desarrollo y perfeccionamiento permitirá generar un espacio suramericano donde la complementación de potencialidades, aunada a una conciencia ambiental responsable, permitirá alcanzar un desarrollo más equitativo, armónico e integral.

De igual forma, los países suramericanos en la Declaración de Caracas, en el marco de la I Reunión de Ministros de Energía de la Comunidad Suramericana de Naciones de la UNASUR, desarrollada en septiembre de 2005, indicaron que la integración energética es un área de acción prioritaria y señalaron que un objetivo fundamental de esta unidad, sería maximizar los beneficios derivados de los intercambios energéticos, procurando un mejor acceso en términos de disponibilidad y de costos para el beneficio de sus pueblos.

En la Declaración de Cochabamba, (BOLIVIA) UNASUR, (2006) los países suramericanos, decidieron avanzar en la construcción del modelo de integración, para ello plantearon cuatro objetivos regionales, entre los cuales se encuentra la “integración energética para el bienestar de todos. Esta integración implicaría la articulación de políticas nacionales y estrategias para un aprovechamiento integral, sostenible y solidario de los recursos energéticos, que reconozca las asimetrías entre los países y las regiones.

Por los elementos mencionados anteriormente se considera que existen argumentos de peso suficiente para plantear y justificar el estudio sobre el proceso de integración y seguridad energética de la UNASUR.

La iniciativa de consolidar la unión de América Latina y el Caribe como un gran polo de equilibrio en lo económico, político y social para neutralizar y hacer frente a las amenazas de las potencias colonialistas e imperialistas es una idea que avanza desde el mismo momento en que se inician las luchas por la independencia y la libertad de los pueblos de Suramérica.

Según lo señalado por Borón (2012), hace 190 años, al ideario de unidad bolivariana, se antepuso la doctrina Monroe y los movimientos separatistas liderizados por Páez y Santander, y ahora más recientemente es la Doctrina de Guerra Preventiva del imperio estadounidense y los movimientos Neofascistas que intentan detener la marcha de las distintas iniciativas para la unidad americana.

Una de las características más importantes en la dinámica del sistema capitalista contemporáneo es la depredación voraz y acumulación de los recursos naturales y energéticos del mundo.

Suramérica forma parte de esa zona de disputa de los recursos naturales y energéticos, entre otras razones por el gran potencial de recursos y por otra parte, debido al papel histórico que le ha impuesto el sistema capitalista, de ser países productores de materias para el consumo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Entre las razones por las cuales el autor señala a la integración y la seguridad energética como uno de los temas prioritarios en la agenda de la UNASUR, se debe a los siguientes elementos que se presentan a continuación:

(1) Las relaciones Suramérica como una región productora de materias primas, donde las grandes potencias imperialistas como EEUU EE.UU. y Europa se disputan los principales recursos naturales y energéticos.

(2) La decadencia del sistema capitalista y su lógica depredadora y destructiva no sustentable en el largo plazo.

(3) El auge de los países del grupo BRICS: Brasil, India, China y Sudáfrica, potencias que demandarán petróleo.

(4) Los procesos de transformación política que se están viviendo en Suramérica y El Caribe, lo cual brinda una oportunidad de romper definitivamente con las viejas ataduras y la dependencia de los EE.UU., sin tener que repetir esa experiencia con la república popular china.

(5) La necesidad de reforzar los procesos de soberanía y seguridad energética en los distintos países de UNASUR como mecanismo que ayude para fortalecer los procesos de integración.

(6) La necesidad de avanzar hacia la conformación de una zona de paz en la UNASUR.

(7) Favorecer el sistema internacional multipolar, multicéntrico y equilibrado.

Venezuela por tratarse de uno de los países que impulsa los procesos de integración en América, es considerada por el imperio norteamericano como uno de sus objetivos inmediatos, ya que iniciativas como la UNASUR, desde ya se convierten en referencias mundiales para la constitución de bloques regionales de integración, que permiten a sus naciones, la consolidación de la independencia, el desarrollo integral y la mayor suma de felicidad para su población, al mismo tiempo que se construye un mundo más humano.

El pasado 16 de diciembre de 2013, el Dr. Alí Rodríguez Araque Secretario General de la UNASUR,  en una entrevista realizada por la periodista Vanesa Davies para el canal Venezolana de Televisión, (VTV) señaló que esa importante base de recursos de Suramérica, —entre ellos el petróleo— obliga al ejercicio de la plena soberanía sobre el manejo de estos recursos, para favorecer el desarrollo integral de los pueblos suramericanos, así como a garantizar su uso racional.

¿Cuál es la principal amenaza para la UNASUR conociendo la base de recursos que posee?

La disputa global por los recursos naturales hoy representa un conflicto latente.  Durante el pasado siglo XX y en esta primera década del siglo XXI, los recursos energéticos, —por ejemplo— han sido uno de los elementos claves de las confrontaciones mundiales, por los países consumidores, industrializados, capitalistas, depredadores de los principales recursos del planeta como los ríos, mares, bosques, minerales y muy especialmente los hidrocarburos.

Adicionalmente es el primer territorio para el cual se crea un comando estratégico militar, el Comando Sur. Por si fuera poco, en Nuestra América se producen siete (7) de los diez (10) minerales utilizados por la industria militar norteamericana, donde yacen importantes yacimientos de hierro, cobre y estaño, lo cual podría convertir toda este territorio en una zona de destrucción por parte de la potencia norteamericana.

En este sentido, es fundamental fortalecer la Unión Suramericana, a través de iniciativas como la UNASUR,  ya que ningún país, ni siquiera el gigante de Brasil podría resistir individualmente la ofensiva norteamericana, cuando esta se lance sin ningún tipo de restricción.

 El imperialismo norteamericano está consciente de que el avance de la unidad e integración  de los pueblos, amenaza su papel de potencia hegemónica en este continente y el resto del mundo.  .

Según declaraciones del Ministro de Energía y Petróleo Rafael Ramírez, (2012 en el III Consejo Energético de Suramérica de la UNASUR dijo:

 “Existe una realidad fáctica dada por el desequilibrio en la distribución geográfica de los recursos naturales de petróleo y gas; así como un desbalance en el desarrollo de la infraestructura energética que provocan una apreciable falta de conectividad e intercambio energético entre los países que puedan proveer seguridad energética a toda la región”.

  Ante esta realidad es necesario que los países de la UNASUR se doten y profundicen mecanismos para defender los intereses nacionales y regionales, así como de instancias para la resolución de conflictos.

La recuperación y control soberano de este potencial de recursos de los países miembros de LA UNASUR, es fundamental para la consolidación de la independencia de nuestros pueblos y consolidar la América Latina y el Caribe como un polo fundamental para el desarrollo del mundo multipolar.

Por eso en el presente trabajo se estudiará el proceso de integración y seguridad energética de la UNASUR.

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